Hay actores que definen una época y hay actores que la trascienden, y Patrick Joseph McGoohan fue de esa segunda clase: una figura que se reinventó constantemente, que rechazó algunas de las oportunidades más lucrativas de Hollywood y que dejó en la cultura popular una huella que el tiempo ha ido agrandando en lugar de borrar.
Nació el 19 de marzo de 1928 en Long Island, Nueva York, en el seno de una familia de inmigrantes irlandeses que pronto tomaría la decisión de regresar a su país de origen. El pequeño Patrick pasó así sus primeros años en el Condado de Leitrim, en la Irlanda rural, donde la infancia estuvo marcada por las estrecheces económicas derivadas de las deudas acumuladas en una granja familiar que producía poco en tierras pobres. Fue en ese entorno austero donde se forjó el carácter tenaz y algo intransigente que marcaría tanto su vida personal como su carrera profesional.
En la escuela se distinguió en matemáticas y en el boxeo, dos disciplinas que requieren rigor, concentración y la capacidad de absorber golpes sin rendirse. Tras completar su educación básica, McGoohan trabajó como granjero, empleado de banco y conductor de camión, una serie de oficios que le daban de comer pero que no satisfacían algo que bullía en su interior. La oportunidad llegó cuando consiguió un trabajo como tramoyista en el Teatro de Sheffield. Allí, cuando uno de los actores cayó enfermo, Patrick lo sustituyó sobre las tablas y ya no volvió a mirar atrás.
El teatro de Sheffield fue también el escenario de su historia de amor más importante. Allí conoció a Joan Drummond, una vivaz actriz a la que, según él mismo contaba, escribía cartas de amor todos los días. Se casaron aprovechando el breve interludio entre un ensayo de La fierecilla domada y la función nocturna, el 19 de mayo de 1951, en una boda tan teatral y apresurada como la propia vida que estaban construyendo. El matrimonio duraría toda la vida, convirtiéndoles en una de las parejas más sólidas y admiradas del mundo del espectáculo, con tres hijas: Catherine, nacida en 1952, Anne en 1959 y Frances en 1960.
La carrera televisiva de McGoohan alcanzó su primera gran cima con la serie Danger Man, en la que interpretaba a un agente secreto independiente y moralmente complejo, un personaje que prefiguraba el tipo de rol con el que el actor se sentía más cómodo: el hombre de principios que se enfrenta a un sistema corrupto. La serie le proporcionó la visibilidad internacional necesaria para dar el salto definitivo a su proyecto más ambicioso y personal.
The Prisoner, que McGoohan creó, escribió y en parte dirigió, es una de las series más originales y filosóficamente densas en la historia de la televisión. Estrenada en 1967, la historia de un ex agente secreto que se despierta en una enigmática aldea de la que no puede escapar y donde su identidad ha sido reducida a un número funcionó simultáneamente como thriller, crítica política, experimento existencial y declaración de principios sobre la libertad individual y la resistencia al control totalitario. La serie dividió a la audiencia de su época pero conquistó un estatus de culto que no ha hecho sino crecer con el tiempo.
Una de las anécdotas más reveladoras de su carácter fue la relacionada con James Bond. McGoohan fue elegido antes que Sean Connery para interpretar al agente 007 en la primera película de la saga, Dr. No, pero rechazó el papel. Las razones que adujo tenían que ver con sus convicciones morales sobre el tipo de comportamiento que el personaje ejemplificaba: las escenas de seducción y violencia gratuita no encajaban con su visión del mundo. La decisión le costó una fortuna y la fama instantánea, pero le permitió mantener una integridad artística que valoraba por encima de cualquier recompensa económica.
Su filmografía cinematográfica incluyó interpretaciones memorables, casi siempre en roles de autoridad inquietante o villanía sofisticada. En Fuga de Alcatraz dio vida al alcaide de la famosa prisión frente a un Clint Eastwood en estado de gracia. Participó en Estación Polar Cebra, El expreso de Chicago y Objetivo: Patton, entre otras producciones. Pero su papel más reconocido en el cine fue el del rey Eduardo I de Inglaterra en Braveheart, la épica película de Mel Gibson de 1995, donde su caracterización del monarca como un villano frío, calculador e implacable es uno de los grandes retratos de antagonista en el cine histórico moderno.
Su relación con la serie Colombo merece un capítulo aparte. Dirigió cinco episodios de la popular serie protagonizada por Peter Falk y fue el actor que más veces interpretó al asesino en ella, en cuatro ocasiones distintas. Dos de esas actuaciones como actor invitado le valieron el premio Emmy, en 1975 y en 1990, reconocimientos que subrayaban su capacidad para brillar incluso en formatos narrativos muy diferentes a sus proyectos más personales. En el año 2000, los Simpsons le rindieron un homenaje implícito en el episodio The Computer Wore Menace Shoes, en el que Homer termina en una isla misteriosa cuyo funcionamiento remite directamente al universo de The Prisoner.
Patrick McGoohan murió el 13 de enero de 2009 en Los Ángeles, California, a los ochenta años de edad, dejando una obra que sigue siendo objeto de debate, análisis y admiración por parte de aficionados al cine y la televisión de todo el mundo. Fue un actor que prefirió la coherencia a la fama, la profundidad a la popularidad, y que demostró que esas elecciones, aunque cuesten caro en el corto plazo, son las que construyen las carreras verdaderamente perdurables.


