Edward Gibbon nació el 8 de mayo de 1737 en Putney, una localidad a orillas del Támesis, en las cercanías de Londres. Su abuelo había edificado y luego dilapidado la fortuna familiar en la infame burbuja de los Mares del Sur, uno de los grandes escándalos financieros de la historia británica. Gibbon era hijo único y en sus propias memorias se describió a sí mismo como un muchacho de salud frágil, pelirrojo, de voz aguda y con una tendencia a la corpulencia que se acentuaría con los años. Su madre murió cuando él tenía diez años, y la crianza del niño quedó en manos de su tía Catherine Porten, a quien Gibbon llamaría afectuosamente Aunt Kitty y a quien atribuiría buena parte de su amor por los libros.
Estudió en la Kingston Grammar School mientras residía con su tía, y más tarde en la Westminster School. A los catorce años su padre lo envió al Magdalen College de la Universidad de Oxford, pero Gibbon no encontró allí el ambiente intelectual que anhelaba. Describió los catorce meses que pasó en esa institución como los menos provechosos de toda su vida, reprochándole a Oxford que poseía todos los achaques de la vejez sin ninguna de sus virtudes. Lo que sí dejó huella de ese período fue su conversión al catolicismo, que tuvo lugar el 8 de junio de 1753 y que su padre consideró un escándalo intolerable. Expulsado de Oxford, fue enviado a Lausana, Suiza, bajo la tutela de M. Pavilliard, pastor calvinista, donde permaneció cinco años. Su reconversión al protestantismo se formalizó el 25 de diciembre de 1754.
La estancia en Lausana resultó fundamental para su formación. En esa ciudad se entrevistó con Voltaire, se integró plenamente en la cultura intelectual francófona y conoció al único amor de su vida: Suzanne Curchod, hija de un pastor protestante, mujer brillante que más tarde sería esposa de Jacques Necker, ministro de finanzas francés, y madre de la célebre Madame de Staël. El padre de Gibbon se negó a autorizar el matrimonio y exigió su regreso a Inglaterra. Gibbon obedeció con resignación, escribiendo para la posteridad: «Suspiré como un enamorado, obedecí como un hijo».
De regreso en su país, publicó en 1758 su primer libro, el Essai sur l'Etude de la Littérature, escrito en francés y que fue ignorado en Inglaterra aunque recibido con interés en el continente. Entre 1759 y 1763 prestó servicio en la milicia de Hampshire durante la Guerra de los Siete Años. Luego emprendió un Grand Tour por Europa que culminaría en Roma y que constituiría el giro decisivo de su vida intelectual: fue allí, en 1764, contemplando las ruinas del Capitolio mientras los frailes cantaban vísperas en el templo de Júpiter, donde concibió por primera vez la idea de escribir la historia de la decadencia y caída del Imperio romano.
Regresó a Inglaterra en 1765 y durante los cinco años siguientes alternó su residencia entre Londres y Putney. En 1772 falleció su padre, dejándole una herencia suficiente para vivir con comodidad. Fue entonces invitado a incorporarse al famoso club literario fundado por Samuel Johnson en 1765, en cuyas reuniones se codeó con figuras como James Boswell, Edmund Burke y otros eruditos y escritores de primer nivel.
Su obra magna, Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, comenzó a publicarse en 1776 y concluyó en 1788, distribuida en seis volúmenes y setenta y un capítulos. La obra tomaba como punto de partida la muerte del emperador Marco Aurelio y el ascenso de Cómodo al trono, y narraba el lento hundimiento de Roma y la continuación de su herencia en Bizancio hasta la caída de Constantinopla en 1453. La erudición que desplegó Gibbon fue asombrosa para su época: dominó fuentes latinas, griegas, árabes y bizantinas con una fluidez que pocos rivalizaron, y su prosa, de una elegancia irónica inconfundible, convirtió la historia en literatura sin sacrificar el rigor analítico.
Los dos capítulos dedicados al surgimiento del cristianismo y al declive de las instituciones paganas provocaron una tormenta de controversia religiosa que perseguiría a Gibbon durante el resto de su vida. Eclesiásticos y escritores devocionales lo atacaron con furor, pero la solidez de sus argumentos y la precisión de sus fuentes hicieron imposible una refutación satisfactoria. La obra fue traducida a numerosos idiomas y se convirtió en la referencia obligada de quienes estudiaban la historia de Roma durante más de un siglo.
Edward Gibbon falleció el 16 de enero de 1794 en Londres, a los 56 años. La historiografía moderna ha superado naturalmente muchos de sus planteamientos y ha incorporado fuentes y perspectivas que él no conoció, pero su importancia como pionero de la historia crítica y científica permanece indiscutida. Es reconocido como el primer historiador moderno en el sentido pleno del término, y su influencia sobre la escritura histórica posterior resulta imposible de exagerar.

