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Charles Darwin

Naturalista inglés

7 min01/01/2024
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Charles Robert Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, en el condado de Shropshire, Inglaterra, en el seno de una familia acomodada e intelectualmente activa. Su padre, Robert Darwin, era médico, y su abuelo paterno, Erasmus Darwin, había sido ya un naturalista y poeta que había especulado sobre la transformación de las especies. Su madre, Susannah Wedgwood, falleció cuando Charles tenía apenas ocho años. Desde su infancia mostró una pasión desbordante por la colección de insectos, minerales y objetos naturales, pasión que su entorno familiar alentó sin demasiada preocupación, sin imaginar que aquella afición de niño acabaría transformando para siempre la comprensión de la vida sobre la Tierra.

A los dieciséis años Darwin ingresó en la Universidad de Edimburgo para estudiar medicina, siguiendo los pasos de su padre y su abuelo. Sin embargo, la experiencia fue traumática: asistió dos veces a operaciones quirúrgicas en el hospital de Edimburgo y huyó de ambas, dejándole una profunda impresión negativa. En su autobiografía recordaría aquello con horror, señalando que todo ocurrió «mucho antes de los benditos días del cloroformo». Incapaz de soportar el sufrimiento de los pacientes y progresivamente desinteresado de la medicina, fue derivando hacia la historia natural y la geología, ciencias que la Universidad de Cambridge acabaría de consolidar en él.

En Cambridge, donde ingresó en 1827 con la intención de convertirse en clérigo, Darwin encontró su verdadera vocación científica. Trabó amistad con el botánico John Stevens Henslow, quien le enseñó a observar la naturaleza con rigor sistemático, y con el geólogo Adam Sedgwick, con quien realizó su primera excursión geológica por Gales. Fue Henslow quien lo recomendó para ocupar la plaza de naturalista en el HMS Beagle, el barco que la Marina Real Británica enviaría a cartografiar las costas de América del Sur.

El segundo viaje del Beagle, que partió en diciembre de 1831 y duró casi cinco años, resultó el evento formativo de su vida científica. Darwin recorrió las costas de Brasil, Argentina, Chile y Perú, exploró las islas Galápagos, visitó Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, y regresó a Inglaterra en octubre de 1836. Durante el viaje recolectó miles de especímenes de fauna, flora y geología, llenó decenas de cuadernos de notas y comenzó a formular preguntas que lo acompañarían durante décadas. Los fósiles que encontró en la Patagonia mostraban formas de vida extintas relacionadas con animales vivos actuales; los pinzones de las Galápagos diferían sutilmente de una isla a otra de maneras que parecían reflejar adaptaciones a distintos entornos.

De regreso en Inglaterra, la publicación del diario de su viaje lo hizo famoso como escritor popular, y sus observaciones geológicas lo consolidaron como un eminente científico cuyas teorías apoyaban el uniformismo de Charles Lyell, la idea de que la Tierra había sido modelada por procesos graduales a lo largo de vastos periodos de tiempo. Intrigado por la distribución geográfica de las especies y por los fósiles que había recolectado, Darwin comenzó a investigar el problema de la transmutación de las especies y concibió su teoría de la selección natural en 1838.

Darwin era consciente de la magnitud y la controversia que despertaría su teoría y prefirió tomarse el tiempo necesario para construir un argumento empírico sólido e irrefutable. Durante años discutió sus ideas en privado con unos pocos naturalistas de confianza, pero sus trabajos geológicos tenían prioridad y la redacción de la gran obra sobre las especies avanzaba lentamente. En 1858 recibió un ensayo de Alfred Russel Wallace en el que este describía de manera independiente una teoría esencialmente idéntica a la suya. Para evitar perder la prioridad del descubrimiento, Darwin y Wallace acordaron una publicación conjunta de ambas teorías, que se presentó ante la Sociedad Linneana de Londres en julio de 1858.

Al año siguiente, en 1859, Darwin publicó El origen de las especies por medio de la selección natural, obra que establecía que todas las especies de seres vivos han evolucionado a lo largo del tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural: los individuos con variaciones favorables sobreviven y se reproducen con mayor éxito, transmitiendo esas variaciones a su descendencia. La primera edición se agotó el mismo día de su publicación. La evolución fue aceptada como un hecho por la comunidad científica y por una parte significativa del público en vida del propio Darwin, aunque su teoría de la selección natural como mecanismo explicativo principal no fue aceptada de manera general hasta la llamada síntesis evolutiva moderna de los años 1930.

Darwin continuó trabajando durante el resto de su vida en múltiples frentes. Trató específicamente la evolución humana en El origen del hombre y de la selección en relación al sexo, publicado en 1871, y en La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. Realizó extensas investigaciones en botánica y estudió la fecundación cruzada en las plantas, la variación bajo domesticación y el comportamiento de las plantas carnívoras. Su última obra abordó los vermes terrestres y sus efectos en la formación del suelo. Dos semanas antes de morir publicó un breve trabajo sobre un bivalvo diminuto encontrado en las patas de un escarabajo de agua de los Midlands, espécimen enviado por Walter Drawbridge Crick, abuelo paterno de Francis Crick, quien junto a James Dewey Watson descubriría la estructura del ADN en 1953.

Charles Darwin murió el 19 de abril de 1882 en Down House, la finca de Kent donde había vivido durante cuarenta años. Como reconocimiento a la excepcionalidad de su labor, fue uno de los cinco personajes del siglo XIX no pertenecientes a la realeza británica honrados con funerales de Estado, y fue sepultado en la abadía de Westminster, junto a John Herschel e Isaac Newton. Hoy sus descubrimientos constituyen el acta fundacional de la biología como ciencia moderna, y la teoría de la evolución mediante selección natural permanece como la explicación más poderosa y unificadora de la diversidad de la vida sobre la Tierra.

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