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Hirohito

Emperador de Japón (1926-1989)

7 min01/01/2024
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Hirohito nació el 29 de abril de 1901 en el Palacio de Aoyama, en Tokio, como primogénito del futuro emperador Yoshihito y de la princesa Sadako. Llamado en su infancia Michi no miya, fue separado de sus padres desde muy temprana edad, conforme a la tradición imperial japonesa, y puesto bajo la tutela de preceptores designados. El que mayor influencia ejerció sobre él fue el general Nogi Maresuke, un militar ultranacionalista y veterano cuya devoción al trono era tan absoluta que se suicidó tras la muerte del emperador Meiji. Este fue reemplazado por el almirante Heihachiro Togo, héroe de la guerra ruso-japonesa, figuras ambas que dejaron una impronta profunda en el carácter del futuro soberano.

Hirohito asistió a la escuela Gakushuin entre 1908 y 1914, y luego a un instituto especial para el príncipe heredero hasta 1921. A la muerte de su abuelo, el emperador Meiji, el 30 de julio de 1912, pasó a ser príncipe heredero, aunque la ceremonia formal de reconocimiento no tuvo lugar hasta el 2 de noviembre de 1916. En 1921 se convirtió en el primer príncipe imperial japonés en viajar al extranjero: durante seis meses visitó siete países europeos, entre ellos el Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, los Países Bajos y la Ciudad del Vaticano. Este viaje amplió considerablemente su visión del mundo y su comprensión de las potencias occidentales.

A su regreso, el 25 de noviembre de 1921, asumió la regencia del Imperio debido a la enfermedad mental progresiva de su padre. El 26 de enero de 1924 contrajo matrimonio con la princesa Kuni Nagako, hija del príncipe Kuni Kuniyoshi. El matrimonio fue prolífico: tuvieron siete hijos, entre ellos Akihito, nacido el 23 de diciembre de 1933, quien estaba destinado a sucederle en el trono. El 25 de diciembre de 1926, tras la muerte del emperador Yoshihito, Hirohito ascendió al trono con el título de Shōwa, que puede traducirse como Paz Ilustrada. Se convertía así en el ciento veinticuatro integrante de la línea imperial según el orden de sucesión tradicional, y fue el primer emperador en siglos cuya madre biológica era la esposa oficial de su predecesor.

Al comienzo de su reinado, Japón ya era una potencia de primer orden: la novena economía más grande del mundo, la tercera potencia naval y uno de los cuatro miembros permanentes del consejo de la Liga de las Naciones. Sin embargo, la primera parte de su reinado estuvo marcada por el ascenso de una influencia militar sobre el gobierno civil que el propio Hirohito no siempre pudo o quiso contener. El Ejército Imperial, formalmente excluido del gobierno desde 1900, recurrió en la práctica al asesinato político para imponer su voluntad, siendo el caso más notorio el del primer ministro Tsuyoshi Inukai, asesinado en 1932. A partir de entonces, los militares consolidaron su control sobre las instituciones del Estado.

Durante las décadas de 1930 y 1940, Hirohito fue el jefe de Estado bajo cuyo reinado Japón protagonizó una expansión imperial agresiva en Asia, participó en la Segunda Guerra Mundial al lado de las potencias del Eje y cometió atrocidades documentadas en múltiples teatros de operaciones. El grado de responsabilidad personal del emperador en las decisiones bélicas y en los crímenes de guerra sigue siendo uno de los debates históricos más controvertidos del siglo XX. A diferencia de otros dirigentes del Eje, Hirohito nunca fue procesado por crímenes de guerra tras la rendición de Japón en 1945.

La decisión de preservar la institución imperial fue fundamentalmente estratégica: las fuerzas aliadas de ocupación, encabezadas por el general Douglas MacArthur, consideraron que el emperador era un instrumento indispensable para estabilizar el país y facilitar la transición hacia un nuevo orden. Bajo la constitución de posguerra promulgada en 1947, el papel del emperador quedó redefinido como símbolo del Estado y de la unidad del pueblo japonés, sin poderes ejecutivos.

En ese nuevo papel, Hirohito se convirtió en el rostro de la recuperación y la modernización de Japón durante la segunda mitad del siglo XX. El país devastado por la guerra emergió como la segunda economía más grande del mundo antes del final de su reinado, en uno de los procesos de reconstrucción más extraordinarios de la historia moderna. A partir de 1979, Hirohito fue el único monarca del mundo que ostentaba el título de emperador.

Hirohito falleció el 7 de enero de 1989 en Tokio, a los ochenta y siete años de edad. Fue el emperador más longevo y de reinado más prolongado en la historia japonesa. Hoy es recordado principalmente por su nombre póstumo, Shōwa, con el que se designa tanto a él como a la era que marcó su reinado: una era de profundas convulsiones, destrucción, resurrección y transformación que moldeó el Japón contemporáneo en todos sus aspectos.

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