civilizacoes perdidas

Hernán Cortés

Militar, explorador y escritor español

7 min01/01/2024
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Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano nació en 1485 en Medellín, ciudad de la provincia de Extremadura, en el seno de una familia hidalga cuya posición económica ha sido objeto de debate historiográfico. Era hijo de Martín Cortés de Monroy, hidalgo extremeño, y de su esposa Catalina Pizarro y Altamirano. Por la rama paterna se establecía un parentesco lejano con Francisco Pizarro, quien años después habría de conquistar el Imperio inca en América del Sur. Su abuelo materno, Diego Alfón Altamirano, había sido notario y mayordomo del castillo de Medellín, lo que situaba a la familia en el escalón inferior de la nobleza castellana, con acceso a cierta cultura pero sin grandes riquezas.

La infancia de Cortés, según el testimonio de Francisco López de Gómara, su principal biógrafo, estuvo marcada por una salud frágil. En una ocasión se encontró tan grave que su nodriza escogió al azar entre los nombres de los apóstoles el de san Pedro para que intercediera por el niño enfermo; se dijeron misas, se rezaron oraciones y el pequeño se recuperó. Desde entonces, Cortés mantuvo una devoción particular por san Pedro y mandaba dedicarle una misa cada año en su festividad. A los catorce años, su padre lo envió a Salamanca para estudiar gramática en casa de Francisco Núñez de Valera, cuñado del padre. Según Juan Suárez de Peralta, también pasó un tiempo en Valladolid trabajando con un notario. Esos estudios preparatorios y el contacto práctico con el derecho dieron pie al mito posterior de que Cortés había cursado leyes en la Universidad de Salamanca, aunque lo que parece cierto es que adquirió rudimentos jurídicos que luego utilizó con habilidad en sus negociaciones y en la redacción de sus famosas cartas al rey. Bernal Díaz del Castillo afirmaba que hablaba el latín, aunque algunos biógrafos consideran que esa apreciación es exagerada.

Decidido a buscar fortuna en el Nuevo Mundo, Cortés llegó a La Española y más tarde a Cuba, donde se desarrolló como tesorero, escribano, ganadero y encomendero entre 1504 y 1519. En 1512 fue alcalde de Santiago de Baracoa, la segunda ciudad fundada por los españoles en Cuba. También participó en la financiación parcial de la tercera expedición española a tierra firme. Su relación con el gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, fue inicialmente fructífera pero terminó fracturándose, y cuando Velázquez intentó cancelar la expedición que Cortés preparaba hacia las recién descubiertas costas occidentales de México, el extremeño ignoró la orden y zarpó de todas formas, desafiando abiertamente la autoridad de su superior.

Una vez en el continente, Cortés desplegó una estrategia de alianzas con pueblos indígenas que resultó decisiva para el éxito de la conquista. Grupos sometidos o enemistados con el Imperio azteca, como los tlaxcaltecas, encontraron en los españoles un aliado inesperado y se sumaron a la empresa. De enorme valor fue también la figura de doña Marina, conocida como la Malinche, una mujer nativa que se convirtió en intérprete y consejera de Cortés y con quien tuvo un hijo llamado Martín, el primer mestizo reconocido de la historia novohispana. Cuando Diego Velázquez envió desde Cuba una expedición al mando de Pánfilo de Narváez para arrestar a Cortés, este marchó a su encuentro, derrotó a las tropas y convirtió a los soldados enviados a capturarlo en nuevos refuerzos para su propia empresa conquistadora.

La caída de México-Tenochtitlan en 1521 representó el fin del Imperio azteca y la incorporación de un vasto territorio al dominio de la Corona de Castilla. Cortés fue consciente de que su insubordinación inicial frente a Velázquez podía costarle la vida o la prisión, por lo que redactó una serie de cartas al rey Carlos I en las que describía con detalle sus logros y justificaba sus acciones, apelando directamente a la grandeza de la empresa realizada en nombre de la Corona. La estrategia funcionó: en 1525, Cortés fue admitido en la Orden de Santiago y obtuvo su escudo de armas. Más adelante le fue concedido el título de primer marqués del Valle de Oaxaca, reconocimiento nobiliario de gran prestigio aunque inferior al de virrey, cargo que fue otorgado al aristócrata Antonio de Mendoza y Pacheco, pues Carlos I prefirió no concentrar tanto poder en manos de un capitán cuya lealtad había demostrado ser selectiva.

En 1541, Cortés retornó a España, donde pasaría los últimos años de su vida entre pleitos, reclamaciones y el progresivo olvido de una corte que ya no necesitaba conquistadores sino administradores. Murió el 2 de diciembre de 1547 en Castilleja de la Cuesta, cerca de Sevilla, a los sesenta y dos años. Sus restos conocieron varios traslados y suscitaron intenciones hostiles y gestos simbólicos a lo largo de los siglos, reflejo de la ambivalencia con que la historia ha juzgado a quien transformó para siempre el mapa cultural y político de América. Su figura sigue siendo objeto de debate: para unos, el arquetipo del conquistador audaz e implacable; para otros, el arquitecto de una violencia histórica cuyas consecuencias aún resuenan en el presente.

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