Carlomagno nació el 2 de abril del año 742, aunque la exacta ubicación de su nacimiento sigue siendo objeto de debate entre los historiadores. Era hijo del rey Pipino el Breve, que había fundado la dinastía carolingia desplazando a los últimos monarcas merovingios, y de Bertrada de Laon. Al morir su padre en 768, el reino franco fue dividido entre Carlomagno y su hermano Carlomán I, según la costumbre germánica de repartir el patrimonio entre los hijos varones. Las relaciones entre los dos hermanos fueron tensas desde el principio, y la guerra civil parecía inminente cuando la muerte repentina de Carlomán en 771 resolvió el conflicto: Carlomagno se convirtió en el único rey de los francos.
El nuevo monarca heredó de su padre una relación privilegiada con el papado que él se encargó de profundizar y consolidar. Cuando el papa Adriano I se vio amenazado por los lombardos del norte de Italia, Carlomagno cruzó los Alpes en 773 y derrotó al rey lombardo Desiderio, proclamándose rey nominal de los lombardos en 774. Esta intervención en la península itálica estableció un precedente que definiría la política carolingia durante décadas: la alianza entre el poder franco y la autoridad papal como pilares complementarios del orden cristiano europeo.
La empresa más larga y exigente de su reinado fue la conquista y conversión forzada de Sajonia, el pueblo germánico pagano que habitaba al norte y noreste del reino franco. La campaña se prolongó durante más de treinta años, entre los años 772 y 804, requiriendo dieciocho expediciones militares sucesivas. La resistencia sajona fue encabezada durante años por el caudillo Widukind, cuya conversión al cristianismo en 785 supuso un punto de inflexión simbólico en el conflicto. La subyugación sajona fue acompañada de conversiones masivas bajo amenaza de muerte, episodios que han sido objeto de crítica moral por parte de historiadores posteriores, y de una política de integración que finalmente incorporó a los sajones al reino franco.
Carlomagno también dirigió su atención hacia la península ibérica, donde los gobernadores musulmanes del norte buscaban apoyo frente al emirato omeya de Córdoba. En 778, cruzó los Pirineos con un ejército y avanzó hasta Zaragoza, pero la ciudad resistió y tuvo que retirarse. Durante la retirada, su retaguardia fue atacada y destruida en el desfiladero de Roncesvalles por guerreros vascones, pereciendo en el combate el conde Roldán y otros nobles francos. Este episodio, aparentemente menor en términos militares, se convirtió en el núcleo de la Chanson de Roland, uno de los monumentos de la literatura épica medieval, en el que los vascones fueron transformados poéticamente en sarracenos para adecuar el relato al contexto de la cruzada cristiana.
El acontecimiento más cargado de simbolismo de su reinado tuvo lugar en Roma, en la Navidad del año 800. El papa León III, amenazado por sus enemigos en la ciudad, había buscado la protección de Carlomagno. Durante la misa de Navidad en la basílica de San Pedro, el pontífice colocó una corona sobre la cabeza del rey franco y la asamblea lo aclamó como Imperator Augustus, emperador de los romanos. La coronación fue presentada como resultado de la supuesta vacancia del trono imperial, entonces ocupado por la emperatriz Irene de Constantinopla, a quien el papado y el occidente cristiano se negaban a reconocer como legítima soberana por el hecho de ser mujer. Carlomagno, según cuenta su biógrafo Eginardo, habría afirmado que de haber sabido la intención del papa, no habría entrado en la iglesia aquel día, aunque muchos historiadores interpretan esa declaración como una ficción diplomática.
La Bizancio de Irene y luego de sus sucesores rechazó furiosamente el título imperial que Carlomagno se había arrogado. La guerra estalló brevemente, pero finalmente en el año 812 el emperador Miguel I Rangabé reconoció a Carlomagno como emperador, aunque sin el calificativo de "de los romanos", que Bizancio se reservaba para sí misma. Era un compromiso diplomático que reflejaba la nueva realidad de un Occidente políticamente unificado bajo la autoridad carolingia.
El territorio bajo dominio de Carlomagno abarcaba lo que hoy son Francia, Suiza, Austria, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, la mayor parte de Alemania, el norte de Italia, parte de Hungría y una franja del noreste de la península ibérica. Era el mayor Estado europeo desde la caída del Imperio romano de Occidente, acaecida unos tres siglos antes. Para gobernar tan vasto territorio, Carlomagno desarrolló un sistema administrativo basado en los condes locales supervisados por los missi dominici, enviados imperiales que recorrían el reino para asegurarse del cumplimiento de las órdenes del soberano.
Su reinado estuvo también marcado por un importante renacimiento cultural conocido como el Renacimiento carolingio. Carlomagno, que según testimonios aprendió a leer en la madurez pero nunca dominó la escritura, se rodeó de los mejores intelectuales de su tiempo, entre ellos el erudito anglosajón Alcuino de York, y promovió la creación de escuelas en las catedrales y monasterios, la copia y preservación de manuscritos clásicos y el desarrollo de una escritura estandarizada, la minúscula carolingia, que facilitó la transmisión del saber por todo el imperio.
Carlomagno murió en Aquisgrán el 28 de enero de 814 y fue enterrado en la catedral de aquella ciudad, que había elegido como sede permanente de su corte. Su legado fue inmenso: se le considera fundador tanto de la monarquía francesa como de la alemana, y ambas tradiciones nacionales lo reclaman como antecesor. Es llamado el padre de Europa por haber dado forma política y cultural a un Occidente cristiano que sobrevivió mucho más allá de su propia vida. El Sacro Imperio Romano Germánico, que continuaría formalmente hasta 1806, hunde sus raíces directamente en la obra política de Carlomagno.

