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Francisco de Paula Rodrigues Alves

Político brasileño, 5.º presidente de la República Federativa del Brasil

4 min01/01/2024
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Francisco de Paula Rodrigues Alves nació el 7 de julio de 1848 en Guaratinguetá, en el estado de São Paulo, en una familia de tradición conservadora y vocación pública. Su formación intelectual fue sólida desde temprana edad: cursó estudios en el célebre Colegio Pedro II, obtuvo el grado de bachiller en Letras y se diplomó en la Facultad de Derecho de São Paulo, una de las instituciones más prestigiosas del Brasil imperial. Esa combinación de rigor jurídico y cultura humanística marcaría el estilo de su futura gestión pública.

Su carrera política comenzó en el ámbito local y provincial, desempeñándose como concejal y luego como diputado provincial y general bajo las banderas del Partido Conservador. En 1887 fue designado presidente de la provincia de São Paulo, cargo que le granjeó el título de Consejero y consolidó su posición como uno de los políticos más relevantes del escenario paulista. Con la proclamación de la República en 1889, Rodrigues Alves no quedó al margen de los nuevos vientos: en 1890 fue elegido diputado a la Asamblea Constituyente que daría forma al nuevo Estado republicano, y en 1891 asumió como ministro de Hacienda.

En los años siguientes continuó acumulando responsabilidades de primera magnitud. En 1893 fue elegido senador por São Paulo, aunque renunció al cargo en 1894 para volver a ocupar la cartera de Hacienda, esta vez en el gobierno de Prudente de Morais. En ese rol, Rodrigues Alves protagonizó una de las negociaciones financieras más importantes de su época: la consolidación de los empréstitos externos de Brasil con los banqueros ingleses de la casa Rothschild, operación que contribuyó a estabilizar las finanzas de la joven república. Antes de asumir la presidencia nacional, ejerció nuevamente como presidente del estado de São Paulo en 1900, acumulando así una experiencia de gobierno que pocos podían igualar.

Su presidencia constitucional de la República, que se extendió entre 1902 y 1906, está considerada una de las más notables del período conocido como la República Velha. El gobierno de Rodrigues Alves contó con el beneficio excepcional de coincidir con el auge del ciclo del caucho, durante el cual Brasil concentraba el 97 por ciento de la producción mundial de ese codiciado producto. Esa bonanza económica le proporcionó recursos fiscales abundantes para emprender transformaciones de gran envergadura.

Una de las realizaciones más recordadas de su administración fue la Campaña de Vacuna Obligatoria, promovida por el médico sanitarista Oswaldo Cruz, quien ejercía como secretario de Salud. La campaña buscaba erradicar la viruela de la ciudad de Río de Janeiro mediante la vacunación compulsiva, pero encontró una resistencia popular feroz que terminó desembocando en la llamada Revuelta de la Vacuna, uno de los episodios más turbulentos de la historia urbana brasileña. A pesar de los disturbios, la política sanitaria logró sus objetivos a largo plazo.

Paralelamente, su gobierno impulsó la Reforma Urbana de Río de Janeiro bajo la conducción del ingeniero Pereira Passos, alcalde de la ciudad. Esa transformación convirtió la capital federal en una metrópolis moderna, con avenidas amplias, nuevos edificios y un saneamiento que erradicó focos de enfermedades endémicas como la fiebre amarilla. La remodelación fue comparable, en su escala y ambición, a las grandes reformas urbanas que por esa misma época se realizaban en París o Buenos Aires.

En el plano territorial, Rodrigues Alves tomó en 1903 una decisión de consecuencias duraderas: la compra de la región de Acre a Bolivia mediante el Tratado de Petrópolis. Esa adquisición, negociada en parte gracias a la habilidad diplomática del Barón de Río Branco, ministro de Relaciones Exteriores, incorporó al territorio brasileño una extensa zona rica en caucho y afianzó la presencia del país en el corazón de la Amazonia. El Barón de Río Branco fue, junto a José Leopoldo de Bulhões Jardim en Hacienda y Lauro Müller en Transporte, uno de los pilares del gabinete que hizo posible ese período de prosperidad.

Rodrigues Alves dejó la presidencia en 1906 con un prestigio inmenso, siendo aclamado como «el gran presidente». Regresó a la política estadual en 1912, cuando fue nuevamente elegido presidente del estado de São Paulo, y en 1916 ocupó una vez más una banca en el Senado Federal. La cima de su carrera parecía aún por venir cuando, en 1918, fue elegido por segunda vez para la presidencia de la República.

Sin embargo, el destino frustró ese segundo mandato de manera trágica. La pandemia de gripe española, que en ese año asolaba el mundo entero, alcanzó a Rodrigues Alves y lo postró antes de que pudiera asumir el cargo. Su salud se deterioró con rapidez, y falleció en Río de Janeiro el 16 de enero de 1919, sin haber ocupado la presidencia por segunda vez. El vicepresidente Delfim Moreira lo sucedió de manera interina y convocó nuevas elecciones presidenciales.

La historia lo recuerda como el estadista que más se preocupó por el bienestar de la población durante la República Velha, y cuya obra de modernización del país marcó un antes y un después en la historia del Brasil republicano. Su sobrino, Carlos Alberto Alves de Carvalho Pinto, continuaría la tradición familiar en la política paulista, llegando a ser gobernador, ministro y senador.

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