La mañana del 9 de febrero de 2016 comenzaba como cualquier otra jornada de invierno en Bad Aibling, una pequeña ciudad balnearia del sureste de Baviera, en Alemania. Los pasajeros que se dirigían al trabajo o que iniciaban su jornada cotidiana abordaron los trenes de la línea del valle del río Mangfall, una ruta pintoresca que discurre entre colinas y prados del paisaje alpino bávaro. Nada hacía presagiar que esa mañana quedaría inscrita en la historia de los accidentes ferroviarios alemanes como una de las catástrofes más graves de las últimas décadas. Poco después de las 06:46 hora centroeuropea, dos trenes de pasajeros chocaron de frente en un tramo de vía única, generando una colisión que mató a once personas e hirió a otras 85, de las cuales 24 quedaron en estado grave.
Los dos trenes involucrados en el accidente eran unidades múltiples Stadler Flirt que operaban bajo la marca Meridian, de la empresa Bayerische Oberlandbahn, perteneciente al grupo Transdev. La unidad de seis vagones identificada como ET 325 circulaba en dirección este, mientras que la de tres vagones, la ET 355, se desplazaba hacia el oeste con destino a Múnich. Según el programa oficial de circulación, ambos trenes debían cruzarse en la estación de Kolbermoor, donde el convoy que se dirigía al oeste tenía previsto esperar cinco minutos la llegada del tren procedente de Múnich. El tren hacia el oeste partió de Kolbermoor en el horario establecido, pero el tren en sentido este llevaba cuatro minutos de retraso. Esta pequeña diferencia de tiempo, magnificada por un error humano catastrófico, puso en colisión frontal a ambas formaciones. En el momento del impacto, uno de los trenes circulaba a 52 kilómetros por hora y el otro a 87 kilómetros por hora.
El choque fue devastador. Los vagones delanteros de ambas formaciones quedaron aplastados y entrelazados entre sí, atrapando a pasajeros y maquinistas entre el metal retorcido. Entre los once muertos iniciales se encontraban los dos conductores. Una duodécima víctima fallecería semanas después a consecuencia de las heridas sufridas. Los equipos de rescate trabajaron durante horas en condiciones difíciles para extraer a los heridos graves de entre los restos de los vagones, una operación que requirió del despliegue de bomberos, policía y personal médico de urgencias de toda la región.
Las investigaciones sobre las causas del accidente comenzaron de inmediato. El mismo 9 de febrero por la tarde, el ministro federal de Transportes Alexander Dobrindt informó de que dos de los tres registradores de eventos instalados en los trenes habían sido recuperados de los escombros. El tercero fue localizado el 12 de febrero dentro de uno de los vagones. En una rueda de prensa celebrada el 16 de febrero de 2016, la fiscalía local identificó un error humano del despachador de trenes en el centro de señalización de Bad Aibling como la causa principal del accidente. Las investigaciones realizadas por la Agencia Alemana de Investigación de Accidentes Ferroviarios, que abrió el expediente 04/2016, descartaron por completo la existencia de fallos mecánicos o defectos técnicos en los trenes o en la infraestructura de la vía.
La reconstrucción de los hechos que realizaron los investigadores reveló una cadena de errores humanos de consecuencias mortales. El despachador de trenes, identificado en los documentos judiciales como Michael P., estaba distraído con un juego que jugaba en su teléfono móvil mientras tenía bajo su responsabilidad la gestión del tráfico en ese tramo. Esta distracción le llevó a dar instrucciones incorrectas a ambos trenes, permitiendo que se adentrasen simultáneamente en el tramo de vía única donde se produjo el choque. Cuando se percató del error, intentó de manera precipitada enviar códigos de emergencia a los trenes, pero introdujo una combinación incorrecta en su ordenador, lo que impidió que la alerta llegase a tiempo a los conductores. Fue acusado de interferencia peligrosa con las vías ferroviarias, delito tipificado en el ordenamiento penal alemán bajo la denominación de gefährlicher Eingriff in den Bahnverkehr, castigado con penas de hasta diez años de prisión.
El 5 de diciembre de ese mismo año, el tribunal dictó sentencia condenatoria por todos los cargos y le impuso una pena de tres años y medio de prisión. Sus abogados renunciaron a cualquier recurso de apelación una semana después de conocerse el veredicto, lo que convirtió la sentencia en firme. En julio de 2018, Michael P. fue puesto en libertad condicional tras haber cumplido dos tercios de su condena, de conformidad con lo establecido en el artículo 57 del Código Penal alemán.
El accidente de Bad Aibling generó un debate profundo en Alemania sobre los sistemas de seguridad ferroviaria y, en particular, sobre los procedimientos para prevenir errores humanos en los centros de señalización. Se discutió la necesidad de implementar sistemas automáticos de detección de conflictos de tráfico que actuasen de manera independiente a las instrucciones de los despachadores, así como los protocolos de uso de dispositivos personales por parte del personal operativo durante los turnos de trabajo. La tragedia puso de manifiesto que incluso una red ferroviaria considerada entre las más seguras y eficientes del mundo podía ser devastada por un solo momento de distracción humana en un puesto crítico de control.