tragedias

Terremoto de la península de Noto de 2024

Sismo tsunamigénico violento y fatal, de 7.5 Mw, en Japón

6 min01/01/2024
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El primer día del año 2024 estaba apenas avanzando su tarde cuando la tierra tembló con violencia inesperada bajo la península de Noto, en la prefectura de Ishikawa, al noroeste de Japón. Eran las 16:10 hora local del lunes 1 de enero cuando un sismo de magnitud 7,6 según la Agencia Meteorológica de Japón, o 7,5 según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, sacudió una región que ya conocía la actividad sísmica pero que no estaba preparada para una sacudida de esa envergadura.

El terremoto generó un tsunami que alcanzó olas de hasta 6,58 metros a lo largo de la costa del mar de Japón, desencadenando la primera alerta mayor de tsunami emitida en el país desde el catastrófico terremoto y maremoto de 2011. La emisora pública NHK informó que se esperaban olas de hasta 5 metros, y el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico señaló que existía peligro en un radio de 300 kilómetros alrededor del epicentro.

Amplias zonas de la costa occidental japonesa, desde Hokkaido en el norte hasta la prefectura de Nagasaki en el sur, quedaron inmediatamente bajo alerta de tsunami. Se emitieron órdenes de evacuación en las prefecturas de Ishikawa, Niigata, Toyama y Yamagata. En total, unas 51.000 personas recibieron la orden de abandonar sus hogares; solo en la ciudad de Wajima, en la prefectura de Ishikawa, mil evacuados buscaron refugio en la base de la Fuerza Aérea de Autodefensa de Japón.

Las consecuencias humanas fueron devastadoras. Con 549 muertos y 1.286 heridos, el terremoto de Noto se convirtió en el sismo más mortífero de 2024. Las víctimas fatales se concentraron en la prefectura de Ishikawa, donde los derrumbes de casas atraparon a personas bajo los escombros. En la ciudad de Nanao, dos personas sufrieron un paro cardíaco fatal cuando una vivienda colapsó sobre ellas. Al menos 10 personas quedaron enterradas bajo edificios derrumbados, según reportó el periódico Asahi Shimbun.

Los daños materiales fueron igualmente graves. Más de 36.000 hogares se quedaron sin electricidad tras el sismo. Un departamento de bomberos de Wajima informó que al menos 30 edificios colapsaron en la prefectura de Ishikawa. A las 17:00 horas se declaró un incendio en Wajima que, debido a los daños en las carreteras que impedían el acceso de los bomberos, consumió varias viviendas antes de ser controlado. En el hospital municipal de la misma ciudad, los médicos atendieron a pacientes con huesos rotos y heridas causadas por la caída de objetos.

La respuesta institucional fue rápida. El primer ministro Fumio Kishida anunció de inmediato la creación de un centro de emergencia especial para coordinar la información sobre el terremoto y el tsunami. El ministro de Defensa, Minoru Kihara, ordenó el despliegue de las Fuerzas de Autodefensa de Japón en la zona afectada: inicialmente 1.000 efectivos, con otros 8.500 en espera, además de unos 20 aviones enviados para evaluar los daños desde el aire.

Las compañías eléctricas también reaccionaron con premura. La Compañía de Energía Eléctrica de Kansai, la de Tokio y la de Hokuriku inspeccionaron sus plantas nucleares en busca de anomalías. Tanto Kansai como Hokuriku reportaron que no se detectaron irregularidades; cabe señalar que los reactores de la Planta de Energía Nuclear de Shika, ubicada en la propia prefectura de Ishikawa, estaban cerrados para inspecciones en el momento del sismo. La Autoridad de Regulación Nuclear de Japón también confirmó que no encontró problemas en las plantas situadas a lo largo de la costa del mar de Japón.

El terremoto también interrumpió los servicios ferroviarios de alta velocidad en las partes central y oriental del país. Al menos 1.400 pasajeros quedaron varados a bordo de cuatro trenes del Shinkansen que permanecieron detenidos durante aproximadamente once horas. Este dato ilustra la escala geográfica del impacto, que se extendió mucho más allá del epicentro inmediato.

El terremoto de la península de Noto dejó en evidencia tanto la vulnerabilidad de las zonas costeras e históricas de Japón ante los grandes sismos, como la capacidad de respuesta del Estado japonés para movilizar recursos en situaciones de emergencia. La tragedia puso en relieve la importancia de los sistemas de alerta temprana y los planes de evacuación, aunque también recordó que ninguna preparación es completamente suficiente frente a fenómenos naturales de esa magnitud.

Más allá de las estadísticas, el terremoto marcó el inicio de 2024 con un recordatorio brutal de la fragilidad de la vida en una de las regiones sísmicamente más activas del planeta. La reconstrucción de las comunidades afectadas en la península de Noto se convirtió en una de las tareas prioritarias del gobierno japonés durante los meses siguientes, en un proceso lento y doloroso que aún continuaba mucho tiempo después del desastre.

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