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Descubrimiento de Brasil

La locución descubrimiento de Brasil (en portugués: descobrimento do Brasil) se refiere a

4 min01/01/2024
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El 22 de abril de 1500, tras semanas de navegación por las aguas del Atlántico sur, trece embarcaciones con más de mil hombres a bordo divisaron una costa desconocida cubierta de vegetación exuberante. Al frente de aquella flota iba el portugués Pedro Álvares Cabral, y el territorio que se abría ante sus ojos era el actual Brasil. Ese encuentro, conocido históricamente como el descubrimiento de Brasil, marcó el inicio de uno de los capítulos más complejos y transformadores de la historia americana y europea.

La expresión "descubrimiento", sin embargo, debe entenderse desde una perspectiva eurocéntrica: las tierras que Cabral avistó estaban habitadas desde hacía milenios por numerosos pueblos indígenas que tenían sus propias culturas, lenguas y formas de organización. Para ellos no hubo descubrimiento alguno; hubo un encuentro con extraños llegados del océano. La historia oficial del término nació en los documentos portugueses y se consolidó como parte de la construcción de la identidad nacional brasileña, donde el período anterior a este acontecimiento ha sido denominado "precabralino", preferido en ese país al concepto de "precolombino" o "prehispánico".

Aunque el viaje de Cabral es el más recordado, no fue el único europeo en llegar a aquellas costas en torno a esa fecha. El español Vicente Yáñez Pinzón había llegado el 26 de enero de 1500, y su compatriota Diego de Lepe lo hizo en febrero de ese mismo año. Antes de ellos, algunos historiadores atribuyen posibles expediciones al portugués Duarte Pacheco Pereira en 1498 y al florentino Américo Vespucio en 1499, aunque estas llegadas son más difíciles de documentar con certeza.

El contexto que impulsó la expedición de Cabral era el éxito reciente de Vasco da Gama, quien había logrado navegar desde Portugal rodeando África hasta llegar a la India, abriendo una nueva ruta comercial hacia las especias de Oriente. Hasta ese momento, el Mediterráneo estaba bajo el control de los pueblos moros, lo que encarecía y dificultaba el comercio con Asia. El rey Manuel I de Portugal, entusiasmado por el éxito de Da Gama, ordenó sin demora la preparación de una segunda flota, más poderosa que la primera, destinada a consolidar aquella ruta hacia las Indias.

La escuadra de Cabral fue la más grande enviada hasta entonces para navegar el Atlántico: diez buques, tres carabelas y una naveta de comestibles, con un total de trece embarcaciones y más de mil hombres. Era una empresa de escala sin precedentes para la época. Aunque los nombres de la mayoría de las naves se han perdido en el tiempo, se conserva el de algunas gracias a la correspondencia comercial de los inversores italianos que participaron en el financiamiento de la expedición.

Entre los buques más documentados destaca la Anunciada, comandada por Nuno Leitão da Cunha, que pertenecía a don Álvaro de Braganza, hijo del duque de Braganza. Fue equipada con los recursos económicos de Bartolomeo Marchionni, un próspero mercader florentino residente en Lisboa, y de Girolamo Sernigi, un banquero florentino que residía en Londres y que había invertido en el comercio de especias. Las cartas que Marchionni y Sernigi intercambiaron con sus socios e inversores italianos son una fuente histórica inapreciable: a través de esa correspondencia comercial se han preservado detalles sobre la composición de la flota que de otra manera se habrían perdido para siempre.

La travesía de Cabral siguió una ruta que se adentraba deliberadamente en el Atlántico occidental, posiblemente para aprovechar los vientos favorables y evitar las calmas ecuatoriales. Esa desviación hacia el oeste llevó a la flota a avistar tierra el 22 de abril. Cabral bautizó el lugar como "Monte Pascual" y, días después, la costa fue nombrada "Terra de Vera Cruz". No mucho tiempo después, el territorio recibiría el nombre de Brasil, derivado del árbol de Brasil o palo de tinte, abundante en aquellas costas y muy codiciado por los comerciantes europeos.

El encuentro entre los portugueses y los pueblos indígenas que habitaban aquellas costas fue inicialmente pacífico. Cabral envió informes al rey Manuel I describiendo la tierra, su vegetación, sus animales y sus habitantes, y ordenó que uno de sus tripulantes, Pero Vaz de Caminha, redactara una carta detallada. Esa carta, conocida como la "Carta de Pero Vaz de Caminha", es el primer documento escrito sobre Brasil y una fuente histórica de valor extraordinario, que describe con asombro y cierta inocencia el encuentro entre dos mundos radicalmente distintos.

La llegada de Cabral no fue un accidente de la navegación, como a veces se ha sostenido, sino el resultado de una política expansionista sistemática del reino de Portugal. En pocas décadas, Portugal establecería una colonia que se extendería hasta abarcar un territorio mayor que toda Europa occidental, transformando para siempre la demografía, la ecología y la historia de América del Sur. El descubrimiento de 1500 fue el punto de partida de esa transformación, con todas sus grandezas y sus sombras.

El legado de aquel 22 de abril es profundamente ambivalente. Por un lado, marca el nacimiento de uno de los países más grandes y diversos del mundo. Por otro, inauguró siglos de colonización que supusieron la devastación de las poblaciones indígenas, la introducción de la esclavitud africana y la destrucción de culturas milenarias. La historia del descubrimiento de Brasil es, en ese sentido, la historia de un mundo que terminó y de otro que comenzó.

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