Tutankamón nació alrededor del año 1343 antes de Cristo en Amarna, la ciudad artificial que su padre, el faraón Akenatón, había construido en medio del desierto como capital de un Egipto transformado por la primera revolución religiosa monoteísta conocida de la historia. Su nombre de nacimiento, Tutankatón, significaba "imagen viviente de Atón", en homenaje al dios único que Akenatón había impuesto sobre el tradicional panteón politeísta egipcio, aboliendo el culto a Amón y a los demás dioses y cerrando sus templos. La madre de Tutankamón era hermana del propio Akenatón, un dato confirmado por análisis de ADN realizados a una momia desconocida encontrada en la tumba KV35 y conocida como "la Dama Joven".
Cuando Akenatón murió, el nuevo orden religioso se derrumbó rápidamente. Tutankamón subió al trono entre los ocho y los nueve años de edad, bajo la tutela del poderoso visir Ay, que probablemente también era pariente suyo y que acabaría sucediéndole en el trono. Una de las primeras acciones de su reinado fue cambiar su propio nombre: de Tutankatón pasó a llamarse Tutankamón, "imagen viviente de Amón", en señal inequívoca de la restauración del viejo orden religioso que el sacerdocio de Amón exigía. La capital fue trasladada de Amarna de vuelta a Tebas, y los restos del propio Akenatón fueron llevados al Valle de los Reyes.
El reinado de Tutankamón fue breve y, en términos políticos, relativamente menor comparado con los grandes faraones que lo precedieron y siguieron. Sin embargo, fue un período de intensa actividad restauradora. Restituyó el culto politeísta, enriqueció las órdenes sacerdotales, comenzó a reparar los monumentos dañados durante el período amarniense y restableció las ceremonias tradicionales que Akenatón había abolido. Contrajo matrimonio con su media hermana Anjesenamón, con quien concibió dos hijas que murieron antes de nacer o poco después, un dato que añade una dimensión de tragedia personal a la historia de este rey-niño.
Tutankamón sufría problemas de salud considerables para su edad. Se ha establecido que padecía una deformidad en el pie izquierdo acompañada de osteonecrosis, lo que le obligaba a apoyarse en bastones para caminar. Varios de esos bastones fueron encontrados en su tumba, junto a bumeranes y arcos que sugieren que, a pesar de su limitación física, estaba instruido en su uso. Presentaba también una leve escoliosis y había contraído malaria. Este cúmulo de problemas de salud contribuyó probablemente a su muerte prematura, que ocurrió cuando tenía apenas dieciocho o diecinueve años, alrededor del año 1324 antes de Cristo en Tebas.
La muerte inesperada de un faraón tan joven generó problemas logísticos: no había una tumba preparada para él. Fue enterrado en un hipogeo del Valle de los Reyes, la tumba KV62, que originalmente había sido destinada a otra dignidad y que resultó modesta para los estándares reales. Sin embargo, esa misma modestia sería paradójicamente la clave de su preservación. El sepulcro fue cubierto por los escombros de las excavaciones posteriores y cayó en el olvido durante más de tres mil años.
El 4 de noviembre de 1922, el arqueólogo británico Howard Carter, que llevaba años excavando en el Valle de los Reyes con la financiación del aristocrático mecenas Lord Carnarvon, descubrió los primeros peldaños de una escalera tallada en la roca. Lo que encontró al descender por ella cambió para siempre la imagen popular del Antiguo Egipto. La tumba estaba prácticamente intacta, algo extraordinariamente raro en un yacimiento que había sido saqueado sistemáticamente a lo largo de los siglos. Contenía más de cinco mil artefactos: muebles, carros desmontados, estatuas, joyas, ropas, armas y objetos rituales de una riqueza y estado de conservación asombrosos.
El hallazgo más icónico fue la máscara funeraria de oro macizo que cubría el rostro de la momia real, una pieza de orfebrería de perfección técnica y belleza serena que se convertiría en uno de los símbolos más reconocibles de la civilización egipcia. Esa máscara se exhibe hoy en el Museo Egipcio de El Cairo y, desde 2022, también en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia. Las noticias del descubrimiento captaron la atención de la prensa de todo el mundo y desencadenaron una oleada de fascinación por el Antiguo Egipto que dura hasta hoy.
Las muertes de varias personas vinculadas al descubrimiento de la tumba en los meses y años siguientes alimentaron la leyenda popular de la "maldición del faraón". Lord Carnarvon fue uno de los primeros en morir, en abril de 1923, a causa de las complicaciones derivadas de la picadura de un mosquito. La prensa sensacionalista convirtió su fallecimiento en el punto de partida de una historia que mezclaba arqueología con superstición. Los egiptólogos han explicado siempre estos decesos por causas naturales, pero la leyenda sobrevivió a los desmentidos científicos.
Parte del ajuar funerario de Tutankamón ha recorrido el mundo en exposiciones que han atraído a millones de visitantes. La primera de ellas tuvo lugar en el Museo del Louvre de París en 1962. Exposiciones posteriores, celebradas entre 2005 y 2011, incluyeron también objetos pertenecientes a otros miembros de la dinastía XVIII, como su padre Akenatón o la reina Hatshepsut. El rey que apenas gobernó una década y que murió siendo casi un adolescente se ha convertido, por la ironía de la historia, en el faraón más famoso del mundo.

