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Isaac Newton

Físico y matemático inglés

8 min01/01/2024
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Isaac Newton nació el 25 de diciembre de 1642 según el calendario juliano entonces vigente en Inglaterra, lo que equivale al 4 de enero de 1643 en el calendario gregoriano. Vino al mundo de manera prematura en la finca familiar de Woolsthorpe-by-Colsterworth, en el condado de Lincolnshire, y fue tan pequeño al nacer que su supervivencia pareció improbable durante los primeros días de vida. Su padre, también llamado Isaac Newton, había muerto tres meses antes de su nacimiento. Cuando su madre Hannah Ayscough contrajo matrimonio con el reverendo Barnabás Smith, un hombre que no deseaba hacerse cargo del niño, el pequeño Isaac quedó bajo la custodia de su abuela materna, con quien vivió hasta la muerte del padrastro en 1653. Ese abandono materno temprano dejó una huella profunda en su carácter introvertido y desconfiado.

En 1661 ingresó en el Trinity College de Cambridge, donde comenzó estudiando bajo el sistema aristotélico dominante en la época pero pronto descubrió por su cuenta las obras de Descartes, Galileo, Copérnico y Kepler, que le abrieron un universo intelectual mucho más estimulante. En 1665, cuando la Gran Peste obligó al cierre de Cambridge, Newton regresó a Woolsthorpe y durante los siguientes dos años, viviendo en relativo aislamiento en la finca familiar, desarrolló algunas de sus ideas más revolucionarias. Ese período de retiro forzado fue extraordinariamente productivo: sentó las bases del cálculo infinitesimal, avanzó en sus experimentos sobre la óptica y comenzó a formular las ideas que culminarían en su ley de la gravitación universal.

Sobre la óptica, Newton llevó a cabo una serie de experimentos fundamentales que transformaron la comprensión de la naturaleza de la luz. Utilizando un prisma de vidrio, demostró que la luz blanca no era homogénea, sino que contenía en sí misma todos los colores del espectro visible, que se separaban al pasar por el prisma. Esta observación refutaba la teoría dominante hasta entonces, atribuida en parte a Roger Bacon, según la cual los colores eran añadidos por el prisma y no inherentes a la luz. Newton también construyó el primer telescopio reflector de uso práctico, que utilizaba un espejo en lugar de lentes para concentrar la luz, resolviendo el problema de la aberración cromática que afectaba a los telescopios refractores de la época.

En matemáticas, Newton desarrolló de manera independiente el cálculo integral y diferencial, que denominó método de las fluxiones. De manera paralela e igualmente independiente, el matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz desarrolló su propio sistema de cálculo, lo que generó una disputa de prioridad entre los seguidores de ambos que enveneció las relaciones científicas entre ingleses y continentales durante décadas. La notación de Leibniz resultó ser más práctica y es la que se utiliza hoy en día, aunque las contribuciones fundamentales de Newton son indiscutibles. También desarrolló el teorema del binomio y las fórmulas de Newton-Cotes para la integración numérica, ampliando significativamente el arsenal matemático disponible para la física.

La obra cumbre de Newton fue la publicación en 1687 de los Philosophiæ naturalis principia mathematica, conocidos simplemente como los Principia. En esa obra monumental expuso sus tres leyes del movimiento, que constituyen la base de la mecánica clásica: la ley de la inercia, la relación entre fuerza, masa y aceleración, y el principio de acción y reacción. Pero el núcleo del libro era la ley de la gravitación universal, según la cual dos cuerpos se atraen con una fuerza proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. Newton fue el primero en demostrar que esa misma ley explicaba tanto la caída de los objetos en la Tierra como el movimiento de los planetas alrededor del Sol, unificando por primera vez la física terrestre y la astronomía en un solo marco teórico coherente. La leyenda que relaciona la caída de una manzana con su inspiración sobre la gravedad, aunque probablemente simplificada, contiene un grano de verdad: la intuición de que la fuerza que atraía los objetos hacia la Tierra podía extenderse hasta la Luna y más allá fue genuinamente revolucionaria.

Newton fue también un incansable investigador de otros campos. Estudió la velocidad del sonido en el aire y desarrolló una ley de convección térmica que describe la velocidad de enfriamiento de los objetos en contacto con el aire. Fue un pionero de la mecánica de fluidos, formulando una ley sobre la viscosidad de los líquidos. Propuso una teoría sobre el origen de las estrellas y especuló sobre la estructura del universo a gran escala. Sus investigaciones en alquimia y teología, que permanecieron en gran parte inéditas durante su vida, ocuparon también una parte sustancial de su tiempo y energía intelectual, revelando un pensamiento que nunca se limitó a las fronteras convencionales de la ciencia.

En el plano institucional, Newton fue elegido miembro de la Royal Society en 1672 y la presidió desde 1703 hasta su muerte. Fue también diputado por Cambridge en el Parlamento y director de la Casa de la Moneda, cargo desde el que combatió con notable eficacia la falsificación de moneda. Fue investido caballero por la reina Ana en 1705, convirtiéndose en sir Isaac Newton. Murió el 31 de marzo de 1727 en Londres, a los 84 años, y fue enterrado en la abadía de Westminster con honores propios de un estadista. El epitafio que Alexander Pope escribió para él captura bien la reverencia que le profesaron sus contemporáneos: la naturaleza y sus leyes estaban ocultas en la oscuridad; Dios dijo que existiera Newton, y todo se iluminó.

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