tragedias

Apolo 14

Misión espacial del programa Apolo

5 min01/01/2024
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La misión Apolo 14 representa uno de los capítulos más personales e intensamente humanos de la historia de la exploración espacial. Nacida de las cenizas del casi fatal Apolo 13 y cargada con el peso de demostrar que el programa lunar estadounidense podía continuar con seguridad, su lanzamiento el domingo 31 de enero de 1971, a las 4:03:02 p.m. en hora del este de los Estados Unidos, marcó el regreso del ser humano a la Luna tras la traumática experiencia de la misión anterior.

La tripulación que embarcó en aquella jornada estaba formada por tres astronautas cuyas trayectorias no podían ser más distintas. El comandante Alan Shepard era una leyenda viviente, el primer estadounidense en volar al espacio durante el programa Mercury, en mayo de 1961, pero también un hombre que había pasado más de cuatro años confinado en tierra como consecuencia de la enfermedad de Ménière, un trastorno del oído interno que lo castigó entre 1964 y 1968. La misión Apolo 14 significaba para él la redención y el cumplimiento de un sueño largamente postergado: convertirse en el único miembro del grupo Mercury Seven en pisar la Luna. Stuart Roosa, piloto del módulo de comando Kittyhawk, y Edgar Mitchell, piloto del módulo lunar Antares, completaban un equipo con muy poca experiencia acumulada en vuelos anteriores, algo que no pasó desapercibido entre los observadores de la época.

El despegue sufrió un retraso de cuarenta minutos y dos segundos a causa de condiciones climáticas adversas en el sitio de lanzamiento, el primero de este tipo en la historia del programa Apolo. Una vez superado ese contratiempo inicial, la misión de nueve días en total tuvo como destino las tierras altas de Fra Mauro, la zona que originalmente estaba prevista como destino para el Apolo 13, antes de que la explosión de un tanque de oxígeno obligara a abortar ese aterrizaje. El Apolo 14 era por tanto también una misión de deuda pendiente, la oportunidad de completar lo que su predecesor no había podido.

Fue precisamente el accidente del Apolo 13 el que motivó numerosas modificaciones técnicas implementadas en el sistema de alimentación eléctrica del módulo de servicio, incluyendo un rediseño completo de los tanques de oxígeno y la incorporación de un tercer tanque adicional. Estas mejoras reflejaban el aprendizaje doloroso de la misión anterior y constituían una garantía de que los errores que habían estado a punto de costar la vida a tres astronautas no se repetirían.

Shepard y Mitchell aterrizaron en Fra Mauro el 5 de febrero de 1971 y permanecieron en la superficie lunar durante 33 horas y media, con casi nueve horas y media dedicadas a actividades extravehiculares. Durante esas dos salidas a la superficie, los astronautas recolectaron 42,80 kilogramos de rocas lunares y llevaron a cabo una serie de experimentos científicos de gran valor. La misión es recordada también por uno de los momentos más anecdóticos e inesperados de toda la exploración espacial: Shepard, aprovechando que había llevado consigo un palo de golf improvisado, golpeó dos pelotas en la superficie lunar, afirmando con humor que habían viajado millas y millas en la baja gravedad del satélite.

Mientras los dos astronautas exploraban la superficie, Stuart Roosa permanecía en órbita lunar a bordo del Kittyhawk, realizando experimentos científicos y fotografiando meticulosamente la Luna, incluido el lugar de aterrizaje de la futura misión Apolo 16. Roosa llevaba a bordo varios centenares de semillas de distintas especies arbóreas, muchas de las cuales germinaron exitosamente a su regreso a la Tierra, dando origen a los llamados árboles lunares, ejemplares que fueron plantados en diferentes lugares de los Estados Unidos como testimonio vivo del viaje espacial.

El módulo lunar Antares despegó con éxito de la superficie y se acopló al Kittyhawk tras completar un total de 34 órbitas lunares. Los tres astronautas emprendieron el camino de regreso a la Tierra y amerizaron en el océano Pacífico el 9 de febrero de 1971. El lanzamiento de la misión había sido originalmente programado para el 1 de octubre de 1970, pero fue retrasado casi cuatro meses, en parte para permitir que Shepard, quien había estado fuera de la actividad durante años por su enfermedad, dispusiera de suficiente tiempo de entrenamiento. El triunfo personal de Alan Shepard, que había luchado contra el destino y la enfermedad para llegar a la Luna cuando ya era el astronauta estadounidense de mayor edad en realizar ese viaje, quedó grabado como uno de los capítulos más inspiradores de toda la era espacial.

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