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Isla Malden

La isla Malden, históricamente llamada también isla Independence, es una isla pequeña e in

4 min01/01/2024
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En el vasto océano Pacífico central, a miles de kilómetros de cualquier costa habitada, existe una pequeña isla que parece concentrar en su superficie reducida siglos de misterio humano y de historia geopolítica. La isla Malden, conocida históricamente también como isla Independence, forma parte del archipiélago de las islas de la Línea, perteneciente a la República de Kiribati, y su nombre no figura con frecuencia en los textos escolares, pero quien la conoce difícilmente puede olvidarla.

Fue descubierta el 30 de julio de 1825 por el capitán inglés George Anson Byron, también conocido como Lord Byron y primo del célebre poeta romántico. El contexto de ese descubrimiento resulta en sí mismo singular: Byron navegaba de regreso de Hawái con una misión solemne y emotiva, la repatriación de los restos del rey Liholiho y de su esposa, quienes habían fallecido de sarampión durante una visita oficial a Londres. En el transcurso de esa travesía de regreso, la expedición avistó la pequeña isla deshabitada y Byron decidió nombrarla en honor del lugarteniente Charles Malden, quien fue el encargado de explorarla y cartografiarla. Era un reconocimiento justo para un oficial que dedicó tiempo y rigor al levantamiento de sus características geográficas.

Lo que encontraron en la isla superó con creces lo esperado para un territorio tan diminuto y remoto. A pesar de estar deshabitada en el momento del descubrimiento, la isla albergaba un conjunto de construcciones megalíticas que desconcertaron a los exploradores: pirámides, plataformas, templos y carreteras de piedra que nadie podía explicar con certeza. Las especulaciones sobre su origen se multiplicaron a lo largo de los siglos, y algunos llegaron a proponer teorías exóticas sobre civilizaciones perdidas o contactos con pueblos de otras regiones del mundo. Sin embargo, las investigaciones arqueológicas realizadas con mayor rigor metodológico han apuntado consistentemente a un origen polinesio, aunque los detalles exactos de quiénes construyeron esas estructuras, en qué época y con qué propósito siguen siendo objeto de estudio.

Durante la primera mitad del siglo XIX, la isla fue frecuentada por balleneros estadounidenses que encontraron en sus aguas territorios de caza favorables. Esta presencia norteamericana tendría luego una dimensión legal: Estados Unidos reclamó la soberanía sobre la isla amparándose en el Acta de Islas Guaneras de 1856, una ley que permitía a ciudadanos y empresas estadounidenses reclamar islas deshabitadas que contuvieran depósitos de guano, el codiciado fertilizante que en aquella época valía tanto como el oro para la agricultura. Sin embargo, los británicos se adelantaron en la explotación efectiva del recurso y durante aproximadamente sesenta años extrajeron guano de la isla de manera sistemática.

El episodio más oscuro de la historia moderna de la isla Malden tuvo lugar en 1957, cuando el gobierno británico la eligió como escenario para una serie de pruebas termonucleares atmosféricas. Aquella elección respondía a criterios de aislamiento geográfico y escaso valor estratégico permanente, pero convirtió a esta pequeña isla del Pacífico en testigo de uno de los momentos más ominosos de la Guerra Fría. Tres detonaciones nucleares transformaron para siempre el perfil medioambiental de la isla y marcaron a las poblaciones de las islas vecinas con consecuencias radiológicas que las generaciones posteriores seguirían denunciando.

El conflicto de soberanía entre Estados Unidos y el Reino Unido sobre la isla se prolongó durante décadas, pero quedó definitivamente resuelto en 1979, cuando Kiribati alcanzó su independencia y la isla pasó a formar parte del nuevo estado insular. Desde entonces, la isla Malden permanece deshabitada, visitada de manera ocasional por investigadores y navegantes aventureros, guardando en su silencio los secretos de sus constructores polinesios, las huellas de los balleneros del siglo XIX y los restos de las pruebas nucleares del siglo XX.

Pocos lugares en el mundo condensan en tan poco espacio físico tanta historia superpuesta: el pasado misterioso de civilizaciones que la arqueología intenta descifrar, el comercio colonial de los siglos modernos, la carrera armamentista de la Guerra Fría y la soberanía pacífica de una nación insular que heredó todo ese legado junto con sus playas y sus lagunas. La isla Malden es, en ese sentido, un microcosmos de la historia humana en el Pacífico.

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