En el Madrid de la primera mitad del siglo XVIII, varios eruditos tenían la costumbre de reunirse para conversar sobre historia. Estas tertulias informales, que se celebraban desde 1735 en el domicilio del abogado Julián Hermosilla, eran frecuentadas por personalidades como Antonio Fernández Prieto y Sotelo y otros intelectuales que compartían el interés por el pasado de España. De aquellas reuniones privadas surgió una de las instituciones más longevas y prestigiosas de la cultura española.
El paso de tertulia privada a institución oficial se produjo con rapidez. Los participantes trasladaron sus reuniones a los salones de la recién creada Real Biblioteca, ubicada en el Pasadizo de la Encarnación, y solicitaron el amparo de la corona. Felipe V respondió favorablemente: el 18 de abril de 1738 firmó el real decreto que creaba oficialmente la Real Academia de la Historia, y el 17 de junio del mismo año aprobó sus estatutos mediante Real Cédula. Los fines de la nueva institución quedaron formulados con claridad desde el principio: aclarar la verdad de los sucesos históricos, desterrar las fábulas que la ignorancia o la malicia habían introducido en el relato del pasado y sacar a la luz lo que la antigüedad había oscurecido.
La sede de la institución fue cambiando a lo largo de las décadas siguientes. En 1785, Carlos III ordenó su traslado a la Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor de Madrid, donde ya se encontraba la biblioteca de la Academia desde 1775. Años después, en 1836, el gobierno de Mendizábal realizó una donación de enorme valor: miles de códices, documentos y libros, además del edificio conocido como el Nuevo Rezado, ubicado en el número 21 de la calle del León de Madrid. Este edificio había sido propiedad de los monjes jerónimos del monasterio de El Escorial hasta que la desamortización de los bienes de las órdenes religiosas lo puso en manos del Estado. La Real Orden de 23 de julio de 1837 formalizó el traslado, aunque en la práctica la Academia no se instaló en su nueva sede hasta 1874.
El edificio que hoy alberga la Real Academia de la Historia fue diseñado por el arquitecto Juan de Villanueva, una figura central del neoclasicismo español. Las obras comenzaron en 1788 con el propósito original de custodiar los libros de rezo de los monjes jerónimos, de ahí que la parrilla —símbolo del martirio de San Lorenzo, patrón del monasterio del Escorial— figure en la fachada del edificio. La construcción responde al estilo característico de Villanueva: planta rectangular, alzado severo, austeridad ornamental, grandes proporciones, materiales de calidad y una marcada atención a la simetría y a las líneas de cornisas y esquinas.
El siglo XIX y el XX trajeron nuevas responsabilidades y proyectos de gran envergadura. Desde el 1 de enero de 1938, la Real Academia de la Historia forma parte del Instituto de España, organismo que agrupa a las principales academias nacionales. En 1999, la institución firmó un convenio con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para desarrollar el Diccionario Biográfico Español, una obra de dimensiones monumentales que se proponía reunir unas cuarenta mil biografías de personajes destacados de la historia de España. En diciembre de 2008, los datos biográficos mínimos de los más de cuarenta mil personajes incluidos en la primera edición fueron publicados en internet, y en mayo de 2011 los reyes Juan Carlos I y Sofía presidieron la presentación de los primeros veinticinco tomos en formato impreso. La obra quedó completa en sus cincuenta volúmenes en septiembre de 2013, y a partir de mayo de 2018, las cincuenta mil biografías del diccionario comenzaron a estar disponibles íntegramente en la web de la institución.
En febrero de 2009, la reina Sofía presidió también la presentación del Atlas Cronológico de la Historia de España, la primera obra de referencia de carácter normativo elaborada por la Academia y editada por el Grupo SM, accesible a través de internet para usuarios registrados.
La Real Academia de la Historia es hoy una institución con una misión que sus fundadores habrían reconocido sin dificultad: estudiar la historia de España en todas sus dimensiones, desde la política y la militar hasta la eclesiástica, la cultural y la artística. Casi tres siglos después de aquellas tertulias en casa de Julián Hermosilla, la Academia continúa siendo el principal referente institucional del conocimiento histórico en España.


