Jean Cabut, universalmente conocido como Cabu, nació el 13 de enero de 1938 en Châlons-en-Champagne, en el noreste de Francia. Desde niño mostró una inclinación natural hacia el dibujo, y esa vocación lo condujo a la Escuela Estienne de París, uno de los centros de formación gráfica y tipográfica más prestigiosos del país. Sus primeras ilustraciones aparecieron publicadas en un diario local en 1954, cuando apenas tenía dieciséis años, señal temprana de que su talento desbordaba los límites del aula.
La guerra de Independencia de Argelia interrumpió su trayectoria artística y lo obligó a ingresar en las filas del Ejército francés, donde sirvió durante dos años. Lejos de desperdiciar ese período, Cabu lo aprovechó para dibujar en la revista militar Bled y colaborar con Paris-Match. Sin embargo, la experiencia castrense dejó en él una huella opuesta a la que sus superiores hubieran deseado: el contacto cotidiano con la disciplina militar y la obediencia ciega moldeó en él una postura antimilitarista que lo acompañaría durante el resto de su vida, junto a una visión del mundo de carácter anarquista y profundamente crítica hacia el poder establecido.
Al regresar a la vida civil en 1960, Cabu no tardó en volcar esa rebeldía en el papel. Ese mismo año se convirtió en uno de los fundadores de la revista Hara-Kiri, publicación satírica que escandalizaba y hacía reír a partes iguales, y que se convertiría en referente del humor ácido y transgresor en Francia. La irreverencia de Hara-Kiri abría el camino a una nueva generación de caricaturistas que no tenían miedo de incomodar a nadie.
Durante las décadas de 1970 y 1980 Cabu alcanzó su mayor popularidad. Colaboró con programas de televisión infantil como Récré A2, donde sus personajes simpáticos conquistaron a generaciones de niños franceses, mientras que en paralelo mantenía su trabajo de caricaturista político en Charlie Hebdo y en Le Canard enchaîné, dos de las publicaciones satíricas más influyentes de Francia. Esa dualidad entre el humor tierno destinado a los pequeños y la sátira mordaz dirigida a los adultos reflejaba la complejidad creativa de un artista que se movía con soltura en registros muy distintos.
Entre sus creaciones más célebres destacan Le Grand Duduche, un joven idealista y algo torpe que se convirtió en icono generacional, el adjudant Kronenbourg y sobre todo Mon Beauf, quizás su personaje más influyente desde el punto de vista cultural. Mon Beauf era la caricatura de un francés mediocre, racista, sexista y vulgar en sus costumbres, tan representativo de cierto tipo social que la palabra beauf, abreviación de beau-frère, terminó incorporándose al idioma cotidiano francés como sinónimo de persona ordinaria y de mentalidad cerrada. Pocos autores consiguen que un personaje de ficción modifique el vocabulario de un país.
En febrero de 2006, Charlie Hebdo publicó en su portada una caricatura de Cabu en respuesta a la polémica internacional suscitada por las viñetas del profeta Mahoma aparecidas en un periódico danés. La ilustración mostraba a Mahoma con una expresión de llanto y la leyenda: «Mahoma abrumado por los fundamentalistas», acompañada de la frase en francés C'est dur d'être aimé par des cons, que puede traducirse como «Es duro ser amado por idiotas». La portada generó enorme controversia y una demanda judicial contra la revista, pero también se convirtió en símbolo del compromiso de Cabu y sus compañeros con la libertad de expresión sin límites.
Su relación con París fue siempre objeto de reconocimiento. Entre septiembre de 2006 y enero de 2007 el Hôtel de Ville de la capital acogió la exposición Cabu and Paris, una muestra que exploraba el vínculo entre el caricaturista y la ciudad que lo había visto crecer como artista. Sus dibujos capturaban la vida parisina con una mezcla de afecto, ironía y agudeza observacional difícil de igualar.
En el plano personal, Cabu fue padre del músico Mano Solo, cantante y compositor que falleció en 2010 a los cuarenta y cinco años. La pérdida de un hijo supuso para el dibujante un dolor que apenas se mencionaba en las entrevistas, pero que marcó sus últimos años de vida.
El 7 de enero de 2015, un comando armado irrumpió en la redacción de Charlie Hebdo en París y abrió fuego contra los presentes en una reunión de trabajo. Cabu fue asesinado ese día junto a otros once compañeros, entre ellos varios de los nombres más emblemáticos de la revista. Tenía setenta y seis años. El atentado conmocionó a Francia y al mundo entero, y desencadenó una de las mayores movilizaciones ciudadanas de la historia del país, con millones de personas saliendo a las calles bajo la consigna Je suis Charlie.
El legado de Cabu trasciende sus viñetas. Fue un artista que creyó hasta el final en el poder del humor como instrumento de crítica social y política, y que pagó ese compromiso con su vida. Sus personajes, sus portadas y su visión del mundo siguen siendo objeto de estudio y admiración, y su nombre quedó inscrito para siempre en la historia de la libertad de prensa.