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Sydney Brenner

Biólogo sudafricano

5 min01/01/2024
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Sydney Brenner llegó al mundo el 13 de enero de 1927 en Germiston, una pequeña ciudad industrial de Sudáfrica situada a pocos kilómetros de Johannesburgo. Desde su más temprana infancia dio muestras de una inteligencia fuera de lo común: aprendió a leer a una edad en que la mayoría de los niños apenas distinguen las letras y comenzó la educación primaria con dos años de adelanto respecto a sus compañeros de generación. Los libros fueron su primer laboratorio, y la curiosidad una constante que nunca lo abandonaría.

Durante sus años escolares, Brenner encontró en la química casera su primer campo de experimentación. Con materiales adquiridos en una droguería local y con el microscopio que le había regalado su tío, montó en casa experimentos rudimentarios que anunciaban ya al científico que estaba destinado a ser. A los quince años obtuvo una beca municipal que le permitió estudiar Medicina en Johannesburgo, y en 1946, con apenas diecinueve años, publicó su primer artículo científico en solitario. Como era demasiado joven para graduarse de forma oficial, aprovechó ese período de espera para profundizar en su formación, trabajando como técnico en los laboratorios de los departamentos de Fisiología e Histología de la universidad, donde fue instruido por Joel Mandelstam, Raymond Dart y Robert Broom.

El año 1952 marcó el comienzo de su proyección internacional cuando se trasladó a Oxford para iniciar su doctorado. Allí comenzó a trabajar con bacteriófagos y tomó contacto con la élite de la investigación en biología molecular, un campo que estaba en plena efervescencia. Pero el momento más decisivo de su vida científica llegó en 1953, cuando realizó un viaje de un día a Cambridge para conocer a James Watson y Francis Crick, los dos investigadores que acababan de descifrar la estructura de doble hélice del ADN. Ese encuentro fue, según sus propias palabras, una revelación: comprendió de inmediato que estaba ante el descubrimiento más importante de la biología del siglo, el punto de partida de lo que hoy conocemos como biología molecular.

Tras doctorarse en Oxford, Brenner dedicó las dos décadas siguientes a descifrar el código genético en colaboración estrecha con Francis Crick, trabajando en el Laboratorio de Biología Molecular de Cambridge, del que sería nombrado director en 1979. Esa etapa fue extraordinariamente fecunda: sus investigaciones contribuyeron de manera fundamental a entender cómo la información contenida en el ADN se traduce en proteínas y, en última instancia, en vida.

A mediados de los años sesenta, el interés de Brenner comenzó a desplazarse hacia el desarrollo celular y la muerte programada de las células, fenómeno conocido como apoptosis. Para estudiar estos procesos necesitaba un organismo modelo que fuera lo suficientemente sencillo para ser analizado en su totalidad y lo suficientemente complejo para revelar principios universales de la biología. Encontró ese organismo en el gusano redondo microscópico Caenorhabditis elegans, conocido por las siglas C. elegans. La elección resultó brillante: este pequeño nematodo de apenas un milímetro de longitud, transparente y con un número fijo de células, permitió a Brenner y a sus colaboradores trazar por primera vez el árbol genealógico completo de todas las células de un animal, desde el óvulo fecundado hasta el organismo adulto.

Ese trabajo pionero, que llevó años de investigación meticulosa, culminó con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2002, que Brenner compartió con H. Robert Horvitz y John E. Sulston en reconocimiento a sus contribuciones al conocimiento de la regulación genética del desarrollo y la muerte celular. Al recibir el galardón en diciembre de ese año, tituló su conferencia El regalo de la naturaleza a la ciencia, en homenaje al humilde nematodo que había servido de modelo. En su discurso señaló que haber elegido el organismo adecuado había sido tan importante como cualquier otro factor para la velocidad de los descubrimientos.

En 1986 renunció a la dirección del laboratorio de Cambridge porque las obligaciones administrativas le alejaban de la investigación, su verdadera vocación. Se le concedió entonces la oportunidad de fundar una Unidad de Biología Molecular donde poder proseguirla con mayor libertad. En 1992, a los sesenta y cinco años, se jubiló por primera vez, aunque esa jubilación no duró mucho: viajó a La Jolla, California, para trabajar en el Scripps Research Institute y fundar una empresa dedicada a la secuenciación masiva de ADN. En 1995 creó el Molecular Sciences Institute, orientado a acoger a jóvenes investigadores y a fomentar una visión de la ciencia como reto intelectual. No se retiró definitivamente hasta el año 2000.

Reconocido también por su mordaz ingenio y su capacidad para la divulgación, Brenner fue durante años columnista de la revista Current Biology, contribuyendo a acercar la ciencia al público no especializado. Falleció el 5 de abril de 2019 en Singapur, a los noventa y dos años, dejando tras de sí una herencia científica que sigue alimentando la biología del siglo XXI.

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