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Frente Sandinista de Liberación Nacional

Organización política de izquierda en Nicaragua

8 min01/01/2024
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El 23 de julio de 1961, en la ciudad de Tegucigalpa, un grupo de jóvenes nicaragüenses fundó una organización político-militar que cambiaría para siempre el destino de su país. Carlos Fonseca Amador, Santos López, Tomás Borge, Silvio Mayorga, Germán Pomares Ordóñez, Rigoberto Cruz, Jorge Navarro y Francisco Buitrago, entre otros, dieron vida al Frente Sandinista de Liberación Nacional, conocido por sus siglas FSLN. El nombre elegido rendía homenaje explícito a Augusto César Sandino, el guerrillero nicaragüense que entre 1927 y 1933 había sostenido una resistencia armada contra la intervención militar de Estados Unidos en Nicaragua, y cuyo asesinato en 1934 a manos de las fuerzas de Anastasio Somoza García representaba para los fundadores del FSLN el crimen fundacional de la dictadura que se proponían derrocar.

La organización nació originalmente con el nombre de Frente de Liberación Nacional, adoptando en parte el modelo del Frente de Liberación Nacional de Argelia, que había emergido de la guerra de independencia contra Francia. El impulso ideológico principal lo proporcionaba la Revolución Cubana de 1959, que había demostrado que era posible derrocar una dictadura latinoamericana apoyada por Washington mediante la lucha guerrillera. Casi todos los fundadores del FSLN, con la excepción de Santos López, se identificaron desde el primer momento con una línea marxista-leninista, la corriente dominante en los movimientos de izquierda del mundo en aquel momento. La inspiración sandinista y la ideología marxista-leninista convivieron de manera creativa en una organización que supo construir una identidad propia profundamente arraigada en la historia nacional nicaragüense.

El contexto en el que actuaba el FSLN era el de una Nicaragua controlada durante décadas por la familia Somoza. Anastasio Somoza García había ascendido al poder apoyado por Estados Unidos, que en 1930 había creado la Guardia Nacional y lo había puesto al frente de ella. Cuando las tropas estadounidenses abandonaron Nicaragua el 1 de enero de 1933, Somoza quedó como hombre fuerte del país. El 21 de febrero de 1934 utilizó la Guardia Nacional para asesinar a Sandino, y en 1936 se eligió presidente, instaurando lo que se conocería como la Dinastía Somoza, una dictadura familiar que pasaría de padre a hijos y que gobernaría Nicaragua durante décadas con el apoyo de Washington.

Los primeros años del FSLN fueron de enorme dificultad. La organización atravesó períodos de casi desaparición a principios de la década de 1970, cuando las pérdidas en combate y la represión del régimen la dejaron al borde del colapso. Pero en 1974 inició un proceso creciente de actividades armadas que fue ganando intensidad hasta alcanzar su punto máximo hacia mediados de 1978. El asesinato del periodista y opositor Pedro Joaquín Chamorro en enero de 1978 desencadenó una ola de indignación popular que aceleró el proceso insurreccional. La ofensiva final comenzó en 1979, con los combates extendiéndose por todo el país y la Guardia Nacional respondiendo con una represión indiscriminada que provocó miles de víctimas civiles.

El 19 de julio de 1979, las columnas sandinistas entraron en Managua. Anastasio Somoza Debayle, el último representante de la dinastía que había gobernado Nicaragua desde el asesinato de Sandino, huyó del país. La Revolución Popular Sandinista había triunfado. En el poder, los sandinistas impulsaron una ambiciosa política de alfabetización masiva que logró reducir de manera notable los índices de analfabetismo del país, priorizaron los servicios públicos de salud y promovieron medidas de igualdad de género que transformaron en parte las estructuras sociales heredadas.

La revolución enfrentó desde el principio una resistencia organizada desde el exterior. A partir de 1981, la administración del presidente Ronald Reagan financió y entrenó a través de la CIA a los llamados Contras, grupos armados de contrarrevolucionarios que operaban principalmente desde Honduras y Costa Rica con el objetivo de desestabilizar al gobierno sandinista. La guerra contra la Contra consumió una parte enorme de los recursos del Estado y causó decenas de miles de víctimas, generando además una severa crisis económica que deterioró progresivamente el apoyo popular al gobierno.

En 1983 el FSLN se transformó formalmente en partido político para participar en las elecciones de 1984, las primeras libres celebradas en Nicaragua en décadas. Verificadas por observadores internacionales, esas elecciones otorgaron al FSLN el sesenta y siete por ciento de los votos y una mayoría absoluta. Sin embargo, la combinación del desgaste de la guerra, la crisis económica y el agotamiento de la población condujo a una derrota electoral el 25 de febrero de 1990. Violeta Chamorro, viuda del periodista asesinado en 1978, ganó los comicios y el FSLN pasó a la oposición, donde permanecería durante dieciséis años.

El regreso del FSLN al poder llegó con la victoria electoral de Daniel Ortega en 2006, un resultado que se repetiría en las elecciones de 2011, 2016 y 2021. La trayectoria del Frente Sandinista representa uno de los episodios más complejos y debatidos de la historia política latinoamericana del siglo XX, un movimiento que pasó de la guerrilla a la revolución, del poder al exilio y de regreso al gobierno, convirtiéndose en una fuerza política que definió la identidad nacional nicaragüense de manera duradera.

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