Anna Marguerite McCann nació el 11 de mayo de 1933 y a lo largo de su vida construyó una trayectoria académica y científica que la situó en el centro de dos disciplinas que, en su época, rara vez se cruzaban: la historia del arte clásico y la arqueología subacuática. Su muerte, el 12 de febrero de 2017, cerró el capítulo de una de las figuras más influyentes en el estudio del mundo romano y en la exploración de sus vestigios sumergidos bajo las aguas del Mediterráneo.
Su formación fue rigurosa y metódica. Estudió en la Rye Country Day School, en Rye, Nueva York, antes de ingresar al Wellesley College, donde en 1954 completó una licenciatura en historia del arte con especialización en griego clásico. Esa doble formación —el arte y las lenguas antiguas— sería la columna vertebral de toda su investigación posterior. Gracias a una beca Fulbright, pudo asistir durante un año a la Escuela Estadounidense de Estudios Clásicos en Atenas, lo que le permitió sumergirse de manera directa en el legado material del mundo antiguo. De regreso en Estados Unidos, se incorporó al Instituto de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York, donde en 1957 completó su Maestría en Artes con una tesis titulada Tipos de estatuas griegas en relieves históricos romanos, trabajo que sentó las bases de su interés por la escultura romana.
En 1965, McCann obtuvo su doctorado por la Universidad de Indiana, con una doble titulación en historia del arte y en clásicos, un logro infrecuente que reflejaba la amplitud de su formación. Entre 1964 y 1966 disfrutó del prestigioso Premio de Roma, que le permitió residir en la Academia Americana de Estudios Clásicos y Arqueología de Roma. Allí amplió su tesis de maestría hasta convertirla en el que sería su estudio monográfico más duradero: Los retratos de Septimio Severo, 193-211 d.C., un trabajo que en 2017 seguía siendo considerado por sus colegas el principal estudio académico sobre el retrato de ese emperador.
Pero si hubo un giro que transformó radicalmente su perfil científico, fue su encuentro con la arqueología subacuática a principios de la década de 1960. En ese momento, la disciplina era nueva, incipiente, y estaba dominada casi exclusivamente por hombres. McCann comenzó a bucear con el legendario explorador Jacques Cousteau, explorando antiguos naufragios romanos en las aguas cercanas a Marsella. Entre 1961 y 1962 participó en la excavación del naufragio de Yassi Ada, un pecio del siglo VII localizado en Bodrum, Turquía, en una campaña impulsada por la Sociedad Geográfica Nacional y la Universidad de Pensilvania. Fue así como se convirtió en una de las primeras personas influyentes del campo —y la primera mujer estadounidense— en ejercer la arqueología subacuática con rigor científico.
Tras su estancia en Roma, McCann inició una prolífica carrera docente. Enseñó en la Universidad de Missouri entre 1966 y 1971, y luego en la Universidad de California en Berkeley, de 1971 a 1974. En 1974 se incorporó al equipo curatorial del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, donde dirigió un programa de conferencias vinculadas a la arqueología. Allí publicó su investigación sobre sarcófagos romanos en la colección del museo, obra que obtuvo el Premio al Libro Sobresaliente de la Asociación de Editoriales Universitarias Estadounidenses y fue reconocida como Libro de Arte Sobresaliente por la Biblioteca Thomas J. Watson en 1978.
Paralelamente a su trabajo en el museo, McCann condujo excavaciones en Cosa, una antigua colonia latina ubicada en la Toscana, entre 1965 y 1987. El resultado fue la publicación colaborativa de 1987 El puerto romano y la pesquería de Cosa: un centro de comercio antiguo, obra que recibió nuevamente el Premio al Libro Sobresaliente de la Asociación de Editoriales Universitarias y el Premio al Libro James R. Wiseman de 1989 del Instituto Arqueológico de América.
Su compromiso institucional fue igualmente destacado. Miembro activo del Instituto Arqueológico de América y de su junta directiva, McCann fundó en 1985 el Comité de Arqueología Subacuática de dicha organización, convirtiendo en estructura permanente lo que hasta entonces era una iniciativa dispersa. En 1989 asumió el cargo de directora arqueológica del Proyecto JASON, colaborando con el célebre oceanógrafo Robert Ballard en el estudio de naufragios del Banco Skerki, en el Estrecho de Sicilia. El objetivo era también pedagógico: inspirar a estudiantes con la emoción del descubrimiento submarino. La publicación resultante de ese trabajo, aparecida en 1994, es considerada la primera en detallar investigación arqueológica realizada en aguas profundas. McCann y Ballard regresaron al Banco Skerki en 1997 y descubrieron nuevos naufragios, ampliando aún más el conocimiento de las rutas comerciales romanas en el Mediterráneo.
En 1998, el Instituto Arqueológico de América le otorgó su Medalla de Oro, el máximo reconocimiento de la institución, en tributo a una carrera que había cambiado para siempre la manera de estudiar el mundo romano bajo las aguas. También publicó bajo el nombre de Anna McCann Taggart. Su legado perdura en cada excavación subacuática que sigue los protocolos que ella contribuyó a establecer.

