biografias

Marie Curie

Física y química polaca nacionalizada francesa

7 min01/01/2024
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Maria Salomea Skłodowska nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, entonces bajo el dominio del Imperio ruso, como la quinta hija de Władysław Skłodowski, profesor de física y matemáticas, y de Bronisława Boguska, maestra y músico. Desde sus primeros años, Maria creció en un ambiente marcado por la represión zarista, la privación económica y el fervor patriótico polaco, condiciones que moldearían profundamente su carácter y su determinación.

La familia Skłodowski había perdido sus bienes en los fallidos levantamientos nacionalistas contra el dominio ruso, lo que obligó a sus hijos a abrirse camino con grandes esfuerzos. El padre, docente de secundaria, llegó a dirigir dos gimnasios para varones en Varsovia, y cuando las autoridades rusas suprimieron la enseñanza práctica de laboratorio en las escuelas polacas, trasladó los instrumentos científicos a su propio hogar para que sus hijos pudieran aprender. Aquellos aparatos caseros encendieron en Maria una pasión que no se apagaría jamás.

La joven asistió junto con su hermana Helena a clases clandestinas impartidas en un pensionado, parte de lo que se conoció como la "universidad flotante" de Varsovia, donde intelectuales polacos enseñaban su lengua y su cultura desafiando las prohibiciones imperiales. Este ambiente de resistencia intelectual bajo la ocupación rusa imbuyó a Maria de una disciplina tenaz y de un sentido profundo de la responsabilidad hacia el conocimiento.

Para costear sus estudios en el extranjero, Maria hizo un pacto con su hermana mayor Bronisława: trabajaría como institutriz para financiar la formación médica de Bronisława en París, y luego esta la apoyaría a ella. Durante años mantuvo ese acuerdo con estoica constancia, y en 1891, a los veinticuatro años, viajó a la capital francesa para inscribirse en la Sorbona. Vivía en una habitación gélida, se alimentaba de manera frugal y estudiaba con una concentración casi sobrehumana, llegando a desmayarse de hambre en alguna ocasión.

En París obtuvo licenciaturas en física y en matemáticas, siendo en ambas casos una de las pocas mujeres en conseguirlo. Fue durante sus trabajos de investigación como conoció al físico francés Pierre Curie, con quien contrajo matrimonio en 1895. La unión entre ambos fue tanto un vínculo afectivo como una colaboración científica de primer orden: compartían laboratorio, publicaciones y una visión apasionada del mundo natural.

La gran revolución de su carrera comenzó cuando decidió investigar los misteriosos rayos emitidos por el uranio, descubiertos por Henri Becquerel en 1896. Maria midió con precisión extraordinaria la intensidad de esos rayos utilizando técnicas electrométricas, y llegó a una conclusión audaz: la emisión de rayos era una propiedad intrínseca del átomo mismo, no producto de una interacción entre moléculas. Acuñó el término "radiactividad" para describir ese fenómeno, abriendo así una nueva rama de la física.

Junto a Pierre, analizó minerales de uranio y descubrió que algunos emitían más radiación de la que el uranio solo podía explicar. Eso significaba la presencia de elementos desconocidos. Tras un trabajo extenuante de procesamiento de toneladas de pechblenda, los Curie identificaron primero el polonio en 1898, al que Maria bautizó en honor a su Polonia natal, y luego el radio, ese elemento de resplandor espectral que fascinó al mundo entero.

En 1903, Marie Curie —ya naturalizada francesa— compartió el Premio Nobel de Física con Pierre Curie y Henri Becquerel por sus investigaciones sobre la radiación. Fue la primera mujer en recibir ese galardón. Sin embargo, el reconocimiento pleno tardó en llegar: la Academia de Ciencias francesa le negó la membresía por el hecho de ser mujer. La tragedia golpeó en 1906 cuando Pierre murió atropellado por un carruaje en París. Marie asumió su cátedra en la Universidad de París, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar una plaza de profesora en esa institución centenaria.

Lejos de paralizarse por el dolor, intensificó su trabajo. En 1911 recibió el Premio Nobel de Química por el aislamiento del radio y el estudio de sus propiedades, convirtiéndose en la primera y única persona en la historia en obtener ese honor en dos disciplinas científicas distintas. El logro fue extraordinario, pero también llegó envuelto en controversia: ese mismo año, la prensa francesa la atacó por su relación sentimental con el físico Paul Langevin.

Durante la Primera Guerra Mundial, Marie Curie diseñó las primeras unidades radiológicas móviles, conocidas popularmente como "petites Curies", que llevaban equipos de rayos X al frente de batalla para auxiliar a los cirujanos en el diagnóstico de fracturas y la localización de proyectiles. Formó a radiólogos militares y personalmente operó esos equipos en las zonas de conflicto, salvando miles de vidas con una aplicación práctica de la ciencia que ella misma había forjado.

Fundó el Instituto Curie en París y posteriormente en Varsovia, centros que se convirtieron en referencias mundiales de la investigación médica. Nunca abandonó su identidad polaca: enseñó el idioma a sus dos hijas, Irène y Ève, y las llevó en repetidas visitas a Polonia. Su hija Irène también recibiría el Nobel de Química en 1935, junto a su esposo Frédéric Joliot, perpetuando una dinastía científica sin parangón.

La irradiación constante durante décadas le pasó una factura devastadora a su salud. Marie Curie murió el 4 de julio de 1934 en el sanatorio Sancellemoz de Passy, víctima de una anemia aplásica causada por la exposición prolongada a la radiación, incluyendo los tubos de ensayo con radio que llevaba en los bolsillos y el trabajo con las unidades móviles de rayos X en la guerra. En aquel tiempo, nadie comprendía plenamente los peligros de la radiación, y ella misma había descartado las precauciones. Sus cuadernos de laboratorio son aún hoy tan radiactivos que se conservan en cajas de plomo y solo pueden consultarse con equipos de protección.

En 1995, sus restos fueron trasladados al Panteón de París, convirtiéndola en la primera mujer en recibir ese honor por méritos propios. El legado de Marie Curie trasciende los descubrimientos concretos: su vida entera fue una demostración de que la inteligencia y el rigor no conocen fronteras de género, de origen ni de recursos. El polonio y el radio que lleva su nombre no son solo elementos de la tabla periódica; son monumentos a una mente que transformó para siempre la comprensión humana de la materia y la energía.

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