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Tiradentes

Activista político por la independencia de Brasil

7 min01/01/2024
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Entre los héroes de la independencia americana del siglo XVIII y XIX, pocos han alcanzado la condición de mártir con tanta intensidad como Joaquim José da Silva Xavier, universalmente conocido como Tiradentes, apodo que en portugués significa "sacamuelas" y que aludía a su oficio de odontólogo. Nacido el 12 de noviembre de 1746 en la hacienda Pombal do Rio Abaixo, en el municipio de São João del-Rei, en el actual estado de Minas Gerais, murió ejecutado en Río de Janeiro el 21 de abril de 1792. Su vida y su muerte lo convirtieron en el símbolo más poderoso de la lucha por la independencia del Brasil colonial.

Sus orígenes familiares eran modestos pero no desprovistos de dignidad. Era el cuarto de siete hermanos, hijo de Domingos da Silva Santos, propietario rural nacido en Celorico de Basto, en el distrito de Braga, Portugal, y de María Antônia da Encarnação Xavier, nacida en São João del-Rei, de padre portugués y madre criolla. La familia era hidalga y contaba, al momento de fallecer María Antônia, con veinticinco esclavos. Cuando Tiradentes tenía nueve años, en 1755, murió su madre; dos años después, en 1757, falleció también su padre. Huérfano a tan temprana edad, no recibió educación formal sino que quedó bajo la tutela de un padrino que era cirujano, de quien aprendió los rudimentos de la medicina y la odontología.

Su trayectoria profesional fue variada y en buena medida azarosa. Trabajó ocasionalmente como minero y en diversas tareas relacionadas con la farmacia y la odontología, actividades que le dieron su famoso apodo. Sus conocimientos técnicos adquiridos en la minería le permitieron convertirse en experto en reconocimiento de terrenos y exploración de recursos, lo que lo llevó a trabajar para el gobierno colonial. En 1780 se alistó en el ejército de Minas Gerais, y en 1781 la reina María I lo nombró comandante de patrulla del Caminho Novo, la ruta que conducía hasta Río de Janeiro y que garantizaba el transporte del oro y los diamantes de la región hacia la costa.

Fue durante esos años de servicio militar cuando el descontento de Tiradentes comenzó a crecer de manera irreversible. Al recorrer el Caminho Novo y contemplar el volumen de riquezas que los portugueses extraían de la tierra brasileña, mientras la población local permanecía sumida en la pobreza, comenzó a articular una crítica cada vez más abierta a la política colonial de la metrópoli. Sus aspiraciones de ascenso en el escalafón militar se vieron frustradas sistemáticamente: en la Policía Colonial Portuguesa y en todas las Fuerzas Armadas de la metrópoli, todos los rangos por encima del de alférez estaban reservados exclusivamente para los nacidos en Portugal. Tiradentes nunca superó ese grado y se licenció del ejército en 1787 con una amargura que ya no sabía disimular.

Pasó entonces un año en Río de Janeiro, la capital colonial, donde buscó sin éxito aprovechar las oportunidades ofrecidas por los grandes proyectos de canalización que se desarrollaban en la ciudad. Ese fracaso no hizo más que encender sus sentimientos antiportugueses. De regreso a Minas Gerais, empezó a predicar abiertamente, en Vila Rica y sus alrededores, la creación de un movimiento de independencia. A su causa se unieron miembros del clero y figuras de relevancia intelectual, como los poetas Cláudio Manuel da Costa, antiguo secretario del gobierno, Tomás Antônio Gonzaga e Inácio José de Alvarenga Peixoto.

El movimiento ganó impulso ideológico con el ejemplo de la independencia de las colonias británicas en Norteamérica. En Minas Gerais, la economía aurífera en declive añadía urgencia a las demandas políticas: los colonos ya no podían cumplir con el pago anual de cien arrobas de oro destinadas a la Real Fazenda. El punto álgido llegó con la amenaza de imponer la derrama, un tributo de 538 arrobas de oro en impuestos atrasados desde 1762, que debía ser ejecutada por el nuevo gobernador de Minas Gerais, el vizconde de Barbacena.

La conspiración fue traicionada en junio de 1789 por el comerciante Joaquim Silvério dos Reis, quien delató a los conjurados a cambio del perdón de sus deudas. Las detenciones se produjeron de inmediato. La mayoría de los implicados negaron su participación o intentaron trasladar la responsabilidad a otros. Tiradentes tomó una decisión que lo distingue de todos sus cómplices: asumió en exclusividad la responsabilidad de la conspiración, declarando ante sus jueces que él era el único responsable de haber planeado e impulsado el movimiento, procurando así salvar de la condena a sus compañeros.

Fue juzgado, condenado a muerte y ejecutado en Río de Janeiro el 21 de abril de 1792 mediante ahorcamiento. Su cuerpo fue descuartizado, su cabeza expuesta en Vila Rica como escarmiento para quienes osaran desafiar a la corona portuguesa, y su sangre derramada como símbolo de la determinación de la metrópoli de sofocar cualquier amago de independencia. La brutalidad del castigo tuvo el efecto contrario al deseado: convirtió a Tiradentes en mártir y en símbolo de todos los que soñaban con una Brasil libre.

Hoy el 21 de abril es feriado nacional en Brasil en su honor. Tiradentes es considerado el héroe civil más importante de la historia brasileña, precursor de la independencia que llegaría tres décadas después de su muerte. Su figura encarna la contradicción fundamental de su tiempo: un hombre de orígenes humildes, formado en los oficios más prácticos, que se convirtió en portavoz de los ideales más elevados de la Ilustración en una sociedad colonial profundamente desigual.

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