Pocos personajes de la historia europea encarnan de manera tan peculiar la contradicción entre el poder heredado y la legitimidad conquistada como José Bonaparte. Hermano mayor del gran Napoleón, abogado de formación, diplomático experimentado y rey de dos reinos distintos, su figura quedó atrapada entre la grandeza imperial de su familia y el rechazo tenaz de los pueblos sobre los que intentó reinar. En España, donde es recordado con el mote burlesco de "Pepe Botella", su reinado fue uno de los episodios más tormentosos y debatidos de la era napoleónica.
José Bonaparte nació en Corte, en la isla de Córcega, el 7 de enero de 1768, siendo bautizado con el nombre de Giuseppe Napoleone Buonaparte. Era el mayor de los hijos de Carlo Buonaparte y María Letizia Ramolino, y por tanto el hermano mayor del futuro emperador de los franceses. Estudió leyes en Pisa, lo que lo equipó con herramientas intelectuales distintas a las del genio militar de su hermano. El 1 de agosto de 1794 contrajo matrimonio en Cuges-les-Pins con Marie Julie Clary, hija de un comerciante de Marsella, con quien tendría tres hijas: Julia Josefina, que no sobrevivió, Zenaida Leticia Julia, nacida en 1801, y Carlota Napoleona, nacida en 1802.
Desde el ascenso de Napoleón, José participó activamente en los grandes proyectos de la familia. En 1796 tomó parte en la campaña italiana. Al año siguiente ejerció como diplomático en las cortes de Parma y Roma durante los primeros tiempos de la Primera República francesa. Fue miembro del Consejo de los Quinientos, el órgano legislativo del Directorio, en 1798. En los años siguientes actuó como emisario de su hermano en negociaciones decisivas, firmando tratados con Estados Unidos, Austria, Gran Bretaña y la Santa Sede, consolidando así una reputación diplomática que pocos en su entorno podían igualar.
La primera corona llegó en 1806, cuando Napoleón lo nombró rey de Nápoles. Desde el 30 de marzo de 1806 hasta el 5 de junio de 1808 gobernó el reino italiano con el nombre regnal de Giuseppe, intentando modernizarlo y reformarlo con resultados parcialmente positivos pero limitados por la permanente dependencia de París.
La designación de José como rey de España fue consecuencia directa de la trampa política que Napoleón tendió a la familia real española en Bayona. En mayo de 1808, el emperador obtuvo la cesión de los derechos de la Corona española de Carlos IV, el día anterior a que Fernando VII se los devolviera a su padre. El 6 de junio, Napoleón publicó el decreto que nombraba a su hermano mayor rey de España. El 7 de julio de 1808, tras jurar la nueva Constitución conocida como Estatuto de Bayona, José I inició su reinado efectivo.
Sin embargo, las llamadas abdicaciones de Bayona nunca fueron reconocidas como legítimas por una parte muy significativa de la sociedad española. El levantamiento popular del Dos de Mayo de 1808 en Madrid marcó el inicio de la que los españoles llamarían la guerra de la Independencia. Las Juntas que se formaron en todo el territorio crearon la Junta Suprema Central, que convocó las Cortes generales y extraordinarias del reino. Estas se reunieron en Cádiz ante el avance del ejército francés y promulgaron la Constitución de 1812, un texto revolucionario que consagraba la soberanía nacional frente al modelo autoritario del Estatuto de Bayona.
España quedó así dividida en dos realidades paralelas: la llamada "España patriota", que defendía los derechos del rey Fernando VII bajo la nueva constitución gaditana, y la "España josefina", que operaba bajo la autoridad de José I en los territorios controlados militarmente por el Ejército imperial. Los fernandinos, defensores de Fernando VII, bautizaron al monarca impuesto con el apodo de "Pepe Botella", una burla basada en la supuesta afición de José al alcohol, denominación que caló hondo en el imaginario popular español y que persiste hasta hoy.
El reinado de José I fue políticamente difícil desde el primer momento. Su poder real dependía enteramente de las victorias militares de las tropas francesas, y cada derrota o retirada del ejército imperial significaba la pérdida del control sobre extensas zonas del territorio. El general Wellington al frente de las fuerzas anglolusas y las partidas de guerrilleros españoles fueron socavando sistemáticamente la capacidad del ejército napoleónico para mantener el orden. El 11 de diciembre de 1813, con la firma del Tratado de Valençay, José I abdicó formalmente y su reinado sobre España llegó a su fin.
Pese a la brevedad y la conflictividad de su mandato, José Bonaparte dejó algunas huellas duraderas. En el ámbito urbano, impulsó mejoras en diversas ciudades españolas que sobrevivieron a la restauración fernandina. Fundó la Gran Logia Nacional de España y ejerció como gran maestro del Gran Oriente de Francia, vinculando su nombre al mundo masónico. Fue distinguido con la Gran Águila de la Legión de Honor. Tras su caída, se instaló en los Estados Unidos, donde vivió durante años en un retiro relativamente tranquilo en New Jersey antes de trasladarse a Europa. Murió en Florencia el 28 de julio de 1844, a los setenta y seis años, como el único rey de España que nunca fue reconocido como tal por la mayoría de sus supuestos súbditos.
