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Fuad II de Egipto

Rey de Egipto (1952-1953)

4 min01/01/2024
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Ahmed Fuad nació el 16 de enero de 1952 en el Palacio de Abdín, en El Cairo, con el título de Príncipe. Su linaje provenía de la Dinastía de Mehmet Alí, la familia de origen albanés que había gobernado Egipto desde comienzos del siglo XIX. Era hijo del rey Faruq de Egipto y de su segunda esposa, Narriman Sadek, y representaba la continuidad de una dinastía que se encontraba, sin que él pudiera saberlo, a pocos meses de su extinción como poder gobernante.

En julio de 1952, cuando el niño tenía apenas seis meses de edad, Egipto vivió uno de los momentos más trascendentales de su historia contemporánea. El Movimiento de Oficiales Libres, encabezado por figuras como el general Mohamed Naguib y el coronel Gamal Abdel Nasser, ejecutó un golpe de Estado el 23 de julio que derrocó al rey Faruq. El monarca, presionado a abdicar, esperaba que renunciar al poder en favor de su hijo lactante pudiera calmar los ánimos revolucionarios y preservar la institución monárquica. Esa esperanza resultó vana. El 26 de julio de 1952, Faruq firmó su abdicación, y Ahmed Fuad fue proclamado rey de Egipto y de Sudán, soberano de Nubia, de Kordofán y de Darfur, con el título de Fuad II, con apenas seis meses de vida.

Dada su imposibilidad evidente de ejercer ninguna función de gobierno, se constituyó un Consejo de Regencia presidido por Mohammed Ali Tewfik para representarlo. El príncipe Mohamed Abdul Moneim asumió también un papel central en ese consejo. El gobierno real quedó en manos de los militares, quienes desde el primer momento avanzaron hacia una transformación radical del país que no incluía espacio para una monarquía, ni siquiera simbólica.

El reinado de Fuad II duró menos de un año. El 18 de junio de 1953, los militares proclamaron la república, deponiendo formalmente al rey cuando este tenía apenas un año y cinco meses de edad. Fuad II pasó así a la historia como el último rey de Egipto y uno de los monarcas más jóvenes en ser depuesto en la historia moderna. Él y su familia fueron obligados a abandonar el país. Sin haber sido coronado formalmente en ningún momento, sin haber conocido el poder real, su figura quedó como símbolo de una época que se cerraba.

La familia real se instaló en Suiza, donde el joven Ahmed Fuad creció alejado de Egipto. Años después se mudó a Francia y eventualmente regresó a Suiza, donde se estableció de manera definitiva en la región del Lago de Ginebra, a orillas del lago Lemán. Su vida transcurrió en el exilio europeo, lejos del país que durante un breve lapso había llevado su nombre como soberano.

En 1976, contrajo matrimonio con Dominique-France Loeb-Picard, hija de Roberto Loeb y su esposa Paule-Madeleine Picard. Dominique-France se convirtió al islam y asumió el título de reina Fadila de Egipto. La pareja tuvo tres hijos antes de su divorcio en 1996: Muhammad Ali, príncipe del Saíd, nacido el 5 de febrero de 1979 en El Cairo, quien se casó el 30 de agosto de 2013 en el Palacio de Çırağan de Estambul con la princesa Noal Zaher Shah de Afganistán y tiene dos hijos gemelos; la princesa Fawzia-Latifa, nacida el 12 de febrero de 1982 en Montecarlo, Mónaco, quien se casó el 19 de enero de 2019 en Ginebra con Sylvain Jean-Baptiste Alexandre Renaudeau, con quien tiene dos hijos; y el príncipe Fakhruddin, nacido el 25 de agosto de 1987 en Rabat, Marruecos.

En Egipto, que es una república desde 1953, los títulos de la Casa de Mehmet Alí carecen de reconocimiento oficial. Sin embargo, los sectores monárquicos continúan utilizándolos en contextos protocolarios y conmemorativos. Fuad II es considerado por esos grupos como Soberano Gran Maestre de diversas órdenes históricas, entre ellas la Orden de Muhammad Alí, la Orden de Ismail, la Orden del Nilo, la Orden la Virtud, la Orden de la Estrella Militar de Fuad I, la Orden de la Agricultura y la Orden de la Industria y el Comercio, todas datadas desde el 26 de julio de 1952, día de su proclamación.

La historia de Fuad II es, en cierto modo, la historia de un reino que jamás gobernó. Su destino fue determinado por fuerzas históricas que lo superaban completamente: la efervescencia nacionalista árabe, el hastío popular ante una monarquía percibida como corrupta y pro-británica, y la ambición transformadora de los Oficiales Libres. El pequeño que apenas había aprendido a sonreír cuando fue proclamado rey fue también el último eslabón de una dinastía que había moldeado el Egipto moderno durante más de un siglo.

Fuad II ha vivido la mayor parte de su vida en la discreción del exilio suizo, sin protagonismos políticos notables, aunque los movimientos monárquicos egipcios continúan reconociéndolo como el legítimo heredero de la Corona. Su caso representa una de las anécdotas más singulares de la historia política del siglo XX: el de un rey que nunca reinó, proclamado cuando no sabía hablar y depuesto antes de aprender a caminar.

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