Philip Gordon Wylie nació el 12 de mayo de 1902 en Beverly, Massachusetts, en el seno de una familia marcada desde su inicio por la literatura y la tragedia. Su padre, Edmund Melville Wylie, era pastor presbiteriano, y su madre, la novelista Edna Edwards, falleció cuando Philip tenía apenas cinco años, una pérdida que marcaría profundamente su visión del mundo y su relación con las figuras femeninas que exploraría a lo largo de su obra. La familia se trasladó posteriormente a Montclair, Nueva Jersey, donde el joven Wylie creció en un ambiente intelectualmente estimulante.
Wylie estudió en la Universidad de Princeton entre 1920 y 1923, aunque no llegó a graduarse. Ese período universitario le proporcionó una base intelectual sólida que supo complementar con una curiosidad voraz por disciplinas tan diversas como la biología, la etnología, la física y la psicología. Esa formación interdisciplinar se convertiría en el sello distintivo de su obra: una mirada científica aplicada a los grandes problemas del ser humano y de la sociedad.
Antes de encontrar su verdadera vocación, Wylie ejerció los oficios más diversos. Trabajó como arqueólogo, como cocinero y como profesor de gaélico y español. Fue precisamente ese camino sinuoso el que lo llevó, a los veintinueve años, a descubrir su pasión por la escritura creativa. A partir de ese momento, su producción fue incesante: cientos de artículos, novelas, seriales, cuentos, columnas periodísticas y obras de crítica social. Escribió guiones cinematográficos durante su etapa en Hollywood, trabajó como editor para la editorial Farrar and Rinehart y formó parte del Consejo de Defensa del Condado de Dade, en Florida. También fue director del Laboratorio Marino Lerner en las Bahamas y, en algún momento de su carrera, consejero del presidente del Comité Conjunto del Congreso para la Energía Atómica, organismo que dio origen a la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos.
Su primera novela importante fue Gladiator, publicada en 1930. La obra narra la historia de un hombre dotado de una fuerza sobrehumana que lucha por encontrar su lugar en un mundo que no lo comprende. La similitud entre este protagonista y el Superman que debutaría en los cómics en 1938 ha sido señalada en numerosas ocasiones por historiadores de la cultura popular, aunque no existe una confirmación directa de que Jerry Siegel y Joe Shuster, creadores del personaje, estuvieran influenciados por la novela de Wylie. La coincidencia temática sigue siendo, en todo caso, uno de los datos más citados al hablar de los orígenes del superhéroe moderno.
Dos años después, en 1932, publicó The Savage Gentleman, que según el crítico Richard A. Lupoff presenta asombrosas similitudes con el personaje pulp Clark "Doc" Savage, creado por Lester Dent en 1933. Una vez más, Wylie parece haber anticipado arquetipos que definirían décadas de ficción popular norteamericana. En 1933 coescribió junto a Edwin Balmer la novela When Worlds Collide, que narra la colisión de la Tierra con otro planeta y que inspiró tanto la tira cómica Flash Gordon de Alex Raymond como la película homónima producida en 1951 por George Pal.
Wylie utilizó de manera sistemática principios de ingeniería y el método científico en su narrativa. En 1942 publicó Generation of Vipers, un libro de ensayos que se convirtió en un éxito de ventas durante toda esa década. La obra introdujo el concepto de "momism" en el debate cultural anglosajón, un término que hacía referencia a lo que Wylie consideraba un culto excesivo y deformado a la figura materna en la sociedad estadounidense. El libro fue aclamado por algunos como una crítica lúcida y provocadora de la hipocresía social, y acusado por otros de misoginia, debate que en realidad enriquece su legado al reflejar las tensiones de una época en transformación.
Su novela The Disappearance, publicada en 1951, fue quizás su exploración más sofisticada de las relaciones entre los sexos. El argumento parte de una premisa fantástica: de repente, todos los hombres del mundo descubren que las mujeres han desaparecido, y todas las mujeres descubren lo mismo respecto a los hombres. A partir de ese punto de partida, Wylie construye un análisis minucioso de la doble moral sexual, de los derechos de las mujeres y de la homosexualidad, temas que el movimiento feminista de los años setenta exploraría con mucha mayor visibilidad décadas después.
Quizás el episodio más dramático de la vida de Wylie fue el que protagonizó con The Paradise Crater, publicado en 1945. En ese relato, Wylie describía una conspiración nazi posterior a la guerra en la que se desarrollaban y utilizaban bombas de uranio-237. El problema fue que el texto fue escrito y difundido meses antes de la primera prueba atómica exitosa en Alamogordo, en julio de 1945, el secreto mejor guardado de la Segunda Guerra Mundial. El gobierno federal de los Estados Unidos ordenó su arresto domiciliario, considerando que la novela podía comprometer información clasificada, aunque Wylie sostuvo siempre que su descripción era fruto del razonamiento científico y no de ningún acceso privilegiado a información secreta.
A lo largo de su vida, dieciséis películas se basaron en guiones, novelas o cuentos escritos por Wylie, y vendió los derechos de otras obras que nunca llegaron a producirse. Su carrera abarcó décadas y géneros, desde la ciencia ficción pulp hasta los ensayos de crítica social, pasando por el misterio y la reflexión ecológica. En sus últimos años, Wylie dedicó creciente atención a las amenazas del holocausto nuclear y a la degradación del medio ambiente, demostrando una vez más su capacidad para anticipar debates que solo alcanzarían plena resonancia pública años después de su muerte.
Philip Gordon Wylie falleció el 25 de octubre de 1971. Su figura ocupa un lugar peculiar en la historia de la cultura norteamericana del siglo XX: demasiado heterodoxo para encajar cómodamente en ninguna categoría, demasiado lúcido para ser ignorado. Su huella en la ciencia ficción, en los cómics, en el cine y en el debate intelectual de su país es más profunda de lo que su relativa invisibilidad en el canon literario convencional podría sugerir.
