biografias

Victoria del Reino Unido

Reina del Reino Unido (1837-1901)

7 min01/01/2024
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Alejandrina Victoria nació el 24 de mayo de 1819 en el Palacio de Kensington, en Londres. Era hija del príncipe Eduardo, duque de Kent y de Strathearn, cuarto hijo del rey Jorge III del Reino Unido, y de la princesa Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, de origen alemán. Su llegada al mundo fue el resultado directo de una crisis dinástica de primer orden: en 1817, la princesa Carlota Augusta de Gales, única hija del futuro Jorge IV y única nieta legítima de Jorge III, había muerto durante el parto junto a su bebé, dejando a la monarquía británica sin herederos directos de la generación siguiente.

La situación desencadenó una auténtica carrera entre los príncipes solteros de Jorge III para contraer matrimonio y engendrar un sucesor. El padre de Victoria se casó con la princesa alemana y nació la niña que con el tiempo heredaría el trono. Pero la suerte siguió siendo adversa: el duque de Kent murió en 1820, cuando la pequeña Victoria tenía apenas ocho meses, y poco después también falleció su abuelo Jorge III. Victoria quedó así bajo la tutela exclusiva de su madre y del controvertido secretario de esta, sir John Conroy, quien diseñó el llamado Sistema Kensington: un régimen de aislamiento y dependencia que pretendía mantener a la princesa alejada de la influencia de sus tíos reales y hacer de la madre la regente indispensable.

Victoria creció en ese ambiente protegido y algo claustrofóbico, aunque recibió una educación sólida. A los dieciocho años se enteró, a través de la muerte sin descendencia legítima de sus tres tíos paternos, Federico duque de York, Jorge IV y Guillermo IV, que era la heredera al trono. El 20 de junio de 1837, pocas horas después de la muerte de Guillermo IV, la joven fue despertada en mitad de la noche para informarle que era reina del Reino Unido. Su primer acto oficial fue manifestar la voluntad de gobernar de manera independiente, sin la tutela de su madre ni de Conroy.

Los primeros años de su reinado estuvieron marcados por la estrecha relación con el primer ministro lord Melbourne, a quien Victoria consideró un mentor. Sin embargo, la joven reina también demostró desde el principio una voluntad propia que no tardó en generar fricciones políticas. El Reino Unido era ya en aquella época una monarquía constitucional consolidada, en la que los poderes directos del soberano eran limitados, aunque Victoria intentó en privado influir en los gobiernos y en el nombramiento de ministros con mayor o menor fortuna según los periodos.

En 1840, Victoria contrajo matrimonio con su primo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo y Gotha. La unión, que comenzó como una conveniencia dinástica, se transformó en un matrimonio profundamente afectuoso e intelectualmente productivo. Alberto fue mucho más que el consorte decorativo que algunos esperaban: se convirtió en el principal asesor político de la reina, impulsó la ciencia, el arte y la industria en el Reino Unido, y fue el artífice de la Gran Exposición de 1851, que celebró en el Crystal Park de Londres el poderío industrial británico ante el asombro del mundo entero. La pareja tuvo nueve hijos, cuyos matrimonios con miembros de las familias reales y nobles de toda Europa le valieron a Victoria el apodo de Abuela de Europa.

La muerte del príncipe Alberto en diciembre de 1861, a consecuencia de la fiebre tifoidea con apenas cuarenta y dos años, supuso para Victoria un golpe del que nunca se recuperó del todo. Inició un luto prolongado y riguroso que la llevó a retirarse de la vida pública durante años, vistiendo de negro durante el resto de su vida y exigiendo que el lecho mortuorio de su esposo permaneciera intacto. Esta reclusión generó un creciente descontento entre sus súbditos y alimentó por un tiempo el movimiento republicano en el Reino Unido, que llegó a cuestionar la utilidad de una institución monárquica que no se dejaba ver.

Sin embargo, en la segunda mitad de su reinado, la popularidad de Victoria resurgió con fuerza. Su estrecha relación con el primer ministro Benjamin Disraeli, quien en 1876 la proclamó emperatriz de la India, primer título que ostentaba una soberana británica en aquel país, la convirtió en símbolo de grandeza imperial. Sus jubileos de oro en 1887 y de diamante en 1897, que celebraron respectivamente los cincuenta y los sesenta años de su reinado, se convirtieron en grandes festividades nacionales que mostraron al mundo la extensión y el esplendor del Imperio británico.

El reinado de Victoria, que se prolongó durante sesenta y tres años y doscientos dieciséis días, es el segundo más largo de la historia del Reino Unido, superado únicamente por el de su tataranieta Isabel II. La llamada época victoriana es recordada como un periodo de transformación industrial, científica, cultural y militar de primer orden, durante el cual el Imperio británico alcanzó su máxima extensión, llegando a abarcar aproximadamente una cuarta parte de la superficie terrestre. La industrialización, la expansión del ferrocarril, los avances científicos y los debates políticos sobre democracia y sufragio definen culturalmente ese periodo.

Victoria murió el 22 de enero de 1901 en Osborne House, en la isla de Wight, a los ochenta y un años. Con ella se extinguió la Casa de Hannover. Su hijo y sucesor, Eduardo VII, inauguró la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha, que en 1917 fue rebautizada como Casa de Windsor por su propio hijo Jorge V en plena Primera Guerra Mundial, para eliminar las resonancias alemanas del nombre original. Victoria fue enterrada junto a Alberto en el Mausoleo Real de Frogmore, como había deseado. Dejaba tras de sí una monarquía constitucional consolidada, un imperio en su apogeo y una imagen de fortaleza moral y familiar que definiría el ideal de la realeza durante generaciones.

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