tragedias

Terremotos de Turquía y Siria de 2023

Gran terremoto en la región fronteriza entre Turquía y Siria

7 min01/01/2024
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El amanecer del lunes 6 de febrero de 2023 quedará grabado para siempre en la memoria colectiva de millones de personas en Turquía y Siria. A las 04:17 hora local, cuando todavía reinaba la oscuridad invernal sobre el sureste de Anatolia, la tierra se abrió con una fuerza inimaginable. El primer sismo, de magnitud 7,8 Mw, tuvo su epicentro a 34 kilómetros al oeste de la ciudad de Gaziantep y sacudió una región ya castigada por décadas de conflicto, pobreza y fragilidad institucional. Nueve horas más tarde, a las 13:24 hora local, un segundo terremoto de magnitud 7,5 Mw golpeó más al norte, cerca de Ekinözü, en una falla diferente a la del primer sismo, por lo que los sismólogos no lo consideraron una réplica sino un evento independiente. Este segundo terremoto fue especialmente cruel: provocó el colapso definitivo de muchos edificios que habían resistido el impacto inicial, sembrando el pánico en una población que ya intentaba reorganizarse entre los escombros.

La magnitud de la tragedia superó cualquier referencia histórica reciente en la región. Fue el terremoto más mortífero y poderoso registrado en Turquía desde el que devastó Erzincan en 1939, también de magnitud equivalente, y comparte con aquel el segundo lugar en la historia sísmica del país, por detrás únicamente del colosal Terremoto de Anatolia del Norte de 1668. Para Siria, supuso la catástrofe sísmica más mortífera desde el terremoto de Alepo en 1822, uno de los más destructivos que ha registrado el Levante mediterráneo. A escala global, fue el terremoto más mortal desde el que devastó Haití en 2010. Sus efectos se dejaron sentir con daños estructurales significativos no solo en Turquía y Siria, sino también en el Líbano, Israel, Chipre y la costa turca del mar Negro.

La causa geológica de este doble desastre se encuentra en una de las zonas de mayor actividad tectónica del planeta. La ubicación de los epicentros sitúa el terremoto en las proximidades de una unión triple entre las placas de Anatolia, Arabia y África. El mecanismo del primer sismo es consistente con el comportamiento de la falla de Anatolia Oriental, una falla transformante sinistral de 700 kilómetros de longitud que constituye el límite entre las placas de Anatolia y Arabia. Esta falla muestra tasas de deslizamiento variables que disminuyen de este a oeste, desde 10 milímetros por año en el extremo oriental hasta apenas 1 a 4 milímetros por año en el occidental. A lo largo de su historia documentada, la falla de Anatolia Oriental ha generado terremotos importantes en 1789, 1795, 1872, 1874, 1875, 1893 y 2020, rompiendo segmentos individuales de su longitud. A diferencia de la falla de Anatolia del Norte, que fue enormemente activa a lo largo del siglo XX con once grandes terremotos, la falla oriental había permanecido sísmicamente tranquila durante décadas. Los segmentos Palu-Sincik y Çelikhan-Türkoglu habían sido identificados por los especialistas como brechas sísmicas preocupantes, con acumulaciones de deslizamiento de 1,5 y 5,2 metros respectivamente, suficientes para generar terremotos de magnitud 7,4 y 7,7. La tensión acumulada durante siglos se liberó de manera catastrófica en ese amanecer de febrero.

El terremoto fue seguido por más de mil réplicas registradas en los días y semanas posteriores, manteniendo en un estado de angustia permanente a una población que vivía literalmente entre las ruinas. Las condiciones meteorológicas convirtieron las operaciones de rescate en una pesadilla logística adicional: una intensa tormenta de invierno llegó sobre la región justo en los días críticos, cubriendo los escombros de nieve y provocando una caída en picada de las temperaturas. Para los supervivientes atrapados bajo los derrumbes, el frío extremo representó una amenaza mortal adicional a las lesiones físicas; el riesgo de hipotermia se convirtió en una carrera contrarreloj para los equipos de rescate que llegaban desde decenas de países.

El balance humano resultó devastador. Hasta el 10 de marzo de 2023, se habían contabilizado más de 59.000 muertes: aproximadamente 51.000 en territorio turco y alrededor de 8.000 en Siria. La cifra real podría ser aún mayor, dado que en la zona siria afectada la guerra civil había debilitado enormemente las estructuras estatales y sanitarias, complicando el recuento de víctimas en áreas de difícil acceso. Además de las muertes, cientos de miles de personas perdieron sus hogares en pleno invierno, creando una crisis humanitaria masiva que requirió una respuesta internacional sin precedentes. Se estima que los daños materiales causados por el terremoto alcanzaron los 84.100 millones de dólares, lo que lo convierte en el cuarto terremoto más costoso registrado en la historia de la humanidad.

La respuesta internacional fue extraordinaria en escala aunque no siempre en coordinación. Decenas de países enviaron equipos de rescate especializados, suministros médicos, tiendas de campaña, generadores y alimentos. Las organizaciones humanitarias internacionales se movilizaron masivamente, aunque en la zona siria las complicaciones diplomáticas y logísticas derivadas del conflicto bélico retrasaron la llegada de ayuda a algunas de las áreas más golpeadas. En Turquía, el gobierno declaró el estado de emergencia en las diez provincias afectadas y desplegó al ejército para apoyar las tareas de rescate y distribución de ayuda.

El desastre desató también un debate político intenso en Turquía sobre la calidad de la construcción y el cumplimiento de las normativas antisísmicas, especialmente en un país que había actualizado sus códigos de edificación tras terremotos anteriores. Miles de edificios que supuestamente habían sido construidos bajo estándares modernos se desplomaron como castillos de naipes, mientras que estructuras más antiguas en algunos casos resistieron. Esta contradicción alimentó una ola de indignación popular contra constructoras, funcionarios corruptos y autoridades reguladoras que presuntamente habían tolerado irregularidades a cambio de sobornos. Decenas de personas vinculadas al sector de la construcción fueron detenidas en los días siguientes al terremoto.

Los terremotos de febrero de 2023 dejaron una herida que tardaría años en cicatrizar. La reconstrucción de ciudades como Antakya, que quedó prácticamente destruida, se convirtió en un proyecto de alcance histórico. El trauma psicológico de las poblaciones afectadas, la pérdida irreparable de patrimonio cultural milenario y la magnitud de la crisis humanitaria generada configuraron uno de los desastres naturales más graves del siglo XXI hasta la fecha.

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