Ernesto Guevara nació el 14 de junio de 1928 en Rosario, Argentina, en el seno de una familia de clase media con raíces en la aristocracia criolla. Desde niño padeció un asma bronquial severa que lo acompañaría toda la vida, pero que no frenó su energía física ni intelectual. Lector voraz y espíritu inquieto, Guevara creció en un hogar donde la política y el debate ideológico eran moneda corriente, y desde muy joven comenzó a interrogarse sobre las desigualdades que observaba en la sociedad argentina.
El giro decisivo en su vida llegó con los viajes. Entre 1951 y 1952, junto a su amigo Alberto Granado, recorrió América del Sur en motocicleta —una Norton 500 bautizada La Poderosa— atravesando Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela. Lo que presenció lo sacudió de manera irreversible: la pobreza extrema de los campesinos indígenas, la miseria de los trabajadores mineros, la enfermedad sin atención médica posible para los más pobres. Esas experiencias quedaron registradas en sus diarios, publicados décadas después como Diarios de motocicleta, y transformaron al joven estudiante de medicina en un hombre comprometido con el cambio social.
De regreso en Argentina terminó su formación médica y emprendió un segundo viaje, esta vez hasta Guatemala, donde el presidente Jacobo Árbenz llevaba adelante una reforma agraria que distribuía tierras expropiadas a la United Fruit Company entre campesinos pobres. Guevara apoyó entusiastamente ese proceso, pero en 1954 la CIA organizó y respaldó un golpe de Estado que derrocó a Árbenz. La experiencia fue fulminante para su ideología: si el imperialismo norteamericano era capaz de derribar un gobierno democrático para defender los intereses de una corporación, solo la revolución armada podía ofrecer una respuesta efectiva.
Refugiado en Ciudad de México tras la caída de Árbenz, Guevara conoció en 1955 a Raúl Castro y poco después a su hermano Fidel. La energía y la visión política de Fidel lo cautivaron de inmediato. Guevara se incorporó al Movimiento 26 de Julio y en noviembre de 1956 zarpó desde México a bordo del yate Granma con ochenta y dos combatientes, con la intención de desembarcar en Cuba y encender una insurrección contra la dictadura de Fulgencio Batista, respaldada por los Estados Unidos.
El desembarco fue un desastre inicial: el ejército de Batista los localizó casi de inmediato y dispersó el grupo. Solo una veintena de guerrilleros logró retirarse a la Sierra Maestra. Entre ellos estaba Guevara, que en esas primeras horas vivió un dilema que él mismo relataría: tuvo que elegir entre cargar con un bolso de medicamentos o con balas. Eligió las balas. Desde ese momento dejó de ser médico para convertirse en combatiente.
En la Sierra Maestra, Guevara demostró una capacidad táctica y una disciplina que lo llevaron a ascender rápidamente dentro del movimiento guerrillero. Fue nombrado comandante, el rango más alto de la estructura rebelde, y condujo columnas en operaciones que fueron desangrando al ejército de Batista. Su papel fue decisivo en la batalla de Santa Clara, en diciembre de 1958, cuando sus fuerzas capturaron un tren blindado del gobierno y abrieron el camino hacia La Habana. El 1 de enero de 1959, Batista huyó del país y la revolución triunfó.
En los años siguientes, Guevara ocupó posiciones cruciales en el Estado cubano. Dirigió el Banco Nacional de Cuba, el Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria y fue ministro de Industria. También cumplió funciones diplomáticas, viajando por el mundo como representante del socialismo cubano. Fue figura central en los entrenamientos de las milicias que repelieron la invasión de bahía de Cochinos en 1961, financiada y organizada por la CIA, y estuvo involucrado en el traslado a Cuba de los misiles balísticos soviéticos que precipitó la crisis de octubre de 1962, el momento más cercano a una guerra nuclear durante la Guerra Fría.
Sin embargo, Guevara nunca se sintió del todo cómodo con las responsabilidades administrativas. Su visión era internacionalista: creía que la revolución debía extenderse por toda América Latina y el Tercer Mundo para romper las cadenas del imperialismo. En 1965 desapareció de la vida pública cubana, revelándose después que se había marchado a combatir en el Congo, intentando replicar la experiencia guerrillera cubana en África. La aventura fracasó, y Guevara regresó a Cuba en secreto antes de dirigirse a Bolivia.
En 1966 ingresó clandestinamente a Bolivia con un pequeño grupo de combatientes para organizar un foco guerrillero en las selvas del sureste del país. La operación encontró obstáculos desde el comienzo: el Partido Comunista boliviano rehusó colaborar, los campesinos locales no se sumaron al movimiento y el ejército boliviano, entrenado por asesores de la CIA, fue cerrando el cerco. Guevara fue capturado el 8 de octubre de 1967 en la quebrada del Yuro, herido y exhausto. Al día siguiente, el 9 de octubre, fue ejecutado en La Higuera, en el departamento de Santa Cruz, por orden del gobierno boliviano con la colaboración de agentes de la CIA.
Su muerte convirtió al Che en un mártir y un ícono global. La fotografía tomada por Alberto Korda en 1960, que lo muestra con la mirada fija en el horizonte y la boina estrellada, se convirtió en una de las imágenes más reproducidas del siglo XX. La revista Time lo incluyó en su lista de las cien personas más influyentes de ese siglo. Para millones, Guevara encarna la lucha contra la injusticia social; para sus críticos, representa el autoritarismo y la violencia política.
El legado del Che es inseparable de sus contradicciones. Fue médico que eligió las armas, intelectual que escribió un manual de guerra de guerrillas, administrador que soñaba con la revolución mundial. Sus detractores señalan su papel en los fusilamientos de La Cabaña tras el triunfo cubano. Sus admiradores subrayan su renuncia voluntaria al poder y al privilegio en nombre de una causa mayor. Lo que ningún bando niega es que Ernesto Guevara fue uno de los personajes más complejos e influyentes del siglo pasado, y que su figura continúa generando debates apasionados sobre el cambio social, la violencia política y el sentido de la justicia.
