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Enrique de Orleans (duque de Aumale)

Noble y político francés

5 min01/01/2024
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Enrique de Orleans nació en París el 16 de enero de 1822, quinto hijo varón del rey Luis Felipe I de Francia y de la princesa María Amalia de Borbón-Dos Sicilias. Por vía paterna descendía del duque Luis Felipe II de Orleans y de la princesa Luisa María Adelaida de Borbón-Penthièvre; por vía materna era nieto del rey Fernando I de las Dos Sicilias y de la archiduquesa María Carolina de Austria. Su padre le otorgó el ducado de Aumale, título que llevaría durante toda su vida. Desde su nacimiento quedó inserto en el entramado de la alta nobleza europea, pero lo que definiría su existencia no sería solo la sangre sino la cultura, la valentía y una vocación artística excepcional.

En 1830, cuando Enrique tenía apenas ocho años, se produjo un acontecimiento que transformaría su fortuna material de manera radical: falleció su padrino, el príncipe Luis Enrique José de Borbón-Condé, sin dejar descendencia viva. Enrique heredó así las tierras y la enorme fortuna de la familia de los Borbón-Condé, valorada en 66 millones de francos franceses de la época. Era considerada la principal fortuna privada de Francia, tanto por la extensión y variedad de sus propiedades repartidas por todo el país como por el capital que la integraba. Entre los bienes heredados se encontraba el castillo de Chantilly, edificio monumental que con el tiempo se convertiría en su gran proyecto de vida.

Educado inicialmente en el seno familiar, Enrique ingresó en el ejército como capitán de infantería y demostró desde el principio una valentía fuera de lo común en el escenario más exigente de la época: la campaña francesa en Argelia. Ascendió hasta ser nombrado ayudante de campo del gobernador general en 1847, y su actuación durante la revuelta de Abd el-Kader fue especialmente destacada. El 25 de diciembre de 1847, siendo gobernador general de Argelia, participó directamente en la rendición del legendario líder de la resistencia argelina, uno de los episodios más celebrados de la presencia francesa en el norte de África.

En el plano personal, el 25 de noviembre de 1844 contrajo matrimonio con la princesa María Carolina de Borbón-Dos Sicilias, hija del príncipe Leopoldo de Borbón-Dos Sicilias y de la archiduquesa María Clementina de Austria. La pareja tuvo siete hijos, pero la tragedia familiar los persiguió: solo dos llegaron a la edad adulta. El príncipe Luis Felipe, Príncipe de Condé, nació en 1845 y murió en 1866 sin descendencia; el príncipe Francisco Luis, Duque de Guisa, vivió entre 1854 y 1872 también sin dejar herederos. Los otros cinco hijos murieron en la infancia o siendo muy jóvenes.

La caída de la monarquía de Orleans en 1848 obligó a Enrique a exiliarse en Inglaterra. Lejos de entregarse al desánimo, aprovechó ese período para desarrollar sus facetas intelectuales con notable intensidad. Escribió artículos y libros de historia, en especial de historia militar, y una de sus obras más conocidas de ese período fue la Carta sobre la historia de Francia, redactada para rebatir los ataques que Napoleón III dirigía a la Casa de Orleans. También se volcó en el coleccionismo, acumulando con criterio exquisito una vasta colección de dibujos de retratos franceses de los siglos XV al XIX.

Regresó a Francia con el estallido de la guerra franco-prusiana de 1870 y se ofreció como voluntario para combatir, aunque el emperador rechazó su iniciativa. Fue elegido diputado por el departamento de Oise en 1872 e ingresó ese mismo año a la Academia Francesa, ocupando el asiento número 21 en sustitución del conde de Montalembert. Recuperó también su puesto dentro del ejército y llegó a presidir consejos de guerra. Sin embargo, hacia finales de los años setenta fue retirándose progresivamente de la vida pública.

En 1883 se aprobó una ley que prohibía a los miembros de las antiguas familias reales francesas mantener puestos en el ejército, y en 1886 se les obligó a abandonar el país. Pese a las enérgicas protestas de los Orleans y del propio duque, debió exiliarse por segunda vez, pasando sus últimos años entre Italia y otros puntos de Europa. Murió el 7 de mayo de 1897 en Zucco, Sicilia.

El legado más duradero de Enrique de Orleans es el Museo Condé de Chantilly. Tal como dispuso en su testamento, el castillo y sus extraordinarias colecciones de arte quedaron unidos para siempre y donados al Instituto de Francia, con la condición de que las colecciones permanecieran íntegras y accesibles al público. Hoy el Museo Condé es uno de los más importantes de Francia, conservando pinturas, iluminaciones medievales, dibujos y objetos de arte de valor incalculable. Un príncipe que vivió entre batallas, exilios y salones académicos logró que su nombre quedara asociado para siempre a la belleza.

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