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Era Vargas

La Era Vargas es el período de la historia brasileña entre 1930 y 1945, cuando Getúlio Var

4 min01/01/2024
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Pocos períodos de la historia política de Brasil concentran tantas transformaciones, contradicciones y consecuencias duraderas como el lapso comprendido entre 1930 y 1945. Durante esos quince años, Getúlio Vargas gobernó el país de manera ininterrumpida, dejando una huella tan profunda en sus instituciones, su economía y su cultura política que el período entero recibió el nombre con el que aún se lo conoce: la Era Vargas.

Ese ciclo no fue uniforme ni estático. Se desarrolló en tres fases claramente diferenciadas, cada una con sus propias reglas de juego y su propio carácter. La primera, el Gobierno Provisional, se extendió desde la Revolución de 1930 hasta 1934. Vargas llegó al poder tras el derrocamiento del presidente Washington Luís y el impedimento al presidente electo Júlio Prestes de asumir el cargo. Una junta militar provisional cedió el poder a Vargas, reconocido como el líder del movimiento revolucionario que había sacudido a la vieja República. Durante ese primer período, Vargas gobernó por decreto, sin constitución vigente, concentrando en sus manos una autoridad que el sistema anterior había distribuido entre las oligarquías estaduales.

La segunda fase comenzó con la aprobación de una nueva constitución por la Asamblea Constituyente de 1933 y 1934. Bajo esa nueva carta magna, Vargas fue elegido presidente por la propia asamblea, en virtud de las disposiciones transitorias, inaugurando un período de gobierno con Congreso elegido democráticamente y cierta separación de poderes. Esa fase, más moderada en sus formas, duró apenas hasta 1937.

El tercer y más controvertido período fue el del Estado Novo, que se inició cuando Vargas impuso una nueva constitución mediante un golpe de Estado autoritario, disolvió el Congreso y asumió poderes prácticamente dictatoriales. El Estado Novo duró hasta 1945 y marcó el punto más oscuro del ciclo en materia de libertades civiles y pluralismo político, aunque también fue el período de mayor actividad en términos de reformas sociales y laborales.

Lo que hace a la Era Vargas tan significativa en la historia de Brasil no es solo la duración del poder de un hombre, sino la profundidad de los cambios que ese hombre introdujo. Vargas llegó al poder cuando Brasil era todavía una nación dominada por las oligarquías agrarias de São Paulo y Minas Gerais, cuya alianza informal conocida como la política del café con leche había determinado quién gobernaba el país durante décadas. Al romper esa hegemonía, Vargas abrió el espacio para una nueva forma de hacer política, centrada en el Estado como motor del desarrollo y en los trabajadores urbanos como base de apoyo.

Bajo su conducción, Brasil avanzó de manera acelerada en su proceso de industrialización. Se crearon instituciones económicas que estructurarían al país durante generaciones, se estableció una legislación laboral que concedió derechos a los trabajadores que nunca antes habían tenido, y se construyó un aparato estatal moderno en sustitución de las redes clientelares que habían dominado la política anterior. Vargas se convirtió en una figura que sus seguidores llamaban o pai dos pobres, el padre de los pobres, un apelativo que reflejaba tanto el alcance de sus reformas como el culto a la personalidad que el régimen cultivó deliberadamente.

Al mismo tiempo, el Estado Novo fue un régimen que reprimió la oposición política, cerró el Congreso, persiguió a sindicalistas y comunistas, censuró la prensa y concentró el poder con una intensidad que no tenía precedentes en la historia republicana del país. Esa dualidad entre el reformismo social y el autoritarismo político es el núcleo de la controversia que rodea la figura de Vargas hasta hoy.

La Era Vargas concluyó en 1945 cuando una combinación de presiones militares, reconfiguraciones del escenario político internacional tras la Segunda Guerra Mundial y el propio desgaste del régimen obligaron a Vargas a dimitir. La transición abrió paso a la llamada Cuarta República Brasileña, con una nueva constitución promulgada en 1946 que restableció las libertades democráticas.

Sin embargo, Vargas no desapareció de la escena. Regresó a la política y en 1950 fue elegido presidente por voto popular directo, asumiendo el cargo el 31 de enero de 1951. Gobernó en ese segundo ciclo durante tres años y medio, en un contexto político mucho más hostil y convulso, acorralado por sus enemigos y traicionado por quienes lo rodeaban. El 24 de agosto de 1954, en su dormitorio del Palácio do Catete en Río de Janeiro, se quitó la vida de un disparo en el corazón, dejando una carta que lo convertiría en un mártir político para millones de brasileños.

La herencia de la Era Vargas sigue siendo reclamada en la política brasileña contemporánea. Dos partidos, el Partido Democrático Laborista y el Partido Laborista Brasileño, se consideran herederos directos de su legado. Ese dato ilustra la magnitud de lo que ese período significó: quince años que cambiaron la estructura del Estado, la economía, el mundo del trabajo y la identidad política de Brasil de manera que ningún período posterior pudo ignorar.

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