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Programa Apolo

Programa espacial de Estados Unidos de la década de 1960

7 min01/01/2024
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En el verano de 1960, cuando el mundo todavía asimilaba el impacto de los primeros satélites artificiales y los primeros viajes humanos al espacio protagonizados por los soviéticos, la agencia espacial estadounidense NASA anunció el programa Apolo. La iniciativa se concebía como la culminación de las misiones Mercury y Gemini, con un objetivo que hasta entonces había pertenecido al ámbito de la ciencia ficción: llevar seres humanos a la Luna. El contexto era el de la Guerra Fría, una confrontación global entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la que el espacio exterior se había convertido en uno de los escenarios más visibles de la competencia entre los dos modelos de sociedad.

El programa recibió un impulso decisivo el 25 de mayo de 1961, cuando el presidente John F. Kennedy pronunció ante el Congreso uno de los discursos más audaces de la historia política moderna. Kennedy comprometió a la nación a colocar un hombre en la Luna y traerlo de regreso sano y salvo antes de que terminara la década. El reto era colosal: en ese momento, los estadounidenses apenas habían enviado un astronauta al espacio durante quince minutos. Pero la declaración presidencial transformó el programa Apolo en una prioridad nacional absoluta, con los recursos financieros y humanos que eso implicaba.

El nombre del programa fue sugerido por Abe Silverstein, tomando el del dios griego y romano de la luz y las artes, Apolo. Una de las innovaciones técnicas fundamentales que hizo posible el proyecto fue el sistema bautizado como Lunar Orbit Rendezvous, o LOR, ideado por el ingeniero de la NASA John C. Houbolt. Este sistema de encuentro y acoplamiento en órbita lunar permitió reemplazar el descomunal cohete Nova que se había planeado originalmente, con un ahorro económico y técnico enorme. El módulo lunar que finalmente voló fue la primera nave diseñada específicamente para operar en el vacío del espacio sin ninguna capacidad aerodinámica, un objeto radicalmente distinto de cualquier artefacto volador anterior.

Los primeros años del programa estuvieron marcados por lanzamientos automáticos de prueba que verificaban los sistemas de vuelo, seguidos de misiones tripuladas en órbita terrestre y, finalmente, en órbita lunar sin alunizaje. La tragedia golpeó el programa el 27 de enero de 1967, cuando los tres astronautas del Apolo 1 murieron en un incendio durante un ensayo en tierra en la plataforma de lanzamiento. La catástrofe obligó a repensar los diseños de seguridad y retrasó el programa, pero no lo detuvo. Las misiones Apolo 7 y 9 probaron los sistemas en órbita terrestre, mientras que el Apolo 8 llevó por primera vez seres humanos alrededor de la Luna en diciembre de 1968, una hazaña que emocionó al mundo entero, y el Apolo 10 realizó un ensayo general del alunizaje sin llegar a tocar la superficie.

El momento culminante llegó el 20 de julio de 1969, cuando el módulo lunar del Apolo 11, con Neil Armstrong y Edwin Buzz Aldrin a bordo, descendió sobre la superficie del Mar de la Tranquilidad mientras Michael Collins permanecía en órbita en el módulo de mando. Armstrong fue el primero en pisar la superficie lunar, pronunciando las palabras que quedarían grabadas en la memoria colectiva de la humanidad. La retransmisión en directo de ese paseo lunar llegó a todo el planeta: inicialmente se planeó usar la señal de la estación de Goldstone en California, pero ante la mala recepción se optó por la estación de Honeysuckle Creek, cerca de Canberra en Australia, que retransmitió los primeros minutos. El Observatorio Parkes, también en Australia, tomó el relevo durante el resto del paseo y fue la fuente principal de las imágenes que vieron en tiempo real cientos de millones de personas. Las estaciones españolas también participaron: las de Maspalomas en Gran Canaria, Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela en Madrid desempeñaron un papel primordial en todas las misiones del programa.

En total, seis misiones del programa Apolo lograron posarse con éxito en la superficie lunar: Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17. La gran excepción fue el Apolo 13, en abril de 1970, cuando la explosión de un tanque de oxígeno líquido en el módulo de servicio comprometió gravemente la nave a doscientos mil kilómetros de la Tierra. La tripulación, compuesta por James Lovell, Jack Swigert y Fred Haise, utilizó el módulo lunar como bote salvavidas y logró regresar sanos a la Tierra en una proeza de improvisación técnica que ha sido considerada uno de los mayores rescates de la historia de la exploración espacial.

Una vez concluido el programa lunar, las naves Apolo encontraron un nuevo propósito. Entre 1973 y 1974, tres misiones llevaron tripulaciones a la estación espacial Skylab. En 1975, la última nave Apolo realizó la misión Apolo-Soyuz, un vuelo conjunto con una nave soviética que se convirtió en símbolo del deshielo entre las dos superpotencias. El programa Apolo representó el esfuerzo tecnológico y organizativo más ambicioso de la historia humana hasta ese momento. Movilizó a más de cuatrocientas mil personas entre ingenieros, técnicos y científicos, y su legado tecnológico se extendió a campos tan diversos como la informática, los materiales de ingeniería y la medicina. La Luna, ese cuerpo celeste que había inspirado mitos y sueños desde los albores de la humanidad, había sido pisada por doce seres humanos en apenas tres años.

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