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HMS Beagle

Bergantín de la clase Cherokee de 1820

8 min01/01/2024
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Pocos barcos en la historia de la ciencia han alcanzado la fama del HMS Beagle. Su nombre evoca de inmediato el viaje que cambió para siempre la comprensión de la vida en la Tierra, pero la historia de esta embarcación es más rica y compleja de lo que su asociación con Charles Darwin podría sugerir. El Beagle fue un buque de trabajo, un instrumento de la expansión marítima y científica del Imperio Británico, cuya vida comenzó en los astilleros de Woolwich mucho antes de que el joven naturalista pisara su cubierta.

Botado el 11 de mayo de 1820 en el río Támesis, el HMS Beagle era un bergantín de la clase Cherokee, diseñado originalmente como barco de guerra. Medía 27,5 metros de eslora y 7,5 metros de manga, con un calado de 3,8 metros, desplazaba 235 toneladas y estaba dotado de diez cañones y una tripulación de ciento veinte hombres. En julio del mismo año de su botadura, participó en la Revista Naval celebrada con motivo de la coronación del rey Jorge IV, con la distinción adicional de ser el primer buque en navegar bajo el nuevo Puente de Londres. Sin embargo, tras ese momento de brillo ceremonial, el Beagle quedó en la reserva: atracado, a flote, pero sin mástiles ni aparejos, en espera de una misión que justificara su existencia.

La oportunidad llegó en 1825, cuando el Almirantazgo británico ordenó preparar dos buques para inspeccionar las costas meridionales de América del Sur. El 27 de septiembre de ese año, el Beagle regresó al astillero de Woolwich para ser reparado y adaptado. Sus cañones fueron reducidos a seis y se le instaló un palo de mesana que mejoró su maniobrabilidad. El aparejo fue modificado a bricbarca, con velas cuadras en el trinquete y el mayor, y vela cuchilla en el mesana. Esta transformación lo convertiría en una herramienta más versátil para la navegación en aguas difíciles.

En mayo de 1826, el HMS Beagle y el HMS Adventure estuvieron listos para zarpar. El Adventure era un velero espacioso de 330 toneladas, sin cañones, bajo el mando del comandante Phillip Parker King, quien tenía además el cargo de hidrógrafo y comandante en jefe de la expedición. El Beagle, con 63 hombres a bordo, quedó a las órdenes del comandante Pringle Stokes. Las naves partieron de Plymouth el 22 de mayo de 1826 con rumbo a Río de Janeiro, donde fondearon el 10 de agosto, tras hacer escala en Madeira, Tenerife y Saint Jago.

Desde Río de Janeiro prosiguieron hacia el sur. El 19 de noviembre continuaron el viaje y llegaron a la entrada del estrecho de Magallanes el 20 de diciembre de 1826. En los primeros días de enero de 1827 fondearon en Puerto del Hambre, lugar que Parker King eligió como base de operaciones para los trabajos hidrográficos. Fue allí, en esas aguas extremas y solitarias, donde la expedición encontró sus mayores dificultades.

El comandante Pringle Stokes resultó ser un hombre inadecuado para los rigores psicológicos de navegar en los inhóspitos canales patagónicos. La desolación del paisaje, el frío perpetuo, las tormentas frecuentes y el aislamiento fueron minando su estado mental. El 12 de agosto de 1828, Stokes falleció como consecuencia de haberse disparado un tiro en su camarote doce días antes, en un acto de suicidio. Parker King designó provisionalmente como reemplazante al teniente W.G. Skyring, segundo comandante del Beagle, pero en noviembre de ese año el contraalmirante Robert Otway, comandante en jefe de la Estación Naval Sudamericana, tomó una decisión que marcaría el rumbo del buque para siempre: nombró comandante en propiedad al teniente Robert Fitz-Roy, quien hasta ese momento se desempeñaba como su ayudante de órdenes. Fitz-Roy tenía apenas veintitrés años.

El joven comandante demostró ser un navegante y científico excepcional. Bajo su mando, la expedición realizó trabajos hidrográficos en el canal Magdalena y en los archipiélagos al sur del estrecho de Magallanes, alcanzando las islas Diego Ramírez y el cabo de Hornos. Durante estas exploraciones, el Beagle y su tripulación descubrieron el canal que hoy lleva el nombre del barco, el canal Beagle, un hito geográfico permanente que preserva la memoria de esas travesías.

Un episodio singular ocurrió en febrero de 1830, cuando un grupo de indígenas kawésqar robó un bote que la tripulación no logró recuperar. En represalia, Fitz-Roy tomó a tres miembros del grupo como rehenes. Más tarde, en mayo, embarcó a un cuarto joven de la tribu yagán a cambio de un botón de nácar. Fitz-Roy tomó la inusual decisión de llevar a estos cuatro fueguinos hasta Inglaterra con la intención de educarlos en la lengua inglesa y en las costumbres occidentales para luego devolverlos a su tierra en una expedición futura.

El 6 de agosto de 1830, el Beagle y el Adventure abandonaron las aguas australes en dirección a Inglaterra, llevando a bordo a esos cuatro habitantes de los confines del mundo. Su presencia en Londres causó curiosidad y debate sobre la naturaleza humana y la capacidad de "civilizar" a pueblos considerados primitivos. Fitz-Roy les había asignado nombres ingleses y tenía planes concretos para su formación.

Fue precisamente la necesidad de devolver a los fueguinos a su tierra lo que motivó la segunda expedición del Beagle, la más célebre de todas. Fitz-Roy, buscando también a un compañero intelectual para las largas semanas de navegación, aceptó la presencia a bordo del joven naturalista Charles Darwin, quien a la sazón tenía veintidós años y había terminado sus estudios en Cambridge sin un destino claro. Darwin embarcó en diciembre de 1831 y la travesía duraría casi cinco años. Las observaciones que realizó durante ese viaje, especialmente en las Islas Galápagos, le proporcionarían el material empírico sobre el que construiría su teoría de la evolución por selección natural, publicada en 1859. El Beagle, por tanto, fue el vehículo involuntario de una de las revoluciones intelectuales más profundas de la historia humana.

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