En las llanuras aluviales bañadas por el Éufrates y el Tigris, en el extremo sur de la antigua Mesopotamia, nació hace más de seis mil años la que muchos historiadores consideran la primera civilización de la humanidad. Sumeria, cuyo nombre en acadio es Šumeru y en sumerio ki-en-gi, habitualmente traducido como "tierra del señor de los cañaverales", fue el escenario de avances que transformarían para siempre el curso de la historia humana, desde la invención de la escritura hasta el desarrollo de las primeras ciudades-estado conocidas.
El territorio sumerio abarcaba el sur de la Mesopotamia, la región situada entre los grandes ríos en lo que hoy es el sur de Irak. Sus habitantes se llamaban a sí mismos sag-giga, que en su propia lengua significaba "el pueblo de las cabezas negras". Los vecinos semitas acadios, que acabarían sucediéndoles como potencia dominante, los denominaron sumerios, término que ha perdurado hasta la actualidad. De dónde procedían originalmente los sumerios es uno de los grandes enigmas de la arqueología antigua, un problema que los académicos del siglo XX bautizaron como "el problema sumerio", y para el que hasta hoy no existe una respuesta satisfactoria.
Los asentamientos humanos en la Baja Mesopotamia se remontan al Neolítico, como demuestra la cultura de Jarmo, datada entre el 6700 y el 6500 antes de Cristo. Le siguieron las culturas del Calcolítico: Hassuna-Samarra entre el 5500 y el 5000 antes de Cristo, El Obeid entre el 5000 y el 4000, el período de Uruk entre el 4000 y el 3200, y finalmente Yemdet Nasr entre el 3200 y el 3000. No existen registros escritos de estas etapas tempranas, por lo que la arqueología material es la única ventana disponible para asomarse a esos mundos remotos.
La hipótesis más aceptada entre los especialistas actuales sostiene que no hubo ninguna ruptura cultural violenta con el período de Uruk, lo que descartaría invasiones o migraciones masivas desde territorios lejanos como el origen del pueblo sumerio. Es posible que los sumerios fueran una tribu proveniente de algún lugar exterior, quizás las estepas de Asia central, pero su origen concreto permanece desconocido. Los estudios craneológicos de los enterramientos no han podido resolver la cuestión, pues muestran una mezcla de tipos dolicocéfalos y braquicéfalos que impide conclusiones étnicas definitivas.
Lo que sí es seguro es que, a partir del período de Uruk, los sumerios desarrollaron las primeras ciudades-estado del mundo conocido. Uruk, Ur, Nippur, Lagash, Eridu y otras urbes surgieron en esas llanuras fértiles, cada una gobernada por un rey o un sacerdote-rey que ejercía su autoridad en nombre de la divinidad patrona de la ciudad. Esta estructura teocrática de gobierno, donde el poder político y el religioso eran inseparables, caracterizó a la civilización sumeria durante toda su existencia.
El logro más revolucionario de los sumerios fue sin duda la invención de la escritura. Alrededor del año 3100 antes de Cristo, en la ciudad de Uruk, comenzaron a utilizarse pequeñas tablillas de arcilla con inscripciones pictográficas para registrar transacciones comerciales. Con el tiempo, esos pictogramas se fueron estilizando hasta convertirse en los signos cuneiformes, escritura que adoptarían acadios, babilonios, asirios y muchos otros pueblos de Oriente Próximo durante milenios. Junto con la escritura surgió también la literatura: el Poema de Gilgamesh, que relata las aventuras del legendario rey de Uruk y reflexiona sobre la mortalidad humana, es considerado la primera obra literaria extensa de la historia.
La ingeniería sumeria fue igualmente revolucionaria. Sus arquitectos construyeron los zigurats, enormes estructuras escalonadas de ladrillo cocido que servían como templos y como símbolos del poder divino y terrenal. Desarrollaron sistemas de irrigación que transformaron las áridas llanuras mesopotámicas en campos fértiles capaces de alimentar a miles de personas. Sus matemáticos trabajaron con un sistema numérico de base sesagesimal, cuya influencia sobrevive hoy en nuestra división del tiempo en horas de 60 minutos y los círculos en 360 grados.
La hegemonía sumeria en Mesopotamia llegó a su fin alrededor del año 2334 antes de Cristo, cuando Sargón de Acad conquistó las ciudades-estado sumerias y fundó el primer imperio multinacional de la historia. Sin embargo, la derrota política no supuso la desaparición cultural: la lengua, la religión, la literatura y las técnicas administrativas sumerias fueron adoptadas y transmitidas por los acadios, los babilonios y los asirios, convirtiéndose en el sustrato sobre el que se edificó gran parte de la civilización de Oriente Próximo durante dos milenios más.
El legado de Sumeria es inmenso e incompletamente apreciado. Sus textos cuneiformes, desenterrados a lo largo de los siglos XIX y XX en yacimientos como Nippur y Ur, han revelado no solo datos históricos y administrativos, sino también himnos religiosos, lamentos, disputas poéticas y tratados de medicina que muestran la extraordinaria sofisticación intelectual de este pueblo. La escritura que inventaron, la ciudad que concibieron y el derecho que codificaron sentaron las bases sobre las que toda la civilización occidental se construyó después.