Felipe V de España fue uno de los monarcas más longevos y polémicos de la historia peninsular. Nacido el 19 de diciembre de 1683 en Versalles como Felipe de Borbón, duque de Anjou, reinó sobre España durante 45 años y 3 días, el período más extenso en la historia de la monarquía española, aunque ese reinado estuvo partido en dos etapas por una breve abdicación en favor de su hijo Luis I, ocurrida entre el 16 de enero y el 5 de septiembre de 1724. Su apodo, "el Animoso", era casi irónico para un hombre aquejado de profundas crisis depresivas, pero también aludía a una determinación que lo sostuvo en momentos de extrema adversidad.
Su llegada al trono de España fue el resultado de una de las más complicadas maniobras dinásticas de la historia europea. Carlos II, el último Habsburgo español, murió el 1 de noviembre de 1700 sin dejar descendencia. La noticia llegó a Versalles el 6 de noviembre. En su testamento, Carlos había designado como heredero a su sobrino-nieto Felipe, nieto del rey Luis XIV de Francia, con la esperanza de preservar la integridad del Imperio español evitando su desmembración. Apenas diez días después, el 16 de noviembre de 1700, Luis XIV anunció ante la corte que aceptaba la voluntad de su primo, y presentó a su nieto de diecisiete años como rey de España.
La decisión dinamitó el delicado equilibrio europeo. Las potencias, que habían pactado entre sí repartirse la herencia española sin contar con España, se vieron ante un escenario radicalmente distinto. El Primer Tratado de Partición de 1698, que había asignado los reinos peninsulares a José Fernando de Baviera, había quedado sin efecto con la muerte de este en 1699. El Segundo Tratado de Partición de 1700 reconocía al archiduque Carlos de Austria como heredero, pero Carlos II lo ignoró en su testamento. El emperador Leopoldo I, que reclamaba la totalidad de la herencia española para su casa, rechazó reconocer a Felipe.
Esta situación desencadenó la Guerra de Sucesión española, que comenzó formalmente en 1702 y se prolongó hasta 1713-1715. Fue un conflicto de escala continental en el que se enfrentaron Francia y España de un lado, y la Gran Alianza formada por Austria, Inglaterra, los Países Bajos, Portugal y varios principados alemanes del otro. La guerra se combatió en España, Italia, los Países Bajos y el Atlántico, y generó sufrimiento y destrucción a escala europea.
Felipe, un hombre tímido y profundamente religioso, criado bajo la influencia de la marquesa de Maintenon y del teólogo François Fenelón, tuvo que aprender el oficio de rey en condiciones de guerra total. Su abuela paterna, María Teresa de Austria, hija de Felipe IV de España, había renunciado a sus derechos al trono español para casarse con Luis XIV, lo que complicaba aún más la legitimidad dinástica. Felipe V representaba la síntesis de dos grandes linajes, y su acceso al trono planteaba la posibilidad de una unión entre las monarquías francesa y española que el resto de Europa consideraba inaceptable.
Los Tratados de Utrecht en 1713 y Rastatt en 1714 pusieron fin al conflicto. Felipe V fue reconocido como rey de España, pero renunció formalmente a sus derechos a la corona francesa, y España perdió sus territorios europeos: los Países Bajos españoles, el Milanesado, Nápoles, Cerdeña y Gibraltar, este último en manos británicas desde 1704 y codiciado por España hasta hoy. A pesar de las pérdidas territoriales, Felipe V consolidó el poder borbónico en la Península y emprendió una profunda reforma del Estado español siguiendo el modelo centralista francés.
El episodio de la abdicación en favor de su hijo Luis I en 1724 fue breve y dramático. La idea era que Felipe pudiera aspirar al trono francés si el joven Luis XV moría sin herederos, pero esta esperanza se desvaneció rápidamente cuando el propio Luis I de España murió el 31 de agosto de 1724, apenas unos meses después de su coronación, y Felipe hubo de retomar la corona el 5 de septiembre de ese año.
Felipe V falleció el 9 de julio de 1746 en Madrid, después de décadas marcadas por recurrentes episodios de melancolía severa que a veces lo incapacitaban para gobernar. Pese a sus limitaciones personales, su reinado marcó el inicio de la modernización administrativa de España y el establecimiento definitivo de la dinastía Borbón, que, con interrupciones, llega hasta nuestros días.

