En la madrugada del 15 de abril de 1912, el buque considerado insumergible se hundió en las aguas heladas del Atlántico Norte, llevándose consigo a más de mil quinientas personas y conmocionando al mundo entero con una de las tragedias más célebres de la historia moderna. El RMS Titanic, diseñado por los ingenieros navales Alexander Carlisle y Thomas Andrews y construido en los astilleros de Harland y Wolff en Belfast, Irlanda del Norte, era en el momento de su botadura el barco más grande y lujoso del mundo. Operaba para la compañía naviera White Star Line y formaba parte de la clase Olympic junto a sus buques gemelos, el RMS Olympic y el HMHS Britannic.
El Titanic era la expresión más ambiciosa de la tecnología y el lujo de la época. Sus instalaciones para los pasajeros de primera clase incluían un gimnasio, una piscina cubierta, una biblioteca, restaurantes de alta categoría y opulentos camarotes que rivalizaban con los mejores hoteles del mundo. A bordo se encontraban algunas de las personas más ricas e influyentes del momento. Junto a ellas viajaban cientos de emigrantes irlandeses, británicos y escandinavos que buscaban una vida mejor en América del Norte, alojados en las cubiertas de tercera clase. La potente estación de telegrafía del barco estaba disponible tanto para el uso de pasajeros como de tripulación.
Desde el punto de vista técnico, el barco incorporaba algunas de las medidas de seguridad más avanzadas de la época, entre ellas los mamparos de su casco y las compuertas estancas activadas a distancia. Sin embargo, estas medidas resultaron insuficientes ante la magnitud del accidente. El detalle más trágico de su diseño fue el número de botes salvavidas: solo contaba con capacidad para evacuar a 1.178 personas, poco más de la mitad de las aproximadamente 2.200 que iban a bordo en ese viaje inaugural, y apenas un tercio de su capacidad total de 3.547 personas.
El 10 de abril de 1912, el Titanic zarpó de Southampton con destino a Nueva York. Antes de adentrarse en el océano, recaló en Cherburgo, Francia, y en Queenstown, la actual Cobh, en Irlanda, para embarcar a pasajeros adicionales. El viaje transcurrió sin incidentes durante los primeros días. Sin embargo, el barco continuaba navegando a gran velocidad a pesar de los avisos de presencia de hielos en la zona que habían recibido por telegrafía. A las 23:40 del 14 de abril, cuatro días después de zarpar y a unos 600 kilómetros al sur de la isla de Terranova, el vigía Frederick Fleet divisó una masa oscura directamente en la ruta del barco y dio la alarma.
La colisión con el iceberg fue aparentemente suave, casi imperceptible para muchos pasajeros. Pero el daño que produjo bajo la línea de flotación fue catastrófico. El impacto abrió varias planchas del casco en el lado de estribor a lo largo de cinco de sus dieciséis compartimentos estancos, que comenzaron a inundarse de manera irreversible. El ingeniero Thomas Andrews, que se encontraba a bordo, calculó rápidamente que el barco tenía entre una y dos horas antes de hundirse.
Durante dos horas y media, mientras el Titanic se inclinaba gradualmente con la proa hundida y la popa elevándose en el aire, se desarrolló la evacuación. El proceso fue caótico y estuvo marcado por el estricto protocolo conocido como "las mujeres y los niños primero", que excluyó a un número muy elevado de hombres de los botes salvavidas. Muchos de estos botes fueron botados con una ocupación muy inferior a su capacidad máxima, bien por temor a que se rompieran al bajarlos llenos, bien por la confusión reinante. Las temperaturas del agua rozaban los menos dos grados centígrados, lo que hacía mortal cualquier exposición prolongada.
A las 2:17 del 15 de abril, el barco se partió en dos bajo la tensión de su propio peso y se hundió definitivamente, con cientos de personas todavía a bordo. Los gritos de los que quedaron flotando en el agua helada se escucharon durante minutos desde los botes salvavidas, pero muy pocos de los sobrevivientes se arriesgaron a regresar a recogerlos por temor a que los botes se volcaran con el peso. La mayoría de los que perecieron en el agua murieron de hipotermia en cuestión de minutos. A las 4:00 de la madrugada, el trasatlántico RMS Carpathia llegó al lugar y recogió a 712 supervivientes.
La conmoción que produjo la catástrofe fue global e inmediata. Las investigaciones parlamentarias llevadas a cabo en el Reino Unido y en los Estados Unidos arrojaron conclusiones devastadoras sobre la negligencia cometida antes y durante el accidente: la velocidad excesiva en una zona con presencia conocida de hielos, el número insuficiente de botes salvavidas, la falta de un protocolo claro de evacuación, y los fallos en la comunicación entre barcos en la zona. Personajes como J. Bruce Ismay, presidente de la White Star Line, que había viajado a bordo y escapó en uno de los botes salvavidas, fueron sometidos al repudio público por haber abandonado el barco antes de muchos pasajeros.
Las consecuencias normativas del naufragio fueron trascendentes. En 1914, apenas dos años después de la tragedia, se firmó el Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar, conocido por sus siglas en inglés SOLAS, que estableció normas obligatorias sobre el número mínimo de botes salvavidas, los ejercicios de evacuación, la vigilancia permanente de la radio y la creación del Servicio Internacional de Patrulla de Hielos del Atlántico Norte. Ese convenio, actualizado en varias ocasiones desde entonces, sigue rigiendo la seguridad marítima a nivel internacional.
El pecio del Titanic permaneció en el fondo del Atlántico Norte sin ser localizado durante décadas. El 1 de septiembre de 1985, el oceanógrafo estadounidense Robert Ballard lo encontró a una profundidad de 3.784 metros. Los restos se hallaban muy dañados y estaban sufriendo un progresivo deterioro por la acción de bacterias y corrientes, pero desde entonces numerosas expediciones han recuperado miles de objetos del barco, actualmente exhibidos en museos de todo el mundo.
El Titanic es quizá el naufragio más famoso de la historia humana. Su historia ha sido narrada en incontables libros, películas y documentales, convirtiéndose en un símbolo perdurable de la hybris tecnológica y de la fragilidad de la vida humana ante la naturaleza. El barco que no podía hundirse se hundió en su viaje inaugural, llevándose consigo no solo a más de mil quinientas personas, sino también la certeza de que el progreso industrial podía vencer a las fuerzas del océano.
