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Guerra gótica (535-554)

Guerra entre el Imperio bizantino y el reino ostrogodo en Italia entre 535 y 554

7 min01/01/2024
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La guerra gótica que enfrentó al Imperio Romano de Oriente, conocido también como Imperio Bizantino, contra el reino ostrogodo de Italia fue uno de los conflictos más prolongados y devastadores de la historia del Mediterráneo tardoantiguo. Desarrollada entre los años 535 y 554 en la península itálica, Dalmacia, Cerdeña, Sicilia y Córcega, esta contienda aspiraba a restituir la grandeza imperial en Occidente pero terminó dejando a Italia exhausta y vulnerable ante los invasores que vendrían después.

Los antecedentes del conflicto se remontaban a 476, cuando el general Odoacro depuso al último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo, y se proclamó rey de Italia. Aunque Odoacro reconocía nominalmente la soberanía del emperador oriental Zenón, sus políticas independientes y su creciente poder lo convirtieron en una amenaza para Constantinopla. Para gestionar esta situación, el propio Zenón utilizó a los ostrogodos, pueblo germánico asentado como foederati en los Balcanes occidentales, y los envió a Italia como representantes del Imperio para derrocar a Odoacro. Teodorico el Grande cumplió este encargo, venció a Odoacro y estableció en Italia un reino ostrogodo que, al menos en teoría, seguía reconociendo la soberanía imperial.

El acuerdo entre Teodorico y Zenón, ratificado por su sucesor Anastasio, creó un sistema dual peculiar: la administración civil permanecía en manos de romanos y bajo la legislación imperial, mientras que el ejército era exclusivamente godo y respondía a sus propios jefes. Los romanos eran cristianos calcedonios y los godos arrianos, pero a diferencia de otros pueblos germánicos, los ostrogodos practicaron una notable tolerancia religiosa. Teodorico gobernó con habilidad y logró la conciliación con la aristocracia senatorial italiana. Sin embargo, este equilibrio comenzó a deteriorarse en sus últimos años: la deposición y ejecución del distinguido filósofo Boecio y su suegro en 524 marcó el inicio del distanciamiento entre el régimen godo y los sectores de la aristocracia romana que miraban hacia Constantinopla.

Con el advenimiento del emperador Justiniano I, el más ambicioso de los soberanos bizantinos, la situación cambió radicalmente. Justiniano abrigaba el sueño de recuperar las provincias perdidas del antiguo Imperio Romano de Occidente, y contaba con el brillante general Belisario para ejecutarlo. Tras reconquistar el norte de África de manos de los vándalos, Justiniano dirigió su atención hacia Italia. En 535 las tropas imperiales desembarcaron en Sicilia, dando inicio a la guerra gótica.

La primera fase, comprendida entre 535 y 540, fue sorprendentemente favorable a los bizantinos. Belisario avanzó con una notable rapidez, tomando Roma en 536 y resistiendo el prolongado asedio con el que los ostrogodos intentaron recuperarla. En 540 cayó Rávena, la capital del reino ostrogodo, y con ella pareció consumarse la reconquista de Italia por parte del Imperio de Oriente. El rey godo Vitiges fue capturado y llevado a Constantinopla. La victoria parecía completa.

Sin embargo, la segunda fase de la guerra desmintió ese optimismo inicial. Desde 540 o 541, el reino ostrogodo experimentó un sorprendente resurgimiento bajo el liderazgo del enérgico rey Totila. Este caudillo reorganizó las fuerzas godas, apeló al descontento de la población italiana, que sufría los excesos y las cargas impuestas por la administración imperial, y comenzó a recuperar sistemáticamente el terreno perdido. Roma cambió de manos en varias ocasiones durante estos años, siendo tomada y saqueada repetidamente. Totila llegó incluso a amenazar Sicilia y el sur de Italia, desafiando la autoridad bizantina en todo el ámbito peninsular.

La respuesta de Justiniano llegó en forma del general Narsés, un eunuco armenio de avanzada edad pero notable capacidad estratégica. Narsés llegó a Italia con un ejército reforzado y se enfrentó a Totila en la batalla de Tagina en 552, donde el rey godo encontró la muerte. Este fue el golpe decisivo que quebró la resistencia ostrogoda. En 554, Narsés repelió también una invasión de francos y alamanes que habían aprovechado el caos para penetrar en la península, cerrando definitivamente el período de resistencia goda.

Ese mismo año 554, Justiniano promulgó la Pragmática Sanción, documento que establecía el nuevo marco legal y administrativo para la Italia reconquistada. Sin embargo, la victoria había tenido un coste terrible. Italia quedó devastada y despoblada tras casi veinte años de guerra continua. Las ciudades estaban en ruinas, la economía destrozada y la población diezmada. En perspectiva histórica, la guerra gótica es considerada una victoria pírrica: Bizancio logró recuperar Italia, pero la encontró tan arruinada que fue incapaz de defenderla. En 568, apenas catorce años después, los lombardos irrumpieron en la península y se apoderaron de gran parte de ella, despojando a Constantinopla del control efectivo de la mayor parte de la Italia que tanto le había costado recuperar.

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