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Amadeo VIII de Saboya

Noble italiano de la Casa de Saboya y antipapa de la Iglesia Católica (1439 – 1449)

6 min01/01/2024
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El 4 de septiembre de 1383, en el castillo de Chambéry, vino al mundo Amadeo VIII de Saboya, destinado a convertirse en uno de los gobernantes más importantes de la historia de los estados saboyanos. Era hijo primogénito del conde Amadeo VII y de Bona de Berry, quien a su vez era hija del duque de Berry Jean I y nieta del rey Juan II de Francia. Su madre conectaba así la casa de Saboya con las grandes estirpes del reino francés, una vinculación que tendría consecuencias políticas durante toda la vida del joven noble.

La infancia de Amadeo estuvo marcada por la tragedia y la intriga desde muy temprano. Cuando el niño tenía apenas ocho años, el 2 de noviembre de 1391, su padre murió en circunstancias profundamente oscuras. Todo comenzó con una aparentemente trivial caída del caballo durante una partida de caza, de la que el conde había salido con heridas leves. Días después, el médico Jean de Grandville ordenó al farmacéutico Pierre de Lompnes que preparase un tratamiento para combatir la calvicie del señor, y poco tiempo más tarde el conde falleció en medio de sospechas de envenenamiento. Interrogados bajo tormento en las prisiones del duque de Berry, Grandville confesó haber envenenado al conde por orden de la regente Bona de Borbón y de su consejero, aunque se retractó antes de morir. Lompnes, torturado en otro calabozo, se declaró autor del crimen exculpando a la regente y fue ejecutado. El misterio nunca se aclaró por completo.

El asunto de la regencia derivó en una pugna de dos bandos en la corte sabauda. La abuela Bona de Borbón contaba con el respaldo de su hermano el duque de Borbón Luis II, mientras que la madre del joven Amadeo, Bona de Berry, tenía el apoyo de sus poderosos tíos franceses. Según el testamento del difunto conde, la regencia correspondía a la abuela y no a la madre, lo que desencadenó una disputa resuelta finalmente en los Estados Generales de 1393. Bona de Borbón mantuvo la regencia desde Thonon, mientras Amadeo quedó en Chambéry bajo la tutela de Aimone de Aspremont y el gobierno de Oddone de Villars, ambos de la órbita borgoñona. Poco después las dos mujeres abandonaron Saboya: la abuela se retiró a Mâcon y la madre contrajo nuevo matrimonio con Bernard d'Armagnac.

A lo largo de su gobierno, Amadeo VIII dio prueba de una inteligencia política excepcional. Prefirió la diplomacia a las armas siempre que fue posible, pero no vaciló en emplear la fuerza cuando las circunstancias lo exigían. Las bandas de mercenarios contratadas por los enemigos de la casa de Saboya representaban una amenaza constante, lo que lo llevó a reparar y fortalecer las defensas de sus territorios, entre ellas las fortificaciones de Ivrea. En octubre de 1395, por su expresa voluntad, se confiscó a un noble de esa ciudad la torre situada al suroeste del Palacio Municipal para instalar en ella un reloj de campana, aunque esa estructura sería demolida siglos después, en 1794.

El 30 de octubre de 1401 se celebró el enlace de Amadeo con María de Borgoña, una unión que había sido concertada desde mayo de ese mismo año. La pareja tuvo abundante descendencia, lo que garantizó la continuidad dinástica. Las adquisiciones territoriales siguieron acumulándose: logró incorporar el condado de Ginebra, aunque sin la ciudad de Ginebra propiamente dicha pero con Annecy, y consiguió la incorporación definitiva del Piamonte a sus estados. La fecha más significativa de su carrera política llegó el 14 de febrero de 1416, cuando el emperador Segismundo le concedió el título de Duque, elevando el condado de Saboya a la dignidad ducal. Dos años después, en 1418, murió Ludovico, el último príncipe de Acaya, y sus territorios pasaron también a la corona de Saboya.

En 1426 Amadeo logró incorporar también Vercelli a sus dominios. En 1430 promulgó el Statuta Sabaudiae, una recopilación de normas administrativas y judiciales que representó el inicio de una constitución de gobierno para sus estados, sentando las bases de una administración más ordenada y moderna. Estos logros lo convierten en el principal fundador del estado saboyano tal como se conocería en los siglos siguientes.

En 1434 Amadeo tomó una decisión sorprendente que desconcertó a sus contemporáneos: se retiró del gobierno del ducado y se recluyo en el castillo de Ripaille, junto al lago Lemán, donde llevó una vida de devoción y retiro con un grupo de caballeros piadosos. Esa renuncia voluntaria al poder temporal parecía definitiva, pero la historia tenía reservado un giro insólito. En 1439, el Concilio de Basilea, enfrentado al papa Eugenio IV, eligió a Amadeo como antipapa con el nombre de Félix V. Fue el último antipapa reconocido en la historia de la Iglesia católica.

Durante casi una década, Amadeo VIII ejerció como Félix V sin lograr un reconocimiento generalizado en la cristiandad occidental, pues la mayor parte de los monarcas europeos optaron por mantenerse neutrales o alinearse con Roma. En 1444 fue nombrado obispo de Ginebra. Finalmente, en 1449, el cisma llegó a su fin: Amadeo abdicó de sus pretensiones pontificias y fue reconocido como cardenal de Sabina y legado apostólico por el papa Nicolás V, cargo que mantuvo hasta su muerte. Falleció en Ginebra el 7 de enero de 1451 a los sesenta y siete años, dejando atrás una vida que había transitado de manera extraordinaria desde la turbulencia de su infancia hasta las más altas cimas del poder secular y eclesiástico de su tiempo.

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