Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, una pequeña localidad de la Alta Austria, en la frontera con Baviera. Era el cuarto hijo de Alois Hitler, un funcionario de aduanas austríaco, y de Klara Pölzl, su tercera esposa. La infancia y la adolescencia de Hitler estuvieron marcadas por una relación tensa con su padre, hombre autoritario que quería que su hijo siguiera sus pasos en la función pública, mientras el joven Adolf soñaba con ser artista. Cuando Alois murió en 1903, Hitler tuvo vía libre para perseguir sus aspiraciones, aunque la realidad se mostró implacable: fue rechazado dos veces por la Academia de Bellas Artes de Viena, en los años 1907 y 1908.
Esos rechazos resultaron devastadores para él. Entre 1908 y 1913 vivió en Viena en condiciones precarias, alojándose en albergues y ganándose la vida vendiendo postales con acuarelas que él mismo pintaba. En ese período absorbió las corrientes del pensamiento antisemita, pangermanista y populista que circulaban en la capital del Imperio austrohúngaro. La ciudad cosmopolita de Viena, con su mezcla de nacionalidades y su activa comunidad judía, se convirtió paradójicamente en el laboratorio donde se formaron sus odios y sus obsesiones ideológicas. En 1913 se trasladó a Múnich, en parte para eludir el servicio militar en el ejército austrohúngaro.
El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 le ofreció lo que él mismo describió como una liberación. Se alistó voluntariamente en el ejército alemán y sirvió como mensajero en el frente occidental durante cuatro años. Fue herido dos veces y recibió la Cruz de Hierro de Primera Clase, una distinción relativamente inusual para un cabo. El final de la guerra y la firma del Tratado de Versalles en 1919, que impuso a Alemania duras condiciones, incluyendo la pérdida de territorios, el pago de reparaciones de guerra y la reducción drástica de su ejército, fue vivido por Hitler como una traición intolerable. La narrativa de la llamada puñalada por la espalda, según la cual Alemania no había sido vencida militarmente sino traicionada por judíos y socialistas en la retaguardia, caló profundamente en él y en amplios sectores de la sociedad alemana.
En 1919 se afilió al Partido Obrero Alemán, una pequeña organización política de Múnich, y pronto demostró un talento oratorio fuera de lo común que lo convirtió en el elemento central de aquellas reuniones. Asumió el liderazgo definitivo del partido en 1921, cuando ya había sido rebautizado como Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, el NSDAP, conocido popularmente como Partido Nazi. Su programa mezclaba el nacionalismo extremo, el antisemitismo visceral, el anticomunismo y el rechazo al liberalismo democrático con promesas de restaurar la grandeza alemana.
En noviembre de 1923, envalentonado por el éxito del fascismo italiano de Mussolini, intentó tomar el poder mediante un golpe de Estado que comenzó en la cervecería Bürgerbräukeller de Múnich, el llamado Putsch de Múnich. El intento fue aplastado por la policía y el ejército bávaros, y Hitler fue detenido, juzgado y condenado a cinco años de prisión. Cumplió poco más de un año. Durante su estancia en la cárcel de Landsberg dictó la primera parte de Mein Kampf, su autobiografía e ideario político, donde expuso con claridad su visión del mundo: la raza aria como superior, los judíos como el enemigo principal de la humanidad, y la necesidad de Alemania de conquistar un espacio vital, el Lebensraum, hacia el este, a expensas de los pueblos eslavos.
Liberado a fines de 1924, Hitler reorientó su estrategia: en lugar de tomar el poder por la fuerza, lo buscaría a través del sistema electoral. La Gran Depresión que siguió al crack de 1929 le proporcionó el combustible que necesitaba. Con millones de alemanes desempleados, una economía en ruinas y una República de Weimar que no daba respuestas convincentes, el mensaje de Hitler encontró un eco masivo. En las elecciones de julio de 1932 el Partido Nazi se convirtió en la fuerza más votada del Reichstag. El 30 de enero de 1933, el presidente Paul von Hindenburg lo nombró canciller imperial, convencido erróneamente de que los conservadores serían capaces de controlarlo y utilizarlo para sus propios fines.
Una vez en el poder, Hitler desmanteló la democracia con una velocidad brutal. El incendio del Reichstag, en febrero de 1933, fue utilizado como pretexto para suspender las libertades civiles mediante el Decreto del Incendio del Reichstag. La Ley Habilitante de marzo de ese año concentró el poder legislativo y ejecutivo en sus manos. Las organizaciones políticas rivales fueron disueltas, los sindicatos suprimidos y la prensa sometida. A la muerte de Hindenburg en agosto de 1934, Hitler se autoproclamó Führer und Reichskanzler, fusionando la jefatura de Estado y del gobierno en su persona y convirtiéndose en dictador absoluto.
En política exterior, Hitler violó sistemáticamente el Tratado de Versalles rearmando Alemania, remilitarizando la Renania en 1936 y anexionando Austria y los Sudetes checoslovacos en 1938. Las potencias occidentales, agotadas y temerosas de otra guerra, cedieron en cada paso. La invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939 fue el paso que finalmente desencadenó la Segunda Guerra Mundial. En 1941, las fuerzas alemanas y sus aliados ocupaban la mayor parte de Europa y el norte de África. Fue también en ese año cuando comenzó la implementación sistemática del exterminio de los judíos europeos, el Holocausto, un genocidio que costó la vida a aproximadamente seis millones de judíos y a otros cinco millones de personas entre las que se encontraban eslavos, gitanos, discapacitados, homosexuales, testigos de Jehová y opositores políticos.
La batalla de Stalingrado, entre 1942 y 1943, marcó el punto de inflexión de la guerra. Desde entonces, las fuerzas alemanas retrocedieron en todos los frentes. El desembarco aliado en Normandía en junio de 1944 y el avance soviético desde el este cerraron el cerco sobre Alemania. En los últimos meses del conflicto, Hitler vivió encerrado en su búnker bajo la Cancillería del Reich en Berlín, emitiendo órdenes que ya nadie podía ejecutar y negándose a aceptar la realidad. El 30 de abril de 1945, con las tropas soviéticas a pocos cientos de metros, se suicidó junto a Eva Braun, con quien se había casado el día anterior. Tenía 56 años. Alemania se rindió oficialmente el 8 de mayo de 1945. El juicio de Núremberg, celebrado entre 1945 y 1946, juzgó a los principales dirigentes nazis por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, estableciendo un precedente fundamental en el derecho internacional.