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Imperio del Brasil

País de América del Sur (1822-1889)

7 min01/01/2024
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Entre los años 1822 y 1889, el mapa de América del Sur incluía un Estado singular que no tenía equivalente en el continente: una monarquía imperial constitucional rodeada de repúblicas. El Imperio del Brasil nació de la independencia, sobrevivió durante 67 años a las presiones que habían fragmentado a sus vecinos, y sucumbió finalmente ante un golpe militar que lo disolvió en apenas unas horas.

Los orígenes del Imperio se remontan a la ruptura con Portugal. Al concluir la Guerra de la Independencia, Portugal y Brasil formalizaron su separación en el Tratado de Río de Janeiro, firmado el 29 de agosto de 1825. Según ese tratado, la Corona portuguesa reconocía la independencia del antiguo reino, pero reservaba al rey Juan VI de Portugal, padre de Pedro I, el título honorífico de emperador del Brasil. Esa situación sui generis de dos emperadores brasileños simultáneos duró apenas siete meses, el tiempo que tardó Juan VI en morir, dejando a Pedro I como único titular.

El reconocimiento internacional de la nueva nación fue un proceso gradual. Estados Unidos fue el primer país en reconocer al gobierno brasileño, en mayo de 1824, pocos meses después de que el presidente James Monroe proclamara la doctrina que llevaba su nombre, por la cual Washington declaraba que no aceptaría ninguna intervención europea en el continente americano. Gran Bretaña medió en las negociaciones con Portugal y también reconoció la independencia en 1825. Solo a partir de 1826 llegaron los reconocimientos de Francia, el papado y otros Estados europeos, consolidando definitivamente la soberanía brasileña.

Las repúblicas hispanoamericanas, en contraste, miraban al Imperio con desconfianza. Lo consideraban un instrumento de los intereses europeos y condenaron la acción brasileña en la Cisplatina, la provincia que hoy corresponde al Uruguay, que estuvo bajo dominio imperial entre 1822 y 1825. Esa tensión con sus vecinos republicanos acompañó al Imperio durante toda su existencia.

El sistema político del Imperio era el de una monarquía parlamentaria constitucional. La Constitución de 1824 estableció cuatro poderes: el ejecutivo, el legislativo, el judicial y el moderador, este último atributo exclusivo del emperador, que le permitía intervenir en los conflictos entre los demás poderes. Era un diseño original que intentaba equilibrar la autoridad imperial con los principios del constitucionalismo moderno.

El Imperio se divide históricamente en tres períodos. El Primer Imperio corresponde al reinado de Pedro I, que se extendió desde la coronación en la Capilla Imperial de Río de Janeiro el 12 de octubre de 1822 hasta su abdicación en 1831. Pedro I abdicó en favor de su hijo de cinco años y viajó a Europa, dejando al país en manos de una regencia que gobernaría durante la larga minoría de edad del heredero. Ese fue el Período Regente, una etapa turbulenta marcada por revueltas, disputas provinciales y dificultades para mantener la unidad territorial de un país de dimensiones continentales.

El Segundo Imperio comenzó cuando Pedro II alcanzó la mayoría de edad y asumió el pleno ejercicio del poder en 1841. Bajo su conducción, Brasil vivió su período de mayor estabilidad y proyección internacional. La nación creció de forma diferente a sus vecinos gracias a la continuidad institucional, la libertad de expresión, el respeto a los derechos civiles y el crecimiento económico regular. Los territorios del Imperio correspondían en su mayor parte al actual Brasil, con la importante excepción del estado de Acre, que se incorporaría más tarde, y con la adición temporal de Uruguay, denominado entonces Provincia Cisplatina, entre 1822 y 1825.

La caída del Imperio llegó de manera abrupta en noviembre de 1889. Un golpe militar encabezado por sectores que defendían la transformación en república disolvió la monarquía prácticamente sin resistencia. El historiador José Murilo de Carvalho señalaría décadas después que el pueblo asistió al evento bestializado, sin comprender del todo lo que estaba ocurriendo. Pedro II aceptó el fin sin intentar combatirlo y partió al exilio.

La continuidad jurídica del Estado brasileño se mantuvo a través de los cambios de régimen. El Imperio fue sucedido por la República de los Estados Unidos del Brasil, conocida como República Velha, y esta por la República Federativa del Brasil que existe en la actualidad. Los titulares cambiaron, las constituciones se renovaron, pero el Estado como entidad jurídica e institucional mantuvo su continuidad. En ese sentido, el Imperio no fue solo un período de la historia brasileña, sino la primera forma que adoptó el Estado que los brasileños habiten hoy.

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