civilizacoes perdidas

Jamestown (Virginia)

Primer asentamiento permanente inglés en el actual territorio de los Estados Unidos

4 min01/01/2024
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En los primeros años del siglo XVII, cuando Europa miraba hacia el oeste con una mezcla de ambición, curiosidad y temor, un pequeño grupo de ingleses cruzó el Atlántico con el propósito de establecer una presencia permanente en las vastas tierras que los exploradores habían comenzado a cartografiar. El resultado de ese esfuerzo fue Jamestown, el primer asentamiento permanente inglés en lo que hoy son los Estados Unidos, un lugar que concentra en sus escasos metros cuadrados siglos de historia, sufrimiento y transformación.

Los antecedentes de la fundación de Jamestown incluyeron varios intentos fallidos. El más famoso de ellos fue la llamada Colonia Perdida de Roanoke, establecida en 1585 en la isla del mismo nombre, cuyos colonos desaparecieron sin dejar rastro claro de su destino, convirtiéndose en uno de los misterios más persistentes de la historia colonial norteamericana. Era, por tanto, en un clima de esperanza mezclada con precaución que los promotores de la nueva expedición preparaban su empresa.

El 16 de diciembre de 1606 partieron desde los muelles de Blackwall, en el río Támesis, los tres navíos que llevarían a los futuros colonos a su destino: el Susan Constant, el Godspeed y el Discovery. A bordo viajaban 104 hombres y muchachos, una mezcla de aventureros, artesanos, soldados y gentilhombres con escasa experiencia en los trabajos físicos que los aguardaban. La travesía fue larga y accidentada: se detuvieron en las islas Canarias para abastecerse de agua y llegaron a Martinica el 23 de marzo del año siguiente. Finalmente alcanzaron el cabo sur de la bahía de Chesapeake en abril de 1607, inaugurando así la presencia inglesa permanente en el continente norteamericano.

Los primeros días en tierra estuvieron marcados por la tensión. Al intentar explorar la costa, los colonos fueron perseguidos por indígenas que los obligaron a refugiarse en sus naves. Sin embargo, el cartógrafo Richard Hakluyt les había dado instrucciones precisas sobre dónde debían establecerse, y el 14 de mayo de 1607 eligieron definitivamente su emplazamiento: un lugar situado aproximadamente cien kilómetros tierra adentro, junto al río que bautizaron como James en honor del monarca inglés, donde levantaron el fuerte de Jamestown en menos de un mes. La ubicación, sobre una pequeña península de acceso difícil, y la forma triangular del fuerte ofrecían cierta protección tanto frente a posibles ataques de barcos españoles como frente a los indígenas de la confederación powhatan.

Las amenazas no tardaron en materializarse. El 26 de mayo de 1607, apenas semanas después de su llegada, los paspahegh, grupo indígena que habitaba las zonas exteriores a la isla, atacaron el asentamiento, matando a un colono e hiriendo a once más. Era el comienzo de una relación cargada de violencia, desconfianza y negociación forzada entre los recién llegados y las poblaciones originarias de la región.

Si las tensiones externas resultaban peligrosas, las calamidades internas fueron aún más devastadoras. En el invierno de 1608 se produjo un incendio en la bodega de alimentos que dejó a los colonos sin buena parte de sus provisiones, aunque en esa misma temporada lograron construir una capilla y un almacén. El invierno siguiente fue aún más terrible: una hambruna de proporciones catastróficas mató a 200 personas, dejando con vida apenas a 60 colonos. Las descripciones de ese periodo son escalofriantes. Hasta 1610, el 80 por ciento de los colonos de Jamestown habían muerto a causa del hambre, las enfermedades y los ataques, y los testimonios de la época recogen casos de canibalismo entre los supervivientes, incluyendo el caso de una niña de catorce años cuyo análisis fue realizado posteriormente en el Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsonian.

Con el paso de los años, el asentamiento fue consolidándose y Jamestown creció hasta convertirse en un pueblo más estable. Sin embargo, los conflictos con los indígenas powhatan no cesaron. En 1622 se produjo la llamada masacre indígena de ese año, en la que los powhatan atacaron las colonias inglesas de la región, causando la muerte de aproximadamente 400 colonos en una sola jornada. El impacto de ese ataque transformó definitivamente las relaciones entre los colonizadores y las naciones indígenas, endureciendo las políticas inglesas y acelerando el desplazamiento de las poblaciones nativas.

Eventualmente, el fuerte original de Jamestown fue abandonado y la vida colonial continuó en la zona bajo otras formas. Para el siglo XX, se llegó a pensar que el río James había arrastrado y destruido los restos físicos del fuerte original. Fue en 1994 cuando un grupo de arqueólogos realizó el descubrimiento que muchos consideraban imposible: localizaron el sitio exacto donde se había levantado el fuerte. Las excavaciones posteriores sacaron a la luz artefactos, estructuras y restos humanos que han permitido reconstruir con mayor precisión las condiciones de vida de aquellos primeros colonos y confirmar algunas de las historias más dramáticas que los documentos históricos ya sugerían.

Jamestown ocupa un lugar singular en la memoria colectiva de los Estados Unidos: fue el embrión de una nación, el punto de partida de un proceso que transformaría irreversiblemente el continente americano, pero también el escenario de padecimientos humanos de una intensidad que los relatos épicos de la colonización tendieron durante siglos a minimizar o ignorar.

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