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Francisco de Guisa

Duque de Guisa

7 min01/01/2024
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En la Francia convulsa del siglo XVI, dominada por las guerras de religión y las rivalidades entre grandes casas nobiliarias, ninguna figura militar destacó con tanta brillantez ni acumuló tanta gloria y tanto odio simultáneamente como Francisco de Guisa. Nacido el 24 de febrero de 1519 en el castillo de Bar-le-Duc, en la región de Lorena, era el primogénito de Claudio de Lorena y de Antonieta de Borbón-Vendôme, y portaba en su sangre una mezcla de ambición, valentía y la difícil condición de quien, siendo extranjero de origen, buscaba encarnar mejor que nadie el destino de Francia.

Su árbol genealógico lo conectaba con algunas de las grandes figuras de la Europa de su tiempo. Su hermana María de Guisa fue la esposa del rey Jacobo V de Escocia y la madre de la célebre María I de Escocia. Su hermano menor Carlos se convertiría en el influyente cardenal de Lorena. Y Francisco fue criado junto a Enrique II de Francia, quien sería rey y mecenas de su carrera militar. Esta proximidad a la corona le otorgó desde joven una posición privilegiada en la corte francesa, aunque sus detractores no cesaban de recordar su origen "extranjero", por ser originario del ducado de Lorena, que entonces no pertenecía formalmente al reino de Francia.

La primera gran prueba de su valor ocurrió en 1545, durante la Guerra italiana de 1542-1546, en el Segundo Sitio de Boulogne contra los ingleses. En pleno combate, una lanza enemiga le atravesó ambas mejillas a través de los barrotes de su casco, dejando la punta de acero clavada en su rostro. Cualquier otro hombre habría caído del caballo. Francisco de Guisa, en cambio, se mantuvo firme en la silla y regresó por sus propios medios a su tienda de campaña. El cirujano que lo atendió temía que muriera de dolor al extraer el hierro, pero el joven noble soportó la operación con una serenidad que los cronistas describieron como casi sobrenatural. Las cicatrices que le quedaron fueron llevadas con orgullo toda su vida, como señal visible de su coraje.

Su ascenso en la jerarquía fue constante. En 1551 fue nombrado gran chambelán de Francia, uno de los cargos más prestigiosos de la corte. En abril de 1552, Enrique II lo designó gobernador de Metz, y fue en esa ciudad donde Francisco labraría su reputación más duradera. El emperador Carlos V, determinado a recuperar Metz para el Sacro Imperio Romano, puso sitio a la ciudad entre el 31 de octubre de 1552 y el 15 de enero de 1553. El asedio reunió un ejército imperial de proporciones imponentes, pero Francisco de Guisa organizó la defensa con tal habilidad que el emperador, incapaz de quebrar las murallas, tuvo que retirarse finalmente. La victoria fue celebrada en toda Francia como un milagro militar y convirtió a Francisco en el héroe del momento.

La fama ganada en Metz se consolidó con nuevas victorias. En 1554, durante la Guerra italiana de 1551-1559, derrotó junto a Gaspar de Saulx-Tavannes a las tropas imperiales en la batalla de Renty. Más tarde, entre 1556 y 1557, encabezó una expedición militar a Italia a instancias del papa Pablo IV, con el objetivo de invadir el reino de Nápoles. La campaña fracasó ante la resistencia del duque de Alba, y la fortaleza de Civitella demostró ser inexpugnable para las fuerzas francesas.

La mayor victoria individual de su carrera llegó el 7 de enero de 1558, cuando comandó la reconquista de Calais, que había permanecido en manos inglesas durante más de dos siglos. La toma de Calais fue recibida en Francia como una proeza casi mítica y disparó la popularidad de Francisco a niveles nunca vistos. Ese mismo verano conquistó también Thionville y Arlon, aunque ambas ciudades serían devueltas al año siguiente a los Países Bajos Españoles por los términos de la Paz de Cateau-Cambrésis. Pierre de Bourdeille, señor de Brantôme, lo llamaba el "gran duque de Guisa", un apodo que reflejaba tanto su rango como el afecto popular que inspiraba.

El reinado de Enrique II lo mantuvo en la cima del poder militar francés. Pero cuando el rey murió en 1559 como consecuencia de las heridas sufridas en un torneo, su sucesor Francisco II era el esposo de María de Escocia, sobrina del duque. El matrimonio entre la heredera de los Guisa y el rey de Francia era el triunfo definitivo de esa casa nobiliaria. El gran maestre Montmorency fue apartado de la corte, y los hermanos Guisa se convirtieron en los árbitros de la política francesa.

Sin embargo, el poder acumulado generó odios proporcionales. En 1560, un grupo de hugonotes organizó la llamada Conjura de Amboise, cuyo propósito era capturar a Francisco y a su hermano el cardenal de Lorena. La conspiración, que contó con el apoyo de protestantes ingleses y fue dirigida por Jean du Barry, señor de La Renaudie, posiblemente a instancias de Luis, príncipe de Condé, fue mal organizada y mal ejecutada. Se pospuso seis días y fue descubierta por el tribunal con bastante anticipación. El 12 de marzo de 1560, los conjurados asaltaron el castillo de Amboise, a donde la casa de Guisa había trasladado a los reyes para ponerlos a salvo. El intento fracasó y los líderes de la conspiración pagaron con sus vidas.

Francisco de Guisa sobrevivió a esa amenaza, pero su final llegó en el contexto de las primeras guerras de religión que desgarraban a Francia. Murió el 24 de febrero de 1563 en Saint-Hilaire-Saint-Mesmin, víctima de un asesinato perpetrado por un hugonote llamado Poltrot de Méré, quien lo hirió de bala mientras el duque inspeccionaba el sitio de Orléans. Fallecía el mismo día en que había nacido, cuarenta y cuatro años antes. Su muerte fue un golpe terrible para la causa católica francesa y encendió aún más las brasas de una guerra civil que se prolongaría durante décadas.

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