tragedias

SS Laurentic (1908)

Transatlántico británico

4 min01/01/2024
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El SS Laurentic fue uno de esos barcos cuya historia trasciende la simple bitácora de travesías y escalas para convertirse en un símbolo de una época y de los azares de la guerra. Construido a finales de la primera década del siglo XX, su vida fue relativamente breve pero intensa, marcada por innovaciones técnicas, un papel en uno de los casos policiales más sonados de su tiempo y un final trágico que ocultaría en las profundidades del océano una fortuna en oro que todavía hoy no ha sido recuperada en su totalidad.

Su origen se remonta a la necesidad de renovar la flota de la Dominion Line Steamship Company, que operaba un exitoso servicio de pasajeros en la ruta Liverpool-Canadá a finales del siglo XIX y principios del XX. Sus naves más antiguas se habían vuelto obsoletas, y en 1907 la compañía encargó dos nuevos transatlánticos a los astilleros de Harland and Wolff: el SS Alberta y el SS Albany. El destino, sin embargo, tenía otros planes para esos dos buques.

La White Star Line compró el Alberta antes de que este estuviera terminado, y el navío fue concluido y botado el 9 de septiembre de 1908. Poco después, la misma compañía adquirió también el Albany, igualmente incompleto. Al ser incorporados a la flota de la White Star, los dos barcos recibieron nuevos nombres: el Alberta pasó a llamarse Laurentic y el Albany se convirtió en el Megantic. En el momento de su botadura, ambos eran los buques más grandes jamás construidos para el servicio canadiense.

Más allá de su tamaño, el Laurentic y el Megantic tenían una importancia técnica que iba mucho más allá de la línea transatlántica. Los dos barcos fueron utilizados como experimentos a gran escala para determinar los sistemas de propulsión más eficientes para la futura clase Olympic, la misma que incluiría al Titanic y al Britannic. El Megantic fue equipado con dos hélices propulsadas por motores de cuádruple expansión, mientras que el Laurentic, construido sobre el mismo casco y con la misma potencia, recibió una configuración más sofisticada de tres hélices: las dos laterales movidas por motores de triple expansión y la hélice central accionada por una turbina de vapor de baja presión que aprovechaba el vapor de escape de los otros dos motores. Esta disposición trimodal fue la elegida para los grandes transatlánticos de la clase Olympic.

El Laurentic entró en servicio entre Liverpool y la ciudad de Quebec el 29 de abril de 1909. A lo largo de los años siguientes navegó la ruta canadiense con regularidad, ganando fama y notoriedad. Uno de los episodios que lo inmortalizaron tuvo lugar en el contexto de la captura del asesino Hawley Harvey Crippen, uno de los casos policiales más célebres del período eduardiano. El inspector Walter de la Policía Metropolitana de Londres utilizó la velocidad del Laurentic para viajar a Canadá y llegar antes que el fugitivo, que huía a bordo del SS Montrose. Fue uno de los primeros usos de la telegrafía inalámbrica en la persecución de un criminal, y el Laurentic fue el instrumento que permitió la captura.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, el barco se encontraba en Montreal. Fue transformado de inmediato en transporte de tropas de la Fuerza Expedicionaria Canadiense, y posteriormente reconvertido al servicio de crucero mercante armado. Su fin llegó el 25 de enero de 1917, cuando, navegando cerca de Lough Swilly en el norte de Irlanda, golpeó dos minas enemigas y se hundió en menos de una hora. De las 475 personas que había a bordo, solo 121 sobrevivieron.

La tragedia humana fue enorme, pero el Laurentic guardaba otro secreto en sus entrañas: alrededor de 43 toneladas de lingotes de oro, transportados en la sala de equipajes de segunda clase. En el momento del hundimiento, ese cargamento estaba valorado en aproximadamente cinco millones de libras esterlinas, una cifra que equivalía a unos 250 millones de libras según estimaciones de 2007. Los buzos de la Marina Real emprendieron una titánica operación de recuperación que se prolongó entre 1917 y 1924, realizando más de cinco mil inmersiones. Lograron rescatar casi el total del oro, aunque 22 lingotes permanecen hoy en el lecho marino, probablemente enterrados bajo partes del casco hundido a unos diez metros por debajo del fondo del mar, en una profundidad que hace extremadamente difícil su recuperación.

El SS Laurentic es hoy recordado como un testimonio de la era de oro de los grandes transatlánticos, de la ingenuidad técnica de su tiempo y de los caprichos de la guerra que convirtieron en tumba marina a un barco que había sido símbolo de modernidad y velocidad.

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