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Etruscos

Civilización antecesora de los romanos

7 min01/01/2024
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Antes de que Roma se convirtiera en la dominadora del mundo antiguo, el centro de la península itálica fue escenario de una civilización vigorosa, enigmática y enormemente influyente que los propios romanos miraron con una mezcla de fascinación y recelo. Los etruscos, llamados rasenna o rašna por ellos mismos, tyrsenoi o tyrrhenoi por los griegos, y tusci o etrusci por los romanos, habitaron la Toscana, el Lacio y regiones vecinas durante siglos, y dejaron en la cultura romana una huella tan profunda que resulta imposible comprender el desarrollo de Roma sin entender primero a quienes la precedieron.

Los primeros indicios de una cultura identificable como etrusca datan de alrededor del año 900 antes de Cristo, en lo que los arqueólogos denominan período villanovense, la fase más temprana de la civilización etrusca, heredera a su vez de la cultura protovillanovena de finales de la Edad de Bronce en la misma región. Desde la Toscana, núcleo geográfico del pueblo, la expansión etrusca se extendió hacia Umbría, hacia el Lacio al sur y hacia la parte septentrional de Campania, donde chocaron con las colonias de la Magna Grecia, y hacia el norte llegaron hasta la cuenca del río Po, en las actuales regiones de Emilia-Romaña, Lombardía y el sur del Véneto.

El origen de los etruscos ha sido debatido durante siglos sin que se haya llegado a un consenso definitivo. Los antiguos griegos y romanos discrepaban sobre si eran autóctonos, procedentes de Asia Menor o emigrados del norte de Europa. La lingüística moderna no ha facilitado la solución del enigma, pues el etrusco es una lengua aislada, sin parentesco demostrado con ninguna otra familia lingüística conocida, aunque pudo haber estado emparentada con el lemno, una lengua extinta hablada en la isla griega de Lemnos. El análisis de ADN antiguo de restos encontrados en yacimientos etruscos apunta hacia una procedencia fundamentalmente local, lo que respaldaría la hipótesis de un desarrollo autóctono.

La sociedad etrusca se organizó en torno a ciudades-estado independientes agrupadas en ligas religiosas y políticas. Las principales ciudades, conocidas como las doce lucumonías, entre las que se contaban Veyes, Tarquinia, Cere, Volterra y Populonia, gozaban de autonomía pero compartían festividades religiosas y ocasionalmente coordinaban sus esfuerzos militares. La aristocracia etrusca, los lucumones, acumulaba riqueza a través del comercio y la explotación minera, particularmente del hierro, el cobre y el plomo abundantes en la región de la isla de Elba y las colinas metalíferas de la Toscana.

Llegaron a ser una gran potencia naval en el Mediterráneo occidental, lo que les permitió establecer factorías en Cerdeña y Córcega. Sin embargo, hacia el siglo V antes de Cristo su poder comenzó a menguar drásticamente por una combinación de factores adversos: las invasiones de los celtas desde el norte, que ocuparon la cuenca del Po y ejercieron presión constante sobre las ciudades etruscas septentrionales, y la competencia creciente de los cartagineses en el comercio marítimo, que erosionó su hegemonía en el Mediterráneo occidental.

La cultura etrusca fue extraordinariamente rica. Sus artistas dominaban la escultura en bronce y terracota con una maestría que los propios romanos admiraban profundamente. Sus pinturas funerarias, conservadas en las necrópolis de Tarquinia, Cerveteri y otros lugares, representan escenas de banquetes, danzas, deportes y el más allá con una vitalidad y un colorido excepcionales. La religión etrusca, centrada en la lectura de presagios mediante la inspección de hígados de animales sacrificados y la observación del vuelo de las aves, fue adoptada casi íntegramente por los romanos, que la practicaron durante siglos bajo el nombre de aruspicina.

La influencia etrusca sobre Roma fue decisiva y multidimensional. Los reyes etruscos de Roma, los Tarquinos, transformaron la aldea del Lacio en una ciudad con alcantarillado, templos monumentales y un foro organizado. La toga romana, los fasces como símbolo de autoridad, las carreras de carros, los gladiadores y posiblemente el arco de medio punto son apenas algunos de los elementos que Roma heredó de sus vecinos del norte.

El proceso de absorción de la civilización etrusca por Roma fue gradual y doloroso. Las guerras romano-etruscas comenzaron a finales del siglo IV antes de Cristo; la concesión de la ciudadanía romana a los etruscos en el año 90 antes de Cristo aceleró su asimilación lingüística y cultural, y en el año 27 antes de Cristo, cuando Augusto reorganizó el Imperio y el territorio etrusco fue incorporado a las nuevas divisiones administrativas romanas, la civilización etrusca como entidad diferenciada desapareció definitivamente. Pero lo hizo habiendo dejado en la memoria y las instituciones de Roma una herencia que sobreviviría al propio Imperio.

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