biografias

Julio César

Político y militar romano del siglo I a. C.

8 min01/01/2024
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Cayo Julio César nació el 12 o 13 de julio del año 100 antes de Cristo en Roma, en el seno de la gens Julia, una familia patricia que reclamaba descender de Eneas y, por extensión, de la diosa Venus. A pesar de ese linaje ilustre, la familia de César tenía escasa fortuna y poca influencia política en comparación con otras casas patricias de la época. Sin embargo, sus conexiones familiares con Cayo Mario, el general popular que había reformado el ejército romano y dominado la República durante años, le abrirían puertas fundamentales en su carrera.

Desde adolescente, César se movió en un ambiente políticamente cargado. A los dieciséis años, el cónsul Lucio Cornelio Cinna lo designó para el cargo religioso de flamen Dialis, vinculado al culto de Júpiter. Sin embargo, cuando el dictador Sila tomó el control de Roma y comenzó a perseguir a los seguidores de Mario, César quedó en una posición peligrosa: estaba emparentado con Mario por parte de su tío y había contraído matrimonio con Cornelia, hija del propio Cinna. Sila lo presionó para que repudiara a su esposa; César se negó y tuvo que huir de Roma. Finalmente fue perdonado gracias a la intercesión de familiares maternos con influencia en el entorno del dictador. Ese episodio reveló ya una de sus características más duraderas: la determinación para resistir la presión cuando consideraba que la causa valía la pena.

En los años siguientes acumuló experiencia militar en Asia Menor, donde sirvió como legado y participó en el sitio de Mitilene. A la muerte de Sila en 78 a. C. regresó a Roma y ejerció temporalmente la abogacía, ganando reputación como orador. Su carrera política se aceleró en los años siguientes: en 73 a. C. fue elegido pontífice; luego ejerció como cuestor en Hispania Ulterior, donde tuvo su primer contacto directo con las provincias occidentales de la República. A su regreso a Roma cultivó la amistad de los hombres más poderosos del momento, en particular de Pompeyo, el general más prestigioso de Roma, y de Craso, el hombre más rico de la República.

En 59 a. C., apoyado por estos dos aliados, César fue elegido cónsul. Ese año promovió una ley agraria que redistribuía tierras entre los veteranos de guerra, un tema perennemente conflictivo en la política romana. Su colega consular, Marco Calpurnio Bíbulo, intentó obstruir sus iniciativas retirándose a su casa y declarando los augurios desfavorables, pero César ignoró sus intentos y legisló con el respaldo de Pompeyo y Craso. La alianza entre los tres hombres, conocida como el Primer Triunvirato, fue una coalición informal pero enormemente eficaz que dominó la política romana durante varios años.

Al término de su consulado, César fue designado procónsul de las provincias de la Galia Transalpina, Iliria y la Galia Cisalpina. Lo que siguió fue la guerra de las Galias, una serie de campañas que se extendieron durante aproximadamente una década y que transformaron por completo el mapa de Europa occidental. César sometió a prácticamente todos los pueblos celtas de la Galia, extendiendo el dominio romano sobre los territorios que hoy corresponden a Francia, Bélgica, los Países Bajos y parte de Alemania. También fue el primer general romano en cruzar el Rin hacia Germania y el primero en desembarcar en Britania, expediciones que aunque no tuvieron consecuencias territoriales inmediatas, ampliaron enormemente el horizonte geográfico de Roma.

El punto culminante de la guerra fue la batalla de Alesia, en el año 52 a. C., donde César derrotó al caudillo arverno Vercingétorix, que había logrado unir bajo su liderazgo a diversas tribus galas en una resistencia coordinada. La estrategia de construcción de una doble línea de circunvalación alrededor del oppidum de Alesia, para mantener sitiada la ciudad y al mismo tiempo rechazar al ejército de socorro galo, es considerada una de las operaciones militares más brillantes de la Antigüedad.

Sin embargo, las victorias galesas generaron tensiones en Roma. Pompeyo, que había visto crecer la fama y el poder militar de César, se había ido alejando del Triunvirato y se acercó al bando senatorial más conservador. Cuando en el año 50 a. C. el Senado exigió a César que disolviera su ejército y regresara a Roma como ciudadano privado, exponiéndose así a procesamiento judicial por sus enemigos políticos, César tomó la decisión que cambiaría la historia: en enero del año 49 a. C. cruzó el río Rubicón con sus legiones, pronunciando aquella frase que la tradición ha conservado como uno de los momentos decisivos de la historia occidental.

La guerra civil que siguió fue rápida y decisiva. César derrotó a Pompeyo en Farsalia, en Grecia, en el año 48 a. C. Pompeyo huyó a Egipto, donde fue asesinado por orden del rey ptolemaico. César lo persiguió, llegó a Alejandría y allí inició su relación con Cleopatra, que daría lugar a un hijo llamado Cesarión. Tras consolidar su posición en Oriente y derrotar a los últimos focos de resistencia de la facción pompeyante en África del Norte y Hispania, regresó a Roma como dictador perpetuo.

En sus últimos años como dictador intentó reformar el calendario romano, creando el calendario juliano que estuvo en uso durante siglos, y emprendió diversas obras públicas. Pero su acumulación de poder había generado un grupo de conspiradores entre los propios senadores que temían el establecimiento de una monarquía. El 15 de marzo del año 44 a. C., los idus de marzo, fue apuñalado en el teatro de Pompeyo durante una sesión del Senado. Recibió, según las fuentes, veintitrés puñaladas. Tenía 55 años. Su muerte no restauró la República, como esperaban los conspiradores, sino que desencadenó nuevas guerras civiles que terminarían con el surgimiento del Imperio bajo su sobrino nieto Octavio Augusto. En cierto sentido, la caída de César fue el último acto de la República romana y el primer acto del mundo imperial.

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