Pakistán, oficialmente República Islámica de Pakistán, es un estado soberano del sur de Asia con una posición geopolítica estratégica que lo convierte en nexo entre el Oriente Medio, Asia Central y el subcontinente indio. Sus fronteras tocan Afganistán al norte y noroeste, Irán al oeste, India al este y China al noreste, mientras que hacia el sur se abre al mar Arábigo y al golfo de Omán con más de mil kilómetros de costa. El corredor afgano de Vaján lo separa de Tayikistán. Con más de doscientos cuarenta millones de habitantes según el censo oficial iniciado en marzo de 2023, es el quinto país más poblado del mundo.
El territorio que hoy ocupa Pakistán alberga algunas de las civilizaciones más antiguas de la humanidad. La cultura neolítica de Mehrgarh, que floreció hace unos nueve mil años en la región del actual Baluchistán, representa uno de los asentamientos humanos más tempranos del continente. Siglos después, la civilización del valle del Indo —conocida también como cultura harapeña— alcanzó un nivel de desarrollo urbano y técnico que asombra aún a los arqueólogos modernos. Ciudades como Mohenjo-daro y Harapa, con sus sistemas de alcantarillado, planificación urbana y escritura aún no descifrada, son testimonio de esa grandeza antigua.
A lo largo de los siglos, el territorio paquistaní fue parte de sucesivos imperios. Los aqueménidas persas lo incorporaron en el siglo VI antes de nuestra era; Alejandro Magno lo cruzó en su marcha hacia el este en el siglo IV; los seléucidas, los mauryas bajo Asoka y los kushanes dejaron su huella en su historia. El califato omeya introdujo el islam en el siglo VIII, transformación que resultaría determinante para la identidad futura de la región. Los imperios mogol y durrani modelaron la época medieval y moderna, hasta que el dominio británico, establecido firmemente en el siglo XIX, integró el territorio en la gran maquinaria colonial del Imperio de la India.
El nombre del país tiene su propia historia política. Fue acuñado en 1933 por Choudhry Rahmat Ali, activista del movimiento por la independencia musulmana de la India, y publicado en su folleto titulado «Now or Never». Originalmente concebido como un acrónimo de los nombres de cinco regiones del norte de la India británica —Punyab, Afgania, Cachemira, Sind y Baluchistán—, la letra «i» fue añadida posteriormente para facilitar la pronunciación. En urdu y en persa, el término significa literalmente «tierra de los puros», de pāk («puro» en persa) y el sufijo -stān («lugar de»).
La independencia llegó el 14 de agosto de 1947, resultado del movimiento encabezado por Muhammad Ali Jinnah y de las negociaciones que pusieron fin al dominio colonial británico sobre la India. La partición del subcontinente, diseñada para separar las regiones de mayoría musulmana de aquellas con mayoría hindú, fue uno de los procesos más traumáticos del siglo XX: millones de personas se desplazaron en ambas direcciones y la violencia comunal dejó cientos de miles de muertos. Pakistán surgió como estado con dos partes geográficamente separadas: Pakistán Occidental y Pakistán Oriental, divididos por más de mil kilómetros de territorio indio.
Inicialmente constituido como dominio británico bajo la Mancomunidad de Naciones, Pakistán aprobó su primera constitución en 1956 y se proclamó república islámica, rompiendo el último vínculo formal con la Corona. La historia posterior ha sido marcada por una alternancia crónica entre gobiernos civiles y dictaduras militares que ha impedido la consolidación democrática del país. Una guerra civil devastadora en 1971, en la que India intervino militarmente, terminó con la secesión de Pakistán Oriental, que desde entonces existe como Estado independiente bajo el nombre de Bangladés.
La rivalidad con India ha sido la constante más intensa de la política exterior paquistaní. Ambos países han librado tres guerras declaradas —en 1947, 1965 y 1971— además de numerosos conflictos armados menores, siendo la disputa por la región de Cachemira el núcleo permanente del enfrentamiento. La situación adquirió una nueva dimensión en 1998, cuando Pakistán realizó pruebas nucleares, convirtiéndose en el primer y único estado del mundo islámico con armas atómicas y el segundo de Asia Meridional tras India.
En el ámbito interno, el país enfrenta desafíos estructurales de enorme magnitud. El terrorismo, vinculado en parte a los conflictos regionales y a las redes que se desarrollaron durante las guerras de Afganistán, ha costado decenas de miles de vidas paquistaníes. La pobreza afecta a amplios sectores de la población, el analfabetismo permanece elevado y la corrupción institucional mina la credibilidad del Estado.
No obstante, Pakistán es también una potencia intermedia con una presencia internacional significativa. Cuenta con el séptimo ejército más numeroso del mundo y su economía, aunque semi-industrializada, figura entre las veinticinco más grandes del planeta en términos de paridad de poder adquisitivo. Es miembro fundador de la Organización para la Cooperación Islámica, pertenece a la ONU, la Mancomunidad de Naciones, la Organización de Cooperación de Shanghái y el G20 de países en desarrollo, entre otras organizaciones multilaterales.
La diversidad interna del país es tan notable como sus tensiones. Sus cuatro provincias —Punyab, Sindh, Joiber Pastunjuá y Baluchistán— y sus territorios federales albergan decenas de etnias y grupos lingüísticos distintos, con el urdu como lengua oficial nacional aunque solo lengua materna de una minoría. Esta pluralidad enriquece culturalmente al país pero también alimenta tensiones regionales que los sucesivos gobiernos han gestionado con desigual fortuna.
La historia de Pakistán, desde las antiguas ciudades del Indo hasta la modernidad nuclear, es la historia de una civilización de estratos superpuestos que busca, en medio de contradicciones profundas, definir su lugar en el siglo XXI.

