El Ejército Imperial Japonés fue durante casi ocho décadas la columna vertebral del poder militar del Imperio de Japón, una institución que evolucionó desde las tropas feudales de samuráis leales al Emperador hasta convertirse en una de las fuerzas armadas más disciplinadas, disciplinadamente brutales y tecnológicamente avanzadas del siglo XX. Fundada en sus formas modernas durante la Restauración Meiji de 1867, ejerció una influencia que fue mucho más allá de lo estrictamente militar, moldeando la política, la economía y la cultura japonesa hasta su disolución en 1945 tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial.
El origen de esta institución se remonta a los convulsos años en que el Shogunato Tokugawa cedió ante las fuerzas que reclamaban la restauración del poder imperial. Los samuráis que lucharon del lado del Emperador provenían principalmente de los dominios de Satsuma y Chōshū, dos han que habían acumulado tanto poder e influencia que su participación resultó determinante en el desenlace de la guerra civil. Con el establecimiento de la Era Meiji y la creación de un gobierno modelado al estilo europeo, las autoridades reconocieron la necesidad de construir un ejército moderno, centralizado y leal al Estado, no a los señores feudales locales.
La abolición del sistema han en 1871 fue el punto de inflexión que hizo imprescindible la creación de esa fuerza armada nacional. El gobierno impuso el reclutamiento forzoso en todo el país en 1873, ordenando que todo varón mayor de 21 años sirviera en las fuerzas armadas durante tres años. Esta medida tenía implicaciones que iban mucho más allá de lo militar: el derecho a portar armas, privilegio exclusivo de la clase samurái durante siglos, quedaba ahora extendido a todos los japoneses varones. La reacción no se hizo esperar. Los samuráis descontentos protagonizaron una serie de disturbios, siendo el más grave la Rebelión Satsuma liderada por Saigō Takamori, que derivó en una guerra civil de alcance considerable. El resultado fue paradójico y simbólico a la vez: los reclutas del recién formado Ejército Imperial, entrenados con armas y tácticas occidentales, derrotaron a los veteranos guerreros samuráis, demostrando que la modernización había llegado para quedarse.
En su desarrollo inicial, el ejército contó con la asistencia de misiones militares francesas, la Segunda entre 1872 y 1880 y la Tercera entre 1884 y 1889. Sin embargo, la aplastante victoria alemana en la Guerra Franco-Prusiana reorientó la mirada japonesa hacia el modelo prusiano, que parecía encarnar la combinación perfecta de disciplina, eficiencia organizativa y capacidad ofensiva. El gobierno contrató al mayor Jacob Meckel y al capitán von Blankenbourg para entrenar a los oficiales del Estado Mayor japonés entre 1886 y abril de 1890. El Estado Mayor del Ejército Imperial, creado a imagen del Generalstab prusiano, fue establecido en 1878 bajo mando directo del Emperador, dotado de amplios poderes para la planificación estratégica y el desarrollo militar. Otros asesores extranjeros contribuyeron también a aspectos específicos: el mayor italiano Pompeo Grillo trabajó en la fundición de Osaka entre 1884 y 1888, y el capitán neerlandés Schermeck asesoró en el mejoramiento de las defensas costeras entre 1883 y 1886.
El primer despliegue exterior del ejército fue la Expedición a Taiwán de 1874, una operación punitiva lanzada en respuesta al asesinato de 54 tripulantes de un navío mercante de las Islas Ryūkyū a manos de aborígenes paiwan en el extremo suroeste de la isla, un incidente ocurrido en diciembre de 1871. Este primer ejercicio de proyección de fuerza fuera del archipiélago japonés marcó el inicio de una política expansionista que iría creciendo en ambición y escala a lo largo de las décadas siguientes. Japón no utilizó asesores militares extranjeros entre 1890 y 1918, período durante el cual sus fuerzas armadas maduraron en autosuficiencia, hasta que una nueva misión militar francesa liderada por el comandante Jacques-Paul Faure fue solicitada tras la Primera Guerra Mundial para asesorar el desarrollo del Servicio Aéreo del Ejército Imperial.
El Ejército Imperial Japonés demostró su capacidad en las guerras contra China en 1894-1895 y contra Rusia en 1904-1905, consolidándose como una potencia regional de primer orden. Con el paso de los años, la influencia política de los militares sobre el gobierno civil fue creciendo hasta convertirse en un factor determinante de la política exterior japonesa, impulsando la expansión en Asia continental y el conflicto que eventualmente desembocaría en la Segunda Guerra Mundial. Su historia terminó con la rendición formal del Japón Imperial en 1945, cuando la institución fue definitivamente disuelta y el país inició el largo camino hacia la reconstrucción bajo supervisión aliada.
