Cleopatra VII Thea Filopátor nació hacia el año 69 antes de Cristo, en el seno de la dinastía ptolemaica, aquella línea de soberanos de origen grecomacedónico que gobernaba Egipto desde la muerte de Alejandro Magno. Era descendiente directa de Ptolomeo I Sóter, uno de los generales de Alejandro que se había apoderado de Egipto al fragmentarse el imperio tras la muerte del conquistador macedonio. Criada en el lujo y la intriga del palacio real de Alejandría, Cleopatra heredó una corona profundamente amenazada tanto por las disensiones internas de su propia familia como por el creciente poder de Roma.
A diferencia de muchos de sus predecesores ptolemaicos, que apenas habían hecho el esfuerzo de aprender el idioma de sus súbditos, Cleopatra dominó el egipcio y fue la primera soberana de su dinastía en adoptarlo como lengua oficial. También se dice que habló varios idiomas más, incluyendo el etíope, el árabe y el hebreo, lo que le otorgó una ventaja diplomática enorme. No era simplemente una figura decorativa en el trono: era una estadista activa, una comandante naval y autora de tratados médicos, según registros de la Antigüedad.
Su ascenso al poder no fue pacífico. En torno al año 58 antes de Cristo, acompañó a su padre Ptolomeo XII al exilio en Roma cuando este fue expulsado del trono por una revuelta popular. En su ausencia, su hermana mayor Berenice IV tomó el poder, pero murió en 55 a. C. cuando Ptolomeo regresó con apoyo militar romano. Al morir el rey en 51 a. C., Cleopatra accedió al trono como corregente junto a su hermano menor Ptolomeo XIII, un niño cuya tutela quedó en manos de un grupo de consejeros de corte que veían en Cleopatra una amenaza. La ruptura entre los hermanos derivó en una guerra civil que la dejó temporalmente fuera del poder.
El giro de su destino llegó de la mano de la política romana. En el año 48 a. C., el general Pompeyo, derrotado por Julio César en la batalla de Farsalia durante la segunda guerra civil romana, huyó a Egipto buscando refugio. Los consejeros de Ptolomeo XIII lo mandaron asesinar, creyendo que así se ganarían el favor de César. El error fue monumental: César llegó a Alejandría indignado y comenzó a negociar la reconciliación entre los hermanos. Fue entonces cuando Cleopatra, según la tradición, se hizo introducir clandestinamente ante el romano envuelta en un tapiz o alfombra para sortear el bloqueo impuesto por los partidarios de su hermano.
César y Cleopatra iniciaron una relación que fue simultáneamente personal y política. Los partidarios de Ptolomeo XIII, liderados por el eunuco Potino, sitiaron a ambos en el palacio real de Alejandría, pero la llegada de refuerzos en 47 a. C. desbarataron el asedio. Ptolomeo XIII murió poco después en la batalla del Nilo. César declaró a Cleopatra y a su otro hermano menor, Ptolomeo XIV, cogobernantes de Egipto, aunque en la práctica Cleopatra ejercía el poder en solitario. De su relación con el dictador romano nació un hijo, conocido como Cesarión, que fue presentado ante el mundo como heredero legítimo de ambas potencias.
Cleopatra viajó a Roma en los años 46 y 44 a. C. y se alojó en la villa que César poseía en las afueras de la ciudad, causando escándalo en una sociedad romana que miraba con desconfianza a las reinas orientales. Cuando César fue asesinado el 15 de marzo de 44 a. C. en los idus de marzo, Cleopatra intentó que Cesarión fuera reconocido como su heredero, pero el ascenso de Octavio, sobrino nieto del dictador, bloqueó esa posibilidad. De vuelta en Egipto, eliminó a su hermano Ptolomeo XIV y elevó a Cesarión como corregente con el nombre de Ptolomeo XV.
El nuevo capítulo de su vida política lo protagonizó Marco Antonio, uno de los triunviros que gobernaban el mundo romano tras la muerte de César. En el año 41 a. C. se encontraron en Tarso, en la costa de la actual Turquía. Cleopatra acudió a ese encuentro con una puesta en escena cuidadosamente calculada que dejó impresionado al general romano. La relación que nació allí fue profunda y duradera: tuvieron tres hijos juntos, Alejandro Helios, Cleopatra Selene II y Ptolomeo Filadelfo. Antonio no solo se apoyó en los recursos del reino egipcio para financiar sus campañas militares, sino que también cumplió el deseo de Cleopatra de ejecutar a su hermanastra Arsínoe IV, que había intentado arrebatarle el poder.
Las llamadas Donaciones de Alejandría, en las que Antonio otorgó a los hijos de Cleopatra vastos territorios bajo su autoridad, y su posterior matrimonio con la reina egipcia tras divorciarse de Octavia, hermana de Octavio, desencadenaron la cuarta guerra civil romana. Octavio presentó el conflicto ante el Senado y el pueblo romano como una guerra de defensa de la República frente a una reina oriental que pretendía dominar Roma desde su trono en Alejandría. En la batalla de Accio, el 2 de septiembre del año 31 a. C., la flota combinada de Antonio y Cleopatra fue derrotada por las fuerzas de Octavio. Ambos huyeron a Egipto, pero la resistencia ya era imposible.
Marco Antonio se suicidó en agosto del año 30 a. C., engañado por un falso rumor de que Cleopatra ya había muerto. Ella misma murió pocos días después, el 10 o 12 de agosto de ese mismo año, a los 39 años de edad. La tradición dice que se dejó morder por una serpiente, aunque los historiadores modernos debaten los detalles exactos de su muerte. Lo que nadie discute es el significado de ese final: con ella se extinguió la última gobernante de la dinastía ptolemaica y Egipto se convirtió en una provincia del Imperio romano, cerrando definitivamente el período helenístico iniciado con las conquistas de Alejandro. Cleopatra no fue simplemente una reina seductora, como la ha pintado durante siglos la cultura popular; fue una gobernante capaz, multilingüe y estratégicamente brillante que luchó hasta el final por preservar la independencia de su reino.