tragedias

Inundaciones y deslizamientos de tierra en São Paulo en 2023

Desastre natural en Brasil

4 min01/01/2024
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El litoral norte del estado de São Paulo es una región de extraordinaria belleza natural, donde la Serra do Mar desciende abruptamente hacia el océano Atlántico, formando un paisaje de montañas cubiertas de Mata Atlántica que se funden con playas y bahías de aguas cristalinas. Sin embargo, esa misma geografía que atrae a miles de turistas cada año convierte a sus comunidades en lugares de alto riesgo frente a lluvias extremas, pues las sierras actúan como una barrera natural que amplifica las precipitaciones a través del denominado levantamiento orográfico, fenómeno por el cual el aire húmedo proveniente del mar asciende, se enfría y libera cantidades descomunales de agua.

El fin de semana del Carnaval de 2023, celebrado entre el 18 y el 21 de febrero, que debía ser un período de fiesta y descanso para millones de brasileños, se transformó en una de las tragedias climáticas más devastadoras registradas en el país. Un área de baja presión situada frente a la costa de Brasil arrastró un flujo de humedad cargado desde el océano directamente hacia la sierra paulista, desencadenando lluvias sin precedentes sobre una región que ya de por sí conoce bien los aguaceros tropicales intensos.

Los números resultaron aterradores desde las primeras horas. En la ciudad de Bertioga, ubicada en los accesos a São Sebastião, cayeron 682 milímetros de lluvia en apenas 24 horas, una cifra que superó con creces el récord anterior del país, establecido apenas un año antes, el 15 de febrero de 2022, cuando Petrópolis registró 530 milímetros y sufrió inundaciones mortales. La propia ciudad de São Sebastião acumuló 626 milímetros en el mismo período. Otros municipios del litoral norte también sufrieron totales extraordinarios: Guarujá recibió 395 milímetros, Ilhabela 337 milímetros y Ubatuba 335 milímetros. Los meteorólogos de MetSul Meteorología señalaron que la precipitación registrada en Bertioga podría estar entre los totales más altos jamás documentados en el mundo asociados a ciclones no tropicales.

Con semejante volumen de agua cayendo en pocas horas sobre terrenos montañosos y saturados, la tierra no tuvo capacidad de absorción. Se desencadenó entonces una cascada de deslizamientos de tierra y flujos de lodo que arrasaron viviendas, cortaron carreteras y sepultaron a familias enteras mientras dormían o intentaban huir. São Sebastião fue la ciudad más castigada, concentrando la gran mayoría de las víctimas y destrucciones materiales. Las comunidades ubicadas en las laderas, muchas de ellas asentamientos de bajos recursos construidos en zonas de riesgo, fueron las más vulnerables ante la furia de los aludes.

Al 21 de febrero, las autoridades habían confirmado 44 fallecidos, de los cuales 43 correspondían a São Sebastião y el restante a Ubatuba. La cifra siguió escalando durante los días siguientes: al 26 de febrero el número de muertes había llegado a 65, con 64 de ellas en São Sebastião. Otras 24 personas resultaron heridas, seis de gravedad, y decenas más permanecían desaparecidas bajo el lodo. Al menos 50 viviendas quedaron completamente destruidas en São Sebastião, mientras que un mínimo de 2.496 personas fueron desplazadas o perdieron su hogar por completo.

Las lluvias adicionales registradas el 21 de febrero agravaron aún más la situación, y la agencia meteorológica local advirtió sobre nuevas precipitaciones intensas para el 22 y 23 del mismo mes, manteniendo en alerta máxima a los equipos de emergencia. La carretera Río-Santos, principal vía que conecta el litoral norte paulista con el estado de Río de Janeiro, sufrió daños severos, con numerosos deslizamientos que cubrieron o destruyeron tramos completos de la ruta. Otra vía que unía Santos con Bertioga también quedó bloqueada. En la localidad de Juqueí, los deslizamientos del 21 de febrero desplazaron a 80 personas adicionales. El Puerto de Santos tuvo que cerrar el 18 de febrero ante vientos superiores a 55 kilómetros por hora y olas que superaban el metro de altura.

La respuesta de emergencia fue inmediata pero insuficiente ante la magnitud del desastre. Las agencias locales enviaron más de 100 bomberos desde las primeras horas para labores de búsqueda y rescate. Para el 21 de febrero, más de 600 efectivos entre personal del Gobierno del Estado de São Paulo, el Ejército Brasileño, la Policía Federal, el gobierno municipal de São Sebastião y voluntarios civiles trabajaban sin descanso en el terreno. Entre los rescates más emotivos se contó el de un niño de dos años y una madre que se encontraba en pleno trabajo de parto, ambos extraídos con vida de lo que los rescatistas describieron como un verdadero mar de lodo. Hasta el 21 de febrero se habían distribuido 7,5 toneladas de artículos de socorro entre los damnificados.

El gobernador Tarcísio de Freitas declaró estado de emergencia para cinco ciudades el 20 de febrero, y posteriormente se anunció un estado de calamidad de 180 días para el estado de São Paulo. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva recorrió personalmente las zonas afectadas ese día y aseguró que São Sebastião sería reconstruida en áreas más seguras, aconsejando a los residentes de las laderas que buscaran reubicarse en zonas de menor riesgo. La Armada de Brasil planeó instalar un hospital de campaña con capacidad para 300 camas el 23 de febrero para atender a los heridos y afectados. Las festividades del Carnaval fueron canceladas en Bertioga, Ilhabela, São Sebastião y Ubatuba, en señal de respeto por las víctimas.

La tragedia del litoral norte de São Paulo en 2023 dejó expuestas las profundas vulnerabilidades de comunidades que crecieron históricamente en zonas de riesgo sin una planificación urbana adecuada. El debate sobre la ocupación irregular de laderas, la deforestación y la falta de sistemas de alerta temprana cobró renovada urgencia en los meses siguientes. El evento también puso de manifiesto los efectos del cambio climático sobre los patrones de precipitación en el país, con lluvias cada vez más intensas y concentradas en períodos más cortos. Bertioga quedó en los registros como el punto donde cayó la mayor precipitación en 24 horas en la historia de Brasil, un hito trágico que ninguna ciudad querría ostentar.

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