civilizacoes perdidas

Göbekli Tepe

Santuario del neolítico en la actual Turquía

7 min01/01/2024
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En el sudeste de Turquía, a apenas quince kilómetros al noreste de la antigua ciudad de Sanliurfa —considerada por el islam como la cuna del profeta Abraham—, se eleva una colina que durante milenios guardó en silencio uno de los secretos más extraordinarios de la humanidad. Göbekli Tepe, que en turco significa literalmente "colina panzuda" o "colina del ombligo", no parece, a primera vista, más que un promontorio pedregoso batido por el viento. Sin embargo, bajo su superficie yace el complejo megalítico más antiguo que se conoce hasta hoy, un santuario construido en el X milenio antes de Cristo, entre los años 9600 y 8200 a. C., seis mil años antes de que los constructores de Stonehenge pusieran la primera piedra.

La historia de su redescubrimiento moderno comienza en 1965, cuando una prospección arqueológica estadounidense identificó que aquella colina no era del todo natural. Los investigadores de entonces supusieron que debajo descansaba un cementerio de época bizantina y no prestaron mayor atención al asunto. Durante generaciones, los campesinos locales habían cultivado sus tierras retirando piedras del suelo y apilándolas en montones para despejar sus campos, destruyendo quizás sin saberlo evidencias arqueológicas de valor incalculable. El sitio tuvo que esperar casi tres décadas para ser investigado con rigor científico.

En 1994, el arqueólogo alemán Klaus Schmidt realizaba un reconocimiento sistemático de yacimientos arqueológicos en la región cuando llegó a aquella colina. Schmidt no necesitó mucho tiempo para comprender que los fragmentos de piedra dispersos en la superficie correspondían a un sitio prehistórico y no medieval. Desde ese año, las excavaciones quedaron bajo la dirección conjunta del Instituto Arqueológico Alemán y los científicos turcos del Museo de Sanliurfa. Investigadores de la Universidad de Karlsruhe se incorporaron para documentar los vestigios arquitectónicos y fue entonces cuando se comenzaron a descubrir las impresionantes columnas en forma de T, algunas de las cuales presentaban aparentes intentos de destrucción.

Lo que emergió de la tierra desconcertó profundamente a la comunidad científica. Las columnas calcáreas, que pueden superar los cinco metros de altura y pesar decenas de toneladas, están dispuestas en círculos concéntricos y decoradas con bajorrelieves de animales —zorros, buitres, escorpiones, serpientes, jabalíes— con una maestría técnica y artística que nadie esperaba encontrar en una cultura de cazadores-recolectores del Neolítico temprano. El complejo no era un edificio aislado sino un conjunto de recintos monumentales superpuestos, construidos a lo largo de siglos.

La pregunta que Göbekli Tepe lanzó al mundo académico resultó tan incómoda como apasionante: ¿quién construyó todo esto? Las evidencias apuntaban a grupos de nómadas cazadores-recolectores que todavía no conocían la agricultura ni habitaban de forma permanente en el lugar. Klaus Schmidt lo describió como "el primer templo del mundo: un santuario utilizado por grupos de nómadas de una amplia zona, con pocos o ningún habitante permanente". El yacimiento está situado en la cima de una montaña rocosa, lejos de fuentes conocidas de agua, y hasta la fecha no ha producido evidencia clara de cultivo agrícola.

Esto trastocó una de las grandes narrativas de la prehistoria. Durante décadas, los historiadores habían asumido que la secuencia lógica del desarrollo humano era: primero la agricultura, luego los asentamientos permanentes, y finalmente la arquitectura monumental y la religión organizada. Göbekli Tepe sugería que podía ser exactamente al revés: que la necesidad de reunirse en torno a un lugar sagrado impulsó la cooperación social a gran escala, y que esa cooperación quizás fue el motor que llevó a los seres humanos a cultivar la tierra para poder alimentar a las multitudes que acudían al santuario. El debate sobre la relación entre la religión y la agricultura como motores de la civilización está lejos de cerrarse.

El complejo fue utilizado durante varios siglos del período Neolítico temprano, en el momento en que el suroeste de Asia veía surgir los asentamientos humanos permanentes más antiguos del mundo. Por razones que aún se desconocen, hacia el año 8000 a. C. todo este extraordinario conjunto de piedras, pilares y esculturas fue deliberadamente enterrado. Los constructores rellenaron los recintos con tierra y escombros, sellando su obra bajo metros de sedimento, donde permanecería olvidada durante aproximadamente diez mil años. Esa acción intencional es en sí misma un misterio que los arqueólogos no han podido resolver todavía.

Tras el fallecimiento de Klaus Schmidt en 2014, el profesor Ricardo Eichmann, del Instituto Arqueológico Alemán, asumió la dirección de las excavaciones. Bajo su liderazgo y el de los equipos que lo sucedieron, muchas de las interpretaciones originales de Schmidt han sido revisadas o incluso abandonadas. Las investigaciones recientes han añadido nuevas capas de complejidad al sitio: se ha descubierto que solo una pequeña fracción del yacimiento ha sido excavada y que el conjunto es considerablemente mayor de lo que se pensaba inicialmente.

Juntamente con el cercano yacimiento de Nevalı Çori, Göbekli Tepe ha revolucionado la comprensión del Neolítico euroasiático. Los especialistas lo consideran el lugar donde pudo nacer "la conciencia de lo sagrado" que encendió "la chispa de la civilización". No se trata de una metáfora retórica: la coordinación necesaria para tallar, transportar y erigir columnas de varios metros de altura debió requerir formas de organización social, división del trabajo y transmisión de conocimiento que, durante mucho tiempo, se consideraron exclusivas de las sociedades agrarias.

En 2018, la UNESCO reconoció la trascendencia universal del yacimiento al declararlo Patrimonio de la Humanidad. La distinción era más que merecida. En ningún otro lugar del planeta se ha encontrado evidencia de una arquitectura ritual tan antigua y tan elaborada. Göbekli Tepe no es simplemente un sitio arqueológico más; es una grieta en la narrativa convencional de la historia humana, una prueba de que la capacidad simbólica y espiritual del Homo sapiens precede en milenios a todo lo que sus descendientes construirían después.

Su legado científico es difícil de exagerar. Ha obligado a reescribir capítulos enteros de los libros de prehistoria, ha generado una corriente de investigaciones sobre los orígenes de la religión y la civilización, y sigue produciendo descubrimientos cada vez que los arqueólogos retiran una nueva capa de sedimento. Paradójicamente, cuanto más se excava en Göbekli Tepe, más crece la certeza de que hay mucho más por descubrir.

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