En el árido nordeste de Brasil, donde la tierra reseca se extiende bajo un sol implacable y la caatinga perfila paisajes de extrema dureza, tuvo lugar entre 1896 y 1897 uno de los conflictos armados más sangrientos de la historia republicana del país. La guerra de Canudos enfrentó al ejército del recién nacido Estado brasileño contra una comunidad de campesinos, ex esclavos e indígenas que habían encontrado en el liderazgo espiritual de Antônio Conselheiro una razón para resistir el orden establecido.
Para comprender Canudos es necesario situarse en el Brasil del último cuarto del siglo XIX. La región del sertón bahiano era un territorio de pobreza extrema, con una economía de subsistencia basada en la agricultura de temporal y la cría de ganado. No había grandes ciudades salvo la capital, Salvador, distante y ajena a las realidades del interior. La población estaba compuesta en su mayoría por antiguos esclavos negros liberados gracias a la Ley Áurea de 1888, indígenas y mestizos empobrecidos, todos sometidos al poder casi feudal de los terratenientes y grandes comerciantes que controlaban la vida política local.
En ese contexto de marginalidad y desesperación surgió hacia 1870, entre varios predicadores itinerantes, la figura de Antônio Vicente Mendes Maciel. Este hombre delgado, de mirada intensa y vestimenta humilde, recorría el sertón de pueblo en pueblo realizando ritos de tradición cristiana y exigiendo el apoyo de las comunidades que visitaba. Sus seguidores comenzaron a llamarle Antônio Conselheiro, el Consejero. Su discurso mezclaba el misticismo religioso con el mesianismo político, anunciando el retorno del legendario rey portugués Sebastián para instaurar una nueva tierra libre de pecado y miseria. Ese mensaje resonó con fuerza entre los desheredados de la región, especialmente después de una grave sequía en 1877 que agravó aún más las condiciones de vida.
Con el paso de los años, Conselheiro construyó pequeños santuarios y cementerios para los pobres, socorrió a las víctimas de las catástrofes naturales y fue acumulando una fuerza seguidora que inquietaba tanto a las autoridades civiles como al clero católico. La abolición de la esclavitud en 1888 sumó a su causa a numerosos ex esclavos recién liberados pero sin tierras ni medios de vida. Cuando en 1889 se proclamó la república tras el golpe que derrocó al emperador Pedro II, Conselheiro no tardó en pronunciarse contra el nuevo régimen, al que tachaba de inmoral y promotor del Anticristo por haber impuesto la separación entre la Iglesia y el Estado y por promover el matrimonio civil.
En 1893, después de años de deambular por las provincias de Ceará, Pernambuco, Sergipe y Bahía, Conselheiro decidió establecerse de forma permanente con sus seguidores en la abandonada hacienda de Canudos, a orillas del río Vassa-Barris, cerca de la ciudad de Monte Santo. Lo que comenzó como un asentamiento modesto creció con vertiginosa rapidez: en poco tiempo Canudos albergaba a cerca de ocho mil personas, atraídas por las promesas de un mundo mejor y por una comunidad organizada bajo severas reglas religiosas que prohibían el alcohol y los juegos de azar, rechazaban el uso de la moneda republicana y proclamaban la resistencia al pago de impuestos al gobierno.
Las autoridades estatales y federales interpretaron Canudos como una amenaza subversiva contra el orden republicano. Se enviaron sucesivas expediciones militares para destruir el asentamiento, pero todas fracasaron ante la resistencia feroz de los seguidores de Conselheiro, que conocían el terreno y combatían con una determinación que dejó atónito al ejército. Las tres primeras expediciones fueron derrotadas con humillantes bajas militares, lo que convirtió el conflicto en un asunto de orgullo nacional para el gobierno.
Finalmente, en 1897, el ejército brasileño organizó una cuarta y definitiva campaña con miles de soldados, artillería pesada y la resolución de no detenerse hasta arrasar por completo con Canudos. La comunidad resistió durante meses con recursos mínimos, en una de las defensas más extraordinarias documentadas en la historia latinoamericana. Antônio Conselheiro murió en el interior del asentamiento el 22 de septiembre de 1897, posiblemente por enfermedad o heridas, sin ver la derrota definitiva. Canudos fue tomada a principios de octubre de ese año. Los supervivientes, incluyendo ancianos y niños, fueron ejecutados. La comunidad fue arrasada y destruida.
El intelectual brasileño Euclides da Cunha, que cubrió el conflicto como periodista, inmortalizó la tragedia en su obra "Os Sertões" de 1902, un texto que combinaba el reportaje periodístico con la reflexión sociológica e histórica y que se convertiría en una de las obras fundacionales de la literatura brasileña. Da Cunha describió la guerra como una vergüenza nacional, el exterminio de una población abandonada por el Estado al que paradójicamente se le exigía obediencia.
La guerra de Canudos dejó un saldo de decenas de miles de muertos, aunque las cifras exactas siguen siendo objeto de debate entre los historiadores. Lo que no admite discusión es su significado histórico: fue la expresión más brutal de las contradicciones sociales del Brasil republicano, el choque entre un Estado moderno que buscaba imponerse por la fuerza y una comunidad de desposeídos que, a su manera, intentaba construir una vida digna en los márgenes del sistema.

