Harold Frederick Shipman nació el 14 de enero de 1946 en el barrio de Bestwood, un suburbio situado a unos siete kilómetros al norte del centro de Nottingham, en el corazón de Inglaterra. Era el segundo de los cuatro hijos de Harold Frederick Shipman padre, conductor de camiones, y Vera Brittan, una mujer de clase obrera cuya muerte marcaría de forma profunda y oscura la psicología de su hijo. Sus padres eran metodistas devotos y criaron a sus hijos con los valores de la austeridad y la disciplina. En su juventud, Harold destacó como atleta y jugador de rugby en las ligas juveniles de su zona, llegando a ser vice-capitán del equipo de atletismo de su colegio en el último año de escuela.
La muerte de su madre, Vera, ocurrida el 21 de junio de 1963 cuando él tenía apenas diecisiete años, fue el episodio que los investigadores señalarían décadas más tarde como potencialmente relevante para entender su psicología. Vera murió de cáncer de pulmón, y en sus últimas semanas recibía morfina administrada en casa por un médico para aliviar sus sufrimientos. Esa imagen del médico que llegaba a casa con la morfina y traía un alivio provisional quedaría grabada en la memoria de Shipman de una manera que nadie, entonces, podía imaginar cuán perversamente sería reinterpretada en el futuro.
El 5 de noviembre de 1966 Shipman se casó con Primrose May Oxtoby, con quien tendría cuatro hijos. Estudió medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad de Leeds y se graduó en 1970, comenzando a trabajar en el Pontefract General Infirmary en Yorkshire. En 1974 obtuvo su primer puesto como médico general en el Centro Médico Abraham Ormerod en Todmorden, al oeste de Yorkshire. Sin embargo, apenas un año después, en 1975, fue descubierto falsificando recetas de petidina, un opioide, para consumo propio. Fue multado con seiscientas libras esterlinas y se le obligó a asistir a una clínica de rehabilitación de drogas en York. Aquel episodio, que debería haber levantado alarmas permanentes sobre su ejercicio profesional, fue tratado con una benevolencia que resultaría fatal. En 1977 fue contratado como médico de cabecera en el centro médico de Donneybrook en Hyde, cerca de Mánchester.
Shipman ejerció en Hyde durante años construyendo una reputación de médico atento y comprometido con sus pacientes, especialmente con los de mayor edad. Fue en ese contexto de confianza ganada donde cometió la mayoría de sus crímenes. En 1993 fundó su propia clínica en Market Street en Hyde, convirtiéndose en una figura respetada de la comunidad. Nadie sospechaba que detrás de aquella fachada de profesional dedicado se ocultaba el asesino en serie más prolífico de la historia británica.
En marzo de 1998 la doctora Linda Reynolds, que trabajaba en la clínica Brooke Surgery justo enfrente de la consulta de Shipman, acudió al forense de distrito de South Manchester, John Pollard, preocupada por los índices inusualmente altos de mortalidad entre los pacientes de su vecino. Llamaba la atención en particular el elevado número de incineraciones de expacientes de Shipman, en su mayoría mujeres mayores. La policía investigó pero no encontró en primera instancia pruebas suficientes para actuar, una decisión que las investigaciones posteriores atribuirían en parte a la asignación de oficiales sin experiencia al caso.
El detonante definitivo llegó en junio de 1998 con la muerte de Kathleen Grundy, una anciana de ochenta y un años y ex alcaldesa de Hyde. Shipman firmó el certificado de defunción señalando vejez como causa, pero el testamento de la víctima había sido alterado misteriosamente para dejar su herencia al propio médico. La hija de Grundy alertó a las autoridades, se ordenó la exhumación del cadáver y los análisis toxicológicos revelaron niveles letales de morfina en el organismo. Shipman fue arrestado en septiembre de 1998.
El juicio comenzó en octubre de 1999 y en enero de 2000 fue declarado culpable de quince asesinatos y condenado a doce cadenas perpetuas consecutivas. La investigación pública posterior, conocida como la Investigación Shipman, elevó el número de víctimas altamente probables a 218, siendo la gran mayoría mujeres mayores, aunque en algún caso su víctima más joven tenía apenas cuarenta y un años. Algunas estimaciones situaron el total de muertes que podría haber causado por encima de quinientas. Su modus operandi consistía en inyectar a sus víctimas dosis letales de diamorfina, la forma farmacéutica de la heroína, durante visitas médicas aparentemente rutinarias.
Harold Shipman murió el 13 de enero de 2004, un día antes de cumplir cincuenta y ocho años, ahorcado en su celda en la prisión de Wakefield. Su caso provocó una revisión profunda de la legislación británica sobre medicina y atención médica, incluyendo cambios en los procedimientos de certificación de defunciones, supervisión de médicos y prescripción de opioides. Es considerado el asesino en serie confirmado más prolífico de la historia del Reino Unido y uno de los más letales jamás documentados en todo el mundo.

